domingo, 16 de agosto de 2009

Hijos del maíz.

Tesistán es un pueblo sin chiste. Si conoce usted cualquiera de los pueblos que tapizan la república mexicana, plaza, iglesia, edificio municipal y tienda, a excepción de los de Michoacán, que además de lo mencionado tienen árboles, usted conoce Tesistán. Lo que quiero decir es que ni su plaza, ni su iglesia, ni su edificio municipal ni su tienda aportan a la ciencia, la arqueología o el turismo, algo más que nada. No hay nada qué estudiar en Tesistán. Su pan es malo, su gente osca y sus precios caros. Además no hay nadie. Diez de los doce meses del año, su población no sobrepasa los mil habitantes. Cuando en noviembre llegan todos los paisanos que estaban haciendo su agosto, Tesistán a duras penas cuenta 3 mil pringaos'.
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El 90% de su economía gira en torno a las divisas. El otro 10%, lo llevan al pueblo los agricultores locales, que principalmente siembran maíz. Por eso es raro que Tesistán deje de ser un pueblo sin chiste por sólo cuatro días al año, cuando celebra lo que ha dado en llamar La Feria del Elote. Entonces el pequeño pueblo de calles de tierra y casas irregulares, que no vive del maíz sino de los braseros, deja de ser el patito feo apartado del resto del municipio -Zapopan, uno de los más ricos de la federación con un presupuesto anual de 4 mil millones de pesos-, y se convierte en el orgullo, el hijo pródigo, el hizo del maíz.
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Por eso doña Mago, que tampoco es muy fan de Tesistán que digamos, se puso contentísima cuando se enteró que este fin de semana La Feria del Elote tendría lugar, juntó sus ahorritos y sacó a este su más chulo hijo, para irse a dar vueltas a la plaza con todo y su vestido "de lucir". Guardábamos una leve idea de lo que era la Feria. El Vicent, que tiene nombre de pintor impresionista y viste como personaje de un cuadro ídem, y que además es mi vecino, ya me había comentado que en la Feria del Elote uno encuentra eso, elote, pero en mil y un formas. "Hay hasta elote de elote", me dijo emocionado, cuando lo interrogué sobre el tema.
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El Vicent, que tiende a igualar en su look al colorido y británico -rara combinación- de Mika, no podía estar más en lo cierto. La Feria del Elote es el único evento que le da a Tesistán categoría de algo más que pueblo típico mexicano, y lo eleva al nivel de folklórico, casi bonito.
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Durante más de una hora, doña Mago y ésta su pluma recorrimos stands, tiendas y carpas, y esto para degustar tal cantidad de cosas echas con elote, que al final del recorrido imitábamos la forma de un grano de ídem. Con decirles que doña Mago ya traía pelos de mazorca cuando regresamos a la camioneta.
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El primer pecado fue la nieve. Sí, nieve de elote. No me pregunten a qué sabe, porque les diré que a elote. En otras palabras, es como nieve, pero sabor elote. Doña Mago, no es por ventilarla, se tomó dos vasotes, y ya iba por el tercero cuando le dije que además había pan, flan, pay, gelatina y hasta pastel de elote. A doña Mago, que es fiel admiradora del maíz -con decirles que cuando niños sufríamos quemaduras, en lugar de aloe vera, la hija del Santísimo Sacramento nos embadurnaba fécula de maíz... ¡y funcionaba!-, y que para prueba de ello se aventó cuatro hijos que en su estatura imitan el tamaño de una mazorca mutante, se le iluminaron los ojitos y ya no hallé yo excusa para detenerla. Golosa como es, probó de todo, y de todo repitió.
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El colmo fue cuando en un puesto nos presentaron una panela con elote. Doña Mago, que para entonces estaba elotizada, ya no pudo ni moverse para sacar su monederito y pedir dos para llevar. Si no hubiera sido porque los paramédicos estaban muy mamones vestidos de mazorcas, hubiera pedido que la llevaran en camilla a la camioneta, o en ambulancia hasta la casa. Lo bueno fue que hoy por la mañana se desayunó su té de pelos de elote, ni santo remedio.
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Yo les recomiendo la nieve y el pozolillo. Éste último es una especie de pozole que en lugar de grano de maíz, tiene grano de elote -que es el maíz tierno, acabado de cultivar-. Muy buenos ambos. Y los esquites, los tamales, la tortilla y, claro está, el elote asado. Pienso en todo a lo que doña Mago le entró, santa beata en proceso de canonización ad vitam, y hasta ñáñaras me dan. Si por ahí el resto del año alguien les ofrece nieve de elote, acéptenla y bésenle los pies al ofertor. No vaya a ser que se les ofenda y luego ya no les quiera dar, y ustedes tengan que esperar hasta la próxima Feria del Elote para ver realizado su sueño de probarla. Eso sí será castigo, y no polladas.
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¡Salud!

4 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

En Pátzcuaro venden nieve de queso, mmmm. En Sahuayo a los tamales de elote les dicen uchepos o huchepos -sé como les llaman, pero no como se escribe- y los sirven con crema y queso, pero cuando no tienen salsita adentro, yo les pongo cajeta. Hasta se me antojó.

Wendy Piede Bello dijo...

En Pátzcuaro venden nieve de queso, mmmm. En Sahuayo a los tamales de elote les dicen uchepos o huchepos -sé como les llaman, pero no como se escribe- y los sirven con crema y queso, pero cuando no tienen salsita adentro, yo les pongo cajeta. Hasta se me antojó.

Manuel dijo...

Para quienes vivimos en Tesistan tal vez el chiste sea ese, ser un pueblo sin chiste para vivir tranquilos...

Por cierto tomo tu post prestado para mi web de Tesistan, con el debido link incluido al blog del autor.

Anónimo dijo...

Vengo a encontrar tu publicación mucho tiempo después, recién pasada la feria del elote y con un delicioso pan de las Barajas en el plato.

Yo me crié en lo que ahora conozco como "la ciudad" y el destino me trajo a vivir cerca de Tesistán, que definitivamente no es un pueblo turístico, pero que siempre me invita a comer gorditas en el mercado, tostadas en la plaza o sushi de con July, la coreana de Parques.

Sin chiste, sin chiste, que tu digas "que bárbaro, que sin chiste!" no es.