miércoles, 5 de agosto de 2009

Irrumpir.

La "Tuta" no apareció. Lo andaban buscando más de 200 efectivos, y ni rastro de él en la iglesita del Perpetuo Socorro en Apatzingán, Michoacán, dónde se tenía noticia que Servando Gómez Martínez, alias "La Tuta", supuesto líder del grupo delictivo "La Familia de Michoacán", fungiría como padrino de 15 años de la hija de Miguel Ángel Beraza, alias "La Troca" -si en eso de los alias, se la rifan solitos-. El comando armado entró, amagó a los presentes, detuvo a una treintena de "feligreses", y mandó al hospital al pobre sacerdote octagenario que oficiaba, un delicado cardiópata isquémico.
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Hasta ahí, la cosa es sorprendente. En un hecho sin precedentes, la línea del tabú que separa a la Iglesia del Estado Mexicano es rota con lujo de violencia y faramalla policíaca. Una iglesia, territorio episcopal, sacro -para algunos cuantos-, pero también federal, es "invadida" por miembros armados de la Secretaría de Seguridad Pública, auspiciados por la información otorgada a la dependencia por la DEA, lo que tiene a los católicos y patriotas trinando de indignación.
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El resto ya se lo saben: la Iglesia condena las acciones emprendidas por los elementos de seguridad, y la SSP se ve obligada, con todo y que se siente orgullosa por haber logrado la detención de "La Troca" y algunos de sus secuaces, a pedir una disculpa, con una de sus ya célebres frasesitas: "Usted dispense". Para colmo, ya recibida la solicitud de perdón, la Iglesia se pone muy digna -al decir "la Iglesia" me refiero a la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que tomó la voz para declararse indignadísima-, y atina a aclarar que ellos están totalmente a favor de la "paz y la justicia", y que lo que critica no son los porqués sino los cómos.
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Bonito cuento. Ahora resulta que la SSP tiene que explicar por qué demonios no se esperó a que la misa, el acto religioso más importante del catolicismo, se acabara, para detener a una treintena de hombres armados. ¡Sí, hombres armados, en un recinto religioso, y además portando pastillas para la elaboración de sustancias sicotrópicas! -imagínense la fiestesota que le iban a dar a Leslie, la quinceañera, niña con síndrome de Down, un punto a la información que, aunque algo inútil, los medios nacionales han reproducido hasta el cansancio, apelando por contraste a la inocencia, la pureza, pero también al trastorno y la incertidumbre de la pérdida del padre-.
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Ahora resulta que la SSP tiene que rendir cuentas de un acto realizado conforme a derecho, con una orden de cateo y con el absoluto conocimiento de que esperar a que terminara un oficio religioso no acarrearía otro resultado que la probable fuga de los narcos y la aparición en escena de balas y pistolas, cosa que no hubo en el operativo real, realizado sin la necesidad de disparar una sola arma de fuego, sin heridos -más que el padre, cuyo susto le acarreó hospitalización sin mayores consecuencias-, sin derechos humanos violentados.
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Ahora resulta que la SSP tiene que avisar que detendrá, dar tiempo, esperar. ¿De cuándo acá en una "guerra", como la que la administración calderonista ha pretendido vender a la población, se puede "esperar" a que termine una misa para realizar una detención? ¿De cuándo acá debe la SSP "respetar" un espacio sólo porque es religioso? Las declaraciones de la CEM lo dejan más que claro: el problema no es que se haya realizado una detención, sino que se realizó violentando las sacrosantas puertas de la institución? "No estamos contra la justicia y la legalidad", aclara luego, cuando es obvio que tampoco están a favor de catear a los feligreses, aumentar las medidas de seguridad, ¡evitar contacto y relación con narcotraficantes!
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O los obispos mexicanos viven con miedo, o los tienen bien comprados. ¿No sabía la diócesis de Apatzingán que los padres de esa quinceañera son narcotraficantes? ¿No lo sabía el sacerdote oficiante? ¿No se lo dijeron los camionetones, los guaruras empistolados, la faramalla mesiánica de asistentes al "banquete del Señor"? Habría que ser tonto para no saberlo... o ciego... o bien pagado.
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¿Cuándo la Iglesia dejará el papel de víctima y asumirá con todo lo que ello implica su responsabilidad como portadora de un mensaje efectivo de verdad, amor y paz? ¿Cuándo abandonará el escenario para abrazar al necesitado? ¿Cuándo abogará por el marginado, y siendo ética, cacheteará al poderoso?
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La SSP no le debe explicación a nadie. Actuó legalmente, y parézcale a quien le parezca, las razones que da son más que aceptables: si esperábamos un segundo más, a que por lo menos acabara la comunión, hubieramos tenido capturas perdidas, balas incrustadas, mucha sangre y mucho estrés. Entonces la Iglesia se hubiera quejado el doble, argumentando que convirtieron la explanada de la Casa del Señor en un campo de guerra. Obispos, despierten: ¡México es un campo de guerra! ¿Esperarían ustedes el final de la comida si se enteraran que junto a su silla hay un secuestrador, un ladrón, un pederasta, para dejar entrar a la autoridad y realizar la captura? Bueno, después de todo, cuando invitan a políticos y líderes sindicales, a veces sientan junto a ustedes a secuestradores, ladrones y pederastas. Amén.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Hasta parece de película, como que recuerda a El crimen del padre Amaro. Y sí, la Iglesia es definitivamente parte del sistema corrompido, por lo tanto, parte del problema, que ni se quejen, ya que.
A unos los agarran en misa, a otros saliendo de una película de mafiosos, como a John Dillinger, ¿ya viste Enemigos públicos?