jueves, 17 de septiembre de 2009

Envejecer con gracia.

Envejecer con gracia implica necesariamente sentirse cada vez más joven.
.
Algo tiene la vida que nos enamora. Por eso se ama la juventud: nunca, como en la etapa en que tiene uno la dentadura completa, los huesos firmes, las articulaciones sanas y los músculos en su lugar, dicen, se vive mejor. El cuerpo humano, este organismo perfecto destinado irremediablemente a envejecer, está tan dispuesto a la vida que, aún cuando las fuerzas se le van y los sistemas se le debilitan, busca incesantemente permanecer despierto, alzado, fuerte y vigoroso. Prueba de ello es, quizá, que nuestro cerebro se vuelve viejo con el resto del cuerpo, pero nuestra sabiduría permanece.
.
El extraño caso de Benjamin Button es una obra de arte. Hacía un buen número de pasos por el cine que yo no sentía la necesidad de decir eso al terminar de ver un filme. Pero Benjamin Button se ganó eso, y con creces: es una historia perfecta, bien llevada, magistralmente dirigida por David Fincher, el mismo genio de Se7en -ya tratada en este Baile- y Zodiaco, una película mal vendida como de suspenso, profundamente humana. Y no sólo eso: El extraño caso de Benjamin Button es también invariablemente humana a pesar de la ficción que significa su argumento entero: un hombre con un defecto de nacimiento que lo hace un viejo al nacer que rejuvenece conforme pasan los años.
.
A Benjamin Button la hace humana su inteligente interpretación del envejecimiento y lo que conlleva, la pérdida de la juventud, el criterio de vida, la noción de la muerte, el sentido de pertenencia, la idea de familia -aquélla que La Wendy me regaló algún día, y que no dejo de agradecer: familia es la que uno decide que lo es, no necesariamente con la que uno nace-, la cuestión de las decisiones que tomamos y lo que dejamos ir. Es una película humana porque muestra lo más profundo de lo que somos, como especie, como entes sociales, pensantes, racionales, y que lleva también, humano por ende, lo más oscuro, lo más bochornoso, lo que nos hace buscar escondites y rehuir la realidad.
.
Siendo profundamente humana, es eminentemente artística: sus valores son los que motivan y reflejan las pasiones más recónditas, las más evidentes también. Es un filme sobre el amor, la querencia, la amistad, el rencor, la incertidumbre, el miedo, la nostalgia, la felicidad, la fidelidad -a uno mismo, por ejemplo, que es más difícil de tolerar que la fidelidad a otros-, la soledad, el desamparo, el dolor y la sorpresa. Es una película cercana a la vida real en más de un aspecto, pero lejanísima en otros, tanto que termina por acercarse de nuevo. Es una obra artística que más que una pieza maestra, como el mecanismo de un reloj -intertexto a la película, vayan a verla para que entiendan-, es un abrazo cálido, sentido, útil.
.
Yo tuve hoy un día fabuloso. No sólo porque todas y cada una de las cosas que hice salieron a la perfección -tras breves episodios de estrés, claro, como es normal en lo que se llama vida-, sino porque tuve dos extras estupendos que me abrieron los ojos, me alzaron el ánimo, me hicieron sentir terminantemente orgulloso de mí. Eso es un tesoro en un mundo que se afana porque nos desliguemos de lo que nos gusta de nosotros mismos y lo lancemos al mar, etiquetándolo como "egoísmo". No es egoísta estar orgulloso de lo que eres. Eso me lo ha enseñado doña Mago, que a sus sesenta se llena de canas, y no piensa pintarse una sola. Doña Mago quien, mientras se mira al espejo cada mañana, acaricia sus arrugas y la piel caída de sus brazos y sonríe. Y aún hay más: cuando la descubro en el acto, voltea en el espejo y me lo deja muy claro: "Envejecer, hijo, implica aceptar que has vivido. Y no hay un tesoro más grande que el que te recuerda que has tenido vida".
.
Pero doña Mago, yo y todos los que ayudan con los gastos, sabemos a la perfección que la humanidad entera no piensa lo mismo. Pero bendita sea la hora en que nuestro cuerpo y nuestra mente han optado por amar la vida y resistirse a envejecer. Nociones de tal calaña han dado resultados tan fantásticos como El retrato de Dorian Grey -cuyo autor, Óscar Wilde, buscaba sólo amantes jóvenes, aterrado por la idea de que él sería algún día un viejo decrépito-, las cremas antiarrugas -que no son una obra de arte, pero sí han consolidado toda una industria- y filmes como El extraño caso de Benjamin Button. Ya está en la lista de las favoritas de El Baile de la Coma. Eso debe significar algo. Vayan. Envejecerán mientras la ven, pero también habrán vivido una grata experiencia.
.
¡Salud!
.
PD: Ya, en serio, ¡qué buen día fue éste!

No hay comentarios: