miércoles, 7 de octubre de 2009

El amor en los tiempos del dengue.

¿Ya se fijó, señor secretario Petersen Farah, que la panza llena del mosquito del dengue es como un corazón que late?
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No es fácil amar hoy día. Ya desde tiempos antiguos, amar era un arte. Por eso Ovidio escribió El arte de amar, un primer tratado latino sobre qué sí y qué no procurar al momento de la seducción, al que luego seguirían maravillosos compendios como El libro del buen amor, del hispano Arcipreste de Hita, y Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, del estadounidense John Gray, que vino a significar la entrada formal en la era del best-seller del manual del ingenio amoroso. Por supuesto que comparar a Ovidio con Gray o el Arcipreste es un acto de absoluta irracionalidad, no porque uno sea malo y los otros buenos, sino porque las intenciones de sus escritos y la visión de sus literaturas los separan diametralmente, constituyendo versiones polarizadas sobre qué es el amor y cuáles son sus consecuencias.
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De todas formas, si necesitamos libros que nos digan cómo y por qué nos enamoramos, y qué se debe hacer para fomentar en otros la pasión y la entrega, estamos ante un camino bicéfalo que obliga a pensar: por un lado, es evidente que no nacemos sabiéndolo todo sobre el amor; por el otro, los consejos que pedimos a los libros provienen de alguien que ha descubierto acercamientos al "buen amor" -inserte aquí su propia definición de "amor bonito" o "bueno amor". Para mí, incluye piel china, rehiletes estomacales y muchos deseos manifestados de comerse al otro (es un decir... casi)-, pero que no por ello es menos humanos. Alguien común, como tú y como yo, que lo único bueno que le ha dado la vida es experiencia (o algo cercano a ella, como la capacidad de observación).
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Estos son malos tiempos para el amor. En Amelie (2002), lo deja más que claro la fabulosa frase de la vendedora de la sex shop: "Son tiempos difíciles para los soñadores". El amor, y más la inconsistencia onírica que le da forma en sus primeras apariciones, ha sufrido el recio embate de la mar de la mercadotecnia, que ha fabricado para él toda una serie de artefactos dolorosamente impúdicos que lo convierte en mercancía, que lo condicionan al status de producto prefabricado (corazones de a cuartito en nuevo envase de medio litro. Más por su dinero).
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En tiempos como estos, amar es cosa del marketing, y de saber comprar. Bueno, sí y no: existen quienes todavía se resisten a esta nauseabunda noción neocolonialista del amor, y todavía viven sus días de enamorados como Dios manda (sí, aquí sí manda Dios, me consta). Ovidio se sentiría orgulloso de ellos, pero desilusionado de ver que son los menos. La mayoría cree que San Valentín es una rosa de diez pesos obligatoria, o una caja de Kisses de Hersheys de sesenta (un saludo a la mayor de mis hermanas, líder financiera de la transnacional chocolatera, que a estas alturas seguro estará sufriendo un patatús). Y entonces el rol entero del proceso amoroso se reacomoda: el hombre que no compra detalles es tacaño, codo, mal prospecto; la mujer que no se arregla para aceptar regalos es fodonga, sosa, mal prospecta -?- Ella vive esperando un hombre detallista; él vive deseando una mujer deseosa de amar y coquetona.
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Van a decir que no invente, que siempre ha sido así. Sí, pero lo que una mujer define hoy por "detalle" y lo que un hombre define hoy por "coqueta", son los conceptos y las ideas que marcan el cambio.
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A todo esto se suma el terrible problema del dengue. Van a decir que ya mezclé moros con cristianos, en un batidillo de pacotilla. Pero tengo algo de razón. La ciudad entera está enfermando por el virus transmitido por el Aedes Egyptus, un mosco zumbón de malas mañas que lo pone a uno a sudar. El problema es que se reproduce en el agua estancada, donde la hembra deja los huevecillos de los cuales nacen. Eso incluye ambientes húmedos, como los parques y jardines, donde el mosco pica recontento. Mi pareja y yo amamos noviar al pie de los árboles, como ya se habrán enterado por este blog chismoso. Noviar así en los tiempos del dengue es una mala alternativa, un asalto a la razón, un atentado a la salud.
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En Jalisco, el número de casos de contagiados supera las mil personitas. La mayoría se concentra en la Zona Metropolitana de Guadalajara, curiosamente en la ciudad capital. Zapopan y Tonalá le siguen, cercanos ambos a las tres centenas de casos. Tlajomulco está al final de la lista, con menos de cien contagios presentados. ¿El dengue seguirá poblaciones en que la gente ama más en los parques? Por donde paso veo botes volteados y tinacos tapados. Si descubren que el 60% o más de los casos de contagios fueron parejas que estaban en parques, pues que echen insecticida, porque los que amamos en los parques no vamos a abandonar los árboles como refugio amatorio. Prefiero un contagio de dengue que un beso menos de mi abedul.
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¡Salud!

3 comentarios:

Gala dijo...

me gustó este post, de hecho el otro día un amigo me habló diciendo que ya no aguanta a su novia, que la quiere tronar pero que no puede porque tiene dengue y sería fatal para ella perder amor y salud de un sólo golpe!!!
muy fuerte!!! jajajajaaj

Un beso y mucha luz!

Wendy Piede Bello dijo...

¿De verdad crees que son un poco más de mil personitas?
Nada más piensa en las personas a tu alrededor y trata de sacar un promedio con realción a la densidad de población -¿?-, o piensa en la gente que me rodea y consider si ha sido casualidad; las personas más lejanas a mi y las primeras que me enteré que padecían son Tere -amiga de Aidée-, su mamá y su hermano; después mi primo Esteban, luego vino El Meromerosaborranchero -aunque su caso está en duda-; después Luz, la maestra, mi tío pelón y mi tía Airín. Haz cuentas porque yo no pienso hacerlo, jajajaja.
Bueno, pero el amor, el amor es lago indescriptible, pero para mí es lo más alejado a una fecha marcada con un corazón en el calendario.

Chindy dijo...

Hellou (leáse "jelou")

Soy la chica de géneros periodísticos de opinión... sí, la chismosa de "qué estás haciendo/o escribiendo, no recuerdo el verbo"

Por fin un tiempo para "leerte"

Vaya que tu punto de vista sobre el amor no es nada nuevo entre aquellos que (me incluyo) lo vemos desde una perspectiva más... fría y calculada, aunque ni tan fría como para congelarnos, ni tan calculada como para no derramar por lo menos una vez una "lágrima de amor". Pero la manera en que plasmas tu punto de vista y le comparas para con el dengue para poder después introducirte al "marketing love" y, finalmente, volver al tema del -dengue vs amor o dengue/amor-, me pareció muy buena, en serio, disfruté mucho de la lectura; cuando tenga otro "tiempito" leeré las entradas anteriores.

Saludos, chico y ay cuidado con esos piquetes de pasión hehe. Adios