domingo, 4 de octubre de 2009

Historia mexicana y.

El imperio de los hermanos mayores es un mundo incierto en que bailan tango dos eternos y equidistantes enemigos: el amor a la sangre y las ganas tremendas de joderse al desvalido. Casos abundan en el mundo de hermanos mayores que han hecho sufrir, de generación en generación, y con ciencia y maestría que resultan sorprendentes, a los que nacieron después de ellos. Si alguien viniera y me contara que existe una logia que da tácticas e imparte asesoría técnica a los hermanos mayores sobre cómo sobrevivir a las dolencias propias de su condición. Imagino que, como en todo grupo similar, hay ritos de iniciación y leyes claras para la permanencia vital en el interior del selecto grupo. Imagino también que se sufre, porque todos hemos vivido hermanos mayores agotadores, pero nadie ha dicho jamás lo castrante que puede resultar en ocasiones ser el hermano mayor.
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Yo no lo digo por el mío. La verdad es que quienes me conocen saben que es mi ídolo, mi fortaleza en muchos malos ratos, mi abrazo y mi consuelo. A veces hemos tenido diferencias, y ha reinado el silencio entre ambos. Pero él sabe que lo apoyo hasta donde mi personalidad me lo permite, hasta donde mis propias ideas me permiten llegar.
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Por eso he tenido el gusto de elaborar una disculpa pública para él. Eso significa, quizá él no lo ha pensado bien, que muchos la leerán y se enterarán que estoy pidiendo disculpas porque la semana antepasada que dejó su pueblo con mar para venir de visita al pueblo con río sepultado, yo no me despedí y partí a ocupaciones amistosas sin decir un "que te vaya bonito". Por supuesto que recibí un mail condenatorio en cuanto llegué a mi casa por la noche, y aunque pedí disculpas en otro mail similar, de poco valieron porque hoy que su voz sonó del otro lado de la línea desconsolada, medio en broma medio en serio, propuse una entrada para pedir la disculpa, y él aceptó gustoso.
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¿Me disculpas?
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Imagino que ser un hermano mayor es cuestión de inteligencia y sentido común, casi supervivencia. Los padres se apoyan en ellos para todo, convirtiéndolos en una suerte de "secretarios de Estado" de la función paternalista. Los hermanos menores los vemos en ratos como represores, en ratos como auxilios inestimables. Ellos se ven a sí mismos como piedras angulares, y luego que todos crecen en casa quieren seguir teniendo santo y seña de cada uno de los miembros de la familia. Los padres se hacen a la idea de que no tenemos remedio, pero los hermanos mayores son una fuerza constante, sempiterna, que vela por intereses externos y, a veces y malamente, se olvida de los propios.
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Pero mi hermano es un punto aparte. Él tomó hace tiempo las riendas de su vida, y sin decir "se las arreglan solos", quitó su pie del estribo y descubrimos que así era mejor, que eso lo fortalecía, lo que nos volvía a nosotros más proclives a vivir, y por tanto a ser felices, mientras el héroe se transformaba en leyenda -imagino que debe estar leyendo esto y preguntándose cuándo voy a escribir una segunda disculpa por tanta elevación-. Hoy falla, cae, se revuelve y se levanta, y todos lo miramos igual de asombrados que si sólo volara. No hace falta que haga magia: sólo hace falta que sea él.
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¿Alguna vez les he dicho que admiro a mi hermano el mayor? Ya sé. Iré fraguando mi nueva disculpa.
. ¡Salud!

3 comentarios:

Benjamin dijo...

Bro, la neta a veces ni tú te entiendes, pero, 'tá bien, te disculpo por dejarme plantado el día de mi partida, especialmente sabiendo lo importante que eres en mi vida. Seguimos, puesn!!

escritores negros dijo...

Hola. Hemos visitado y disfrutado tu página, y nos gustaría intercambiar enlaces y banners entre ésta y la nuestra (Escritores Negros -http://escritoresnegros.blogspot.com-)

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Un saludo y gracias.

Wendy Piede Bello dijo...

¿Alguna vez les he dicho que deseo a tu hermano?




Ya pues, déjame seguir haciendo mi comparación entre la delcaración de amor y la de odio.