domingo, 23 de agosto de 2009

Siete

A estas alturas, ustedes ya se habrán echado tres entradas como ésta. Volver a clases tras un periodo vacacional es un evento tan traumático que una entrada es lo mínimo que puede dedicársele. Yo no manejo una cifra exacta, y mis informantes están tan perdidos en la fiesta y el jet lag, que es imposible pedirles constancia alguna, pero casi estoy seguro que hay un porcentaje de población en los manicomios del mundo consistente en estudiantes que descubrieron un domingo cualquiera que al día siguiente tenían que volver a las aulas.
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El punto es que mañana ésta su pluma regresa a clases, y cursará, si todo sale conforme al plan, seis materias de un séptimo semestre que se avecina, como nube de tormenta redondita y jugosona, pesado, duro y tupido. Tanto que he considerado seriamente la idea de consumir uno de esos multivitamínimos que aparecen en la tele y causan disociación de la personalidad. Si pudiera dividirme en tres Agus, mandaría uno al trabajo, otro a la escuela, y uno más al súper.
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La observación que hace un par de segundos acaba de hacerme La Casicasi, no ayuda en mucho a contener mis ganas de quedarme en casa: "Vas al grado que nunca alcanzaste después de la primaria". Es cierto, totalmente cierto. Superar el sexto grado era lo más productivo que hasta ahora me había pasado. Séptimo no era un criterio que apareciera en mi currícula, y todavía me siento extraño de decir: "Voy a séptimo, de diez".
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Por eso, y porque ya no sé qué hacer con tanto consejo que traigo guardado, enlistaré a continuación las tres cosas que uno no debe olvidar cuando inicia un semestre escolar. Son sólo tres porque cuatro serían muchas, y dos muy pocas. Osea, son tres porque tres es el número exacto, por lo que si yo pasara a tercer semestre, esta entrada no existiría y no me andaría con tantos complejos.
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Duerme. Los científicos han comprobado que en gran medida el éxito escolar está relacionado con las horas de sueño que dormimos. Es una mentira que el chico que casa 90 y vive en el antro, no pueda sacar un 100 si duerme mejor. Es también falso que el sueño no adelgaza y aumenta la concentración: cuando dormimos, las células de nuestro cuerpo se renuevan, y el organismo se limpia, de modo que al despertar poseemos un metabolismo más capaz y un cerebro más dinámico. Si tu 80 te enorgullece, imagínate un 90 que tendrás tras 7 u 8 horas diarias de profundos ronquidos.
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Respira. Concentración e inteligencia son sólo conjuntos de procesos, que no se logran si no existe oxigenación regular en las células. Estudiar para un examen requiere tiempo, sí, pero también aire. Es mentira que encerrarte a leer y practicar te sacará adelante. Res-pi-ra. Respirar es bueno para tus pulmones, tu corazón y tu cerebro. Procura hacerlo metódicamente. Si fumas, intenta hacerlo sin meter humo en tus pulmones. Si no fumas, acerca tus dedos índice y cordial a tu boca como si llevaras entre ellos un cigarrillo, aspira, retén, piensa, medita, expira.
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Estírate. Los grandes estudiosos poseen piernas atolondradas, porque leer no es un ejercicio que facilite el correr de la sangre a través de tus venas. Entre hoja y hoja, abandona el estudio y sale a caminar un poco. Ve a los juegos del parque e intenta cruzar el pasamanos. Cuando regreses a chutarte las últimas 100 hojas de Guerra y Paz, o Principiae Matematicae, estarás tan relajado que Tolstoi o Newton van a ser tus cuates, y leerlos será como charlar con un amigo.
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Un consejo más, de pilón: no busques un número, sino un aprendizaje. Sé que es inútil, porque al final tu promedio será una cifra y no un comentario, pero intenta procurar algo más allá de la calificación, algo para ti. El sistema educativo nos ha vendido la falsa idea de que vamos a la escuela para figurar en un cuadro de honor o para obtener una calificación. Incluso ha construido todo el proceso del estudio en torno a los parámetros numéricos. Tu meta, más allá dle número, debe estar posicionada en el aprendizaje. Aprende, y luego duerme, respira, estírate. Buen semestre.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Ni madres, consideraré a Tolstoi y a Newton mis cuates hasta que pistié con ellos.
Terrible semana para mí, muchos salieron raspados porque preferí ignorarlos que hacerles una groserái, ingenua de mí.
Ingenua de mí, te reto a analizar esa frase.
Dormir fue algo que esta semana no pude, súmalo a la enorme cantidad de información que tuve que procesar esta semana y tiene como resultado a un Hulk en cuerpo de Erandi, pero sin la fuerza, ni el color, sólo el mal humor.