domingo, 13 de septiembre de 2009

Gracias por el fuego.

Yo no soy afecto a las cosas nuevas. Los cambios, lo he repetido hasta el cansancio en este Baile, me vienen peor que diarrea en tiempos de sequía. Como diría la célebre y prototípica madre, doña Naborita: "No me gustan, no me gustan, no me gustan". Por eso, cuando llego a conocer a alguien nuevo, entro en un conflicto tan tremendo como patético, en que se enfrentan a muerte mi resistencia a las novedades y mi afán de conocimiento; mi curiosidad nata y mi contrariedad ante lo desconocido.
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Cuando El Puga me invitó en la semana a echar la platicada en un café, debo admitir que mi primer reacción fue de total resistencia. No lo conocí por internet, pero sí levantamos la relación a través del chat, el Facebook -estrategia demoníaca que consume tiempo, neuronas y contacto verídico- y el Baile. Quizá por el hecho de que se convirtió en un lector asiduo de este rincón de sabiduría concupiscente y malversación lingüística, fue por lo que acepté la invitación y me lancé a un maravilloso lugar en Providencia para degustar una ensaladilla -el diminutivo es un intento por restarle calorías a un platillo que en realidad es gigante y buenísimo- y una pizzita -ídem-.
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Debo admitir una vez más que mis ideas precautoras podrían haber traicionado a una excelente cita. El Puga y yo platicamos no sólo del Baile, que, dice él, está lleno de cosas grandiosas y vivificantes -yo todavía pienso que se equivocó, y que él lo que quería era salir con Pérez Hilton, o Aguinaga, o los otros seres interesantes que sí tienen blogs para recomendar-, sino también del pasado, el futuro, los amores, las soledades y las depresiones. Nos platicamos las alegrías y se nos fueron las horas poniendo puntos sobre las íes -y las w, y las efes, y todas las letras del abecedario-. Hablamos de puntos en común, y cuando discrepamos resultó ampliamente interesante escuchar otro punto de vista, otra visión de la realidad. Otro país, diría "Geografía", la tristemente desconocida canción de La Oreja de Van Gogh -vienen en noviembre: preparen su cuota-.
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Cuando menos pensé, estaba yo llegando a mi casa como a eso de las 12. Doña Mago, que ya me transmitió la gripa, me vio llegar con su rostro abotagado de Tutan-Kamon recién levantado, y ni "buenas noches" dijo. Sobre mi escritorio, casi lo olvidaba, me esperaba una acuarela que El Puga en persona hizo favor de pintarme, inspirado, dice él, por nuestras pláticas cibernéticas y por loq ue la lectura diaria de El Baile de la Coma le ha dejado. Yo, no podría sentirme más orgulloso, no de mí, sino de este Baile, que ahora hasta pinturas inspira. También me aguardaba un cuarzo verde que, dice, encontró por ahí, en el afán netamente humanístico que parece caracterizarle de buscar siempre la otra cara, la otra piedra, lo excelso en lo ignorado.
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Quizá eso sea también lo que lo llevó hasta El Baile de la Coma y lo convirtió en un lector "vicioso", dice él. Quizá fuera su afán por descubrir perlas dónde nada más hay almejas, lo que lo tiene imprimiendo entradas -ya sumamos 381, así que en breve, un mes o dos, estaremos festejando las 400-, a leerlas entre clases, a compartirlas con amigos y hasta regalarlas, a modo de pensamientos de Joyerías Aplijsa -algo malo habría de tener el muchachón-. Por sí o por no, yo escucho y agradezco, con la sensación inestimable de que sí, yo soy el que hago todo el trabajo, el que escribe, el que relee, el que se abre al mundo y plantea su vida, su expectativa, su análisis y su política, para que el mundo entero, caníbal, se aproveche y usurpe mi identidad, pero para que otros más completen el circo leyendo tanta vomitada y encontrando en ella, como desecho de abrevadero, lo poco o mucho que pueda servirles. Ya lo saben: un consejo es un intento desesperado por sacar un mal de la memoria, arreglarlo un poco y hacerlo servir de algo, para alguien más, porque la basura de algunos puede siempre ser el tesoro de otros.
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¡Salud!

2 comentarios:

Vizcaino dijo...

Pues solo recuerdo que los derechos de antigüedad para hacer de este baile una biografía tuya ya sea en vida o muerte son míos, y tendrán éxito por k tendrás éxito, y el patrocinio que irá por mi cuenta tendrá éxito porque yo tendré éxito, y me éxito ira mas allá de la legislación nacional, solo no irá mas allá de tu traicionera voluntad.

Por cierto, yo nunca he visto sus cometarios ( será una cortina de humo para que este baile aumente los gastos), jajajaja.

Saludos.

Vizcaino dijo...

Al corriente.