viernes, 23 de octubre de 2009

Al son que les toquen.

Para El Vic, que hubiera amado ese espectáculo. Le regalo mis ojos.
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Primero el silencio. El sol entrando a raudales por la arquería del patio central del Palacio Municipal de Guadalajara. Las palomas recorriendo el perímetro de la azotea, paseándose entre gárgolas, barandales y farolas. Los regidores en sus oficinas. El presidente municipal interino también, entre documentos, oficios, llamadas telefónicas y arreglos de último minuto para la sesión de cabildo, programada a las 10 horas de este jueves 22 de octubre. Nada particular, nada fuera de regla, a excepción de una docena de músicos de mariachi que invaden un pasillo de la segunda planta del edificio. Pantalones ajustados, negros, con hilos plateados y dorados circundando la figura humana. Moños al cuello. Instrumentos en mano. No tocan, sin embargo. Sus cuerdas se suman al silencio, a la normalidad del día cualquiera.
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Pero basta un segundo, sólo un instante, para que la quietud se rompa, para que el silencio, la “normalidad” atmosférica de ese día cualquiera, para una sesión del ayuntamiento cualquiera, estalle en el compás articulado, sistemático, dador de música, de seiscientos instrumentos de mariachi ejecutándose al unísono, sin tregua, sin piedad, sin límites ni condiciones.
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El ayuntamiento se inunda entonces del sonido más típico de la música mexicana. Por las escaleras suben violines, guitarras, bandolones y hasta trompetas. A raudales, como el sol que los alumbra, se van posicionando de los espacios, los van llenando con su son. Inician con el Huapango de Moncayo, y los aplausos de trabajadores del ayuntamiento y asistentes curiosos al sonido de los seiscientos instrumentos, obligan a los artistas del ritmo mexicano por excelencia a repetir la pieza. Luego siguen el Son de la Negra, Guadalajara, y luego de nuevo el Son de la Negra. El resto de las canciones suenan cuando se desarrolla la rueda de prensa convocada por el presidente municipal interino Juan Pablo de la Torre Salcedo, y es imposible escucharlas. Llega el ritmo, la cadencia de la nota, la sensación de la melodía, pero nada más.
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Los mariachis tocan por espacio de una hora. Antes, de la Torre Salcedo se queda “atrapado” en las escaleras del palacio junto a la regidora Myriam Vachéz Plagnol. Es imposible subir o bajar. El flujo constante de músicos hacia la parte alta del edificio imposibilita incluso a los guaruras del cabildo abrir paso al alcalde. Él ríe, asiente con un gesto que denota amabilidad, cierta simpatía incluso, cada vez que alguno de los músicos, mientras suben poco a poco sin dejar de tocar, lo saluda con una sonrisa, con un movimiento especial del violín. La regidora se adivina más bien molesta, casi nerviosa. Cuando el flujo de músicos disminuye, quedando lleno todo espacio libre del ayuntamiento, los custodios abren campo y a cuenta gotas consiguen que los regidores ingresen a la sala de cabildos y luego al salón posterior, dónde se reúnen en privado con representantes de los músicos convocados.
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En los pasillos, más representantes hablan. Gustavo Ruiz Velázquez es el nombre que inunda la mañana, al que los mariachis dirigen no la tradicionalmente triunfal “Diana”, sino el sonido de la también tradicional, pero oprobiosa, “mentada”. Es, dice Patricia Camarena Núñez, el hombre que recibió por parte del ayuntamiento tapatío la concesión para la remodelación de la Plaza de los Mariachis, hace once meses. Al entregar la obra, poseería para su uso comercial particular poco más de trescientos metros del área total de la Plaza. Era el acuerdo, por treinta años. Pero Ruiz Velázquez ha incumplido, y rodeándola de barandal se ha adueñado de ella, impidiendo a los mariachis tocar, a los restauranteros tener terraza, y a los turistas y visitantes escuchar.
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“No sabemos qué pasa. No tenemos idea por qué el ayuntamiento lo está permitiendo. Es lo que queremos que averigüen”, declara a unos y otros Camarena Núñez.
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A unos pasos de ella, un policía municipal toma nota de los hechos a un grupo de mariachis. “Los policías (municipales) nos dan la orden de retirarnos cuando nos acercamos a tocar a la plaza, y cuando pedimos explicaciones nos dicen nada más que son órdenes de superiores”, declara, sin dejar de mirar de reojo a uno de los uniformados, Guadalupe Aguilar, mariachi afiliado a la CTM, quien ha visto minar su patrimonio especialmente de tres meses a la fecha, al negársele su tradicional lugar de trabajo.
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En la rueda de prensa convocada para explicar los hechos, el alcalde interino asegura haber recibido el pliego e iniciar su revisión para tener respuesta antes del próximo miércoles. Se revisará también el contrato de concesión del espacio, y el cumplimiento, indebido o no, que ha hecho de éste el musicalmente “mentado” Gustavo Ruiz.
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“Por supuesto que no se puede cobrar por utilizar un espacio público. Vamos a ser puntuales en eso, pero tampoco vamos a permitir que si los afectados poseen la razón, se consuman bebidas alcohólicas en el espacio de la plaza después”, señala. Detrás de él, Patricia Camarena escucha y sonríe. “El lugar es para que todos los tapatíos puedan disfrutar de esta música, y eso es lo que debemos procurar”, finaliza el presidente municipal interino.
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La música no para. La sesión de cabildo inicia tarde, y los temas que se tratan no convocan tantos aplausos o voces como las que han traído los seiscientos mariachis. “Veinte años trabajando aquí y nunca había visto algo por el estilo”, declara un servidor público a otro. Así puede ser la acción aparentemente irregular de algunos: provocar molestias, pero también el agradable son de un mariachi bien entonado.
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¡Salud!

1 comentario:

Victor H. Vizcaino dijo...

Que tal!!!!!, al escuchar semejante música apoco no te nace una sonrisa de oreja a oreja que si usaras aretes se te oxidarían con la saliva????, jajaja.

Al leer tu entrada solo de imaginármelo se me enchina la piel, pero para serte sincero, valoro mucho mas esa música cuando tiene un significado muy simbólico para mi, o para los que amo, logra proyectarme y así puedo jugar ajedrez con mi persona, es decir fluyo, tu dedicatoria fue cierta, gracias por los ojos, saludos.