sábado, 12 de septiembre de 2009

Los orígenes del mal.

Muchas cosas han pasado desde el 11 de septiembre de 1973. Para Chile, que ahora tiene como presidente a una mujer víctima de la dictadura de Augusto Pinochet y de la represión ideológica, moral, legal incluso, que el país sudamericano vivió durante casi veinte largos años. Para el mundo, que ya sólo escucha hablar de Guerra Fría en los libros de historia y las historietas de Mafalda -que son más fieles a la historia que los libros mismos, en ocasiones-. Para México, que conquistó la democracia y luego la vio caer en manos de los mismos ladrones tricolores, pero disfrazados de albeoazul. Para América, que espantó al "fantasma" del socialismo reaccionario y le dio cabida a la política avasalladora del consumismo estadounidense, nada fantasmagórica.
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Lo cierto es que conmemorar el 11 de septiembre sólo por lo que pasó 28 años después, en 2001, es restarle fortaleza a los hechos, empalmar sucesos para que la historia cargue la balanza hacia nuevos culpables, nuevos victimarios y nuevos espectadores.
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El asalto al Palacio de la Moneda, en Santiago, no fue un error histórico. Si bien la política estadounidense, como la chilena, y la del mundo entero, han cambiado en los últimos treinta años, nadie puede fiarse, tras el gobierno de Bush y su política hacia Irak, de que ahora las cosas son distintas por completo, y las relaciones internacionales también, no permitiendo la intrusión en las políticas de otros países.
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La historia mundial, por lo actual quizá, ha colocado el ataque a las Torres Gemelas del World Trace Center de Nueva York en un nivel de relevancia histórica mucho mayor al ataque al poder Chileno encabezado por el socialista Salvador Allende. Varias cosas son ciertas en lo que se refiere a dicha preferencia en el momento de dar categoría a los sucesos: la forma en que el 11/09 cambió la visión que el mundo tenía de Estados Unidos e inició, en picada y sin demora, la decadencia de su economía; la manera en que relaciones internacionales, diplomáticas, el turismo incluso, viraron sus goznes hacia la política del miedo y la incertidumbre, el "sospechosismo" y la idea constante de la guerra -parecido al mundo del 1984 de Orwell-. Nada de eso sucedió en 1973, y tras el ascenso de Pinochet, Estados Unidos volvió a la calma, y el mundo, al menos en apariencia, también.
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Lo lamentable es que Estados Unidos no ha dejado de ver al mundo entero como una posibilidad, ni de descalificar todo intento externo de llevar la contra. No nos engañemos: a Chávez lo han dejado correr porque ladra más de lo que muerde, y el resto de los presidentes americanos de tendencia izquierdista son, contrario al líder venezolano, diplomáticos, lo suficiente como para entablar el diálogo abierto y aceptar las propuestas de los organismos económicos de presión -FMI, BM-, mientras, puertas adentro, elaboran un discurso distinto, en una política propia de los americanos.
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Entonces, el 11 de septiembre de 1973 sigue vivo, y es todavía posible. Barack Obama trajo al poder estadounidense frescura, cambios en políticas, pero no ausencia de lo norteamericano. La postura, en el fondo, sigue siendo la misma: caminemos juntos, mientras a nadie se le ocurra mirar hacia otro lado.
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Tampoco se trata de darle terreno a la desconfianza. Si el pueblo chileno perdonó la violenta destitución de Allende, el resto del mundo no tiene muchas cartas qué poner sobre la mesa la respecto. Pero del perdón al olvido hay un paso gigantesco, infranqueable en muchos casos. Yo propongo el perdón, pero no el olvido. Olvidar la intromisión de Estados Unidos en aquella ocasión y el resto de la segunda mitad del siglo XX, sería olvidar no sólo nuestra historia, nuestro miedo y nuestro fracaso, sino también nuestro dolor y nuestra verdad. "Ojalá", cantaba Silvio Rodríguez desde la Cuba bloqueada, muerta de hambre. Ojalá, se canta desde México, quizá en las mismas condiciones.
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¡Salud!

1 comentario:

Vizcaino dijo...

Ashhh, mis respetos, que puntos tan atinados tienes, puedo titularte como titule a Álvaro, mi profesor de derecho internacional y maestro de maestros, guía, genio y figura de tu servidor, lo llamo, “el orgasmo cognoscitivo andante”.

Mientras unos hacemos negocio y evadimos impuestos, otros como tu comprenderás, leen y leen, haber si me vas dando una técnica de lectura.

Saludos.