miércoles, 29 de julio de 2009

¿Te llamas Agustín?

Para Luz, por el buen chiste local.
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En el más común de los mundos, dónde la gente trabaja día con día para comer, y a excepción de quienes viven del presupuesto -o "con" el presupuesto-, la gente que consigue un trabajo, debe pasar primero por una entrevista de trabajo. Claro que también está el "otro" grupo, el raro y cada vez más esporádico conjunto de seres que han llegado a la silla empresarial que hoy ocupan porque conocían al hermano del amigo del cuñado del señor que jalaba la palanca y activaba la maquinaria empresarial. Los que no conocemos más que a un selecto grupo de personas, de las cuales a una todavía más reducida selección podríamos llamar sin altanerías "amistades", y peor aún, quienes dentro de nuestras amistades no tenemos un contacto directo y sin escalas con las "grandes ligas", tenemos que vivir entrevistas de trabajo.
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Yo fui a una antier. Al paso de los días, conforme examino mi actitud y mis respuestas, me doy cuenta que no me van a hablar. El mayor de mis hermanos, que también anduvo en esos merengues el lunes pasado, ha intentado lavarme el cerebro con la cantaleta de que "hay que tomarlo como una experiencia". Tiene razón, pero mi mente no deja de pensar que contesté de más, hablé de menos y omití muchas cosas que harían pensar al más ciego seleccionador de personal que soy "la" opción.
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Como experiencia, sí, sirvió, y de mucho. Por eso vengo a presentarles, con base en la experiencia misma, un par de consejos que podrían servirles, si ustedes también están en esto de pedir trabajo, o considerando que muy probablemente, y a como va el país, lo estarán próximamente (toquen madera todos menos los panistas), lean, apunten, observen y practiquen. Son los consejos de un recientemente entrevistado para ustedes, con cariño, con corazón, con el currículum vuelto a guardar en espera de mejores resultados.
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Ahora sé que cuando uno va a una entrevista de trabajo no debe -anoten bien- vestirse en un cuarto oscuro, a riesgo de llegar a la cita con un calcetín azul marino y uno negro ocote. Por suerte, el pantalón de mi traje llegaba al talón, así que la "fashionista" metida de pata pasó -creo- desapercibida. Tampoco hagan combinaciones de caja fuerte (atención: la corbata que en la oscuridad de la madrugada se ve roja, muy probablemente sea azul, o gris, o verde olivo, o con motitas barrocas a la Mauricio Garcés. Se recomienda prender una velita para verificar el tono, pero sin acercar mucho la prenda a la llama). Y mucho menos se dejen convencer por el tono informal que siempre tienen las llamadas de contacto de recursos humanos: lo más probable, dependiendo del puesto solicitado y la empresa solicitante, es que te quieran de traje, o chance camisa y corbata.
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Ley universal: los trabajadores de recursos humanos no tienen como meta ser personas agradables. No gustan de los chistes, las bromitas y los chascarrillos. Beto "el Boticario", que en paz me lo pongan a echar la siesta, no hubiera conseguido nunca una chamba en ese plan. De César Costa mejor ni hablemos. La sonrisa está permitida, pero su entrada, mantenimiento y salida, requieren inteligencia. No te ofusques mucho en encontrarles el lado amable a los entrevistadores: trabaja para que encuentren el tuyo.
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No des datos falsos. Ya he platicado con una veintena -y creciendo- de personas el hecho, y no pienso repetirlo aquí. Piensa tus respuestas. Si bien es cierto que los entrevistadores de selección de personal ve con malos ojos que te pienses mucho las contestaciones, también lo es que no meditar lo que dices podría hacerte caer en desvaríos, imprecisiones o mentiras. Respira. ¿Dime qué cosa en la vida puedes hacer libremente sin respirar durante mucho tiempo? Ni nadar. Respira. ¡Ey, respira!
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No creas que "ya la hiciste". Hay cientos peores que tú, cierto, pero también doscientos mejores. El éxito de una entrevista de trabajo no está en lo que hagas en ella, sino en que encajes en el puesto -¡ah, bruto, qué verdad más absoluta se acaba de aventar el poeta!- Si el trabajo no es para ti, aunque digas que eres militante activo de Greenpeace, Amnistía Internacional y National Geographic -he escuchado de todo-, no te lo darán. Asume el hecho -éste es consejo de mi hermano el mayor, que es el único que tenga porque los otros dos son niñas- de que hay trabajos hechos para ti, y trabajos que no lo son tanto. Si eres el indicado, quedarás. Si no... pues no.
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Sé tú mismo entonces. La mañana del lunes, el primer mensaje que recibí en mi celular no fue del periódico de importante circulación local al cual asistí a entrevista horas más tarde, sino de un nuevo amigo que conseguí en la lejana fabela en que ahora vivo: "Sólo sé tú mismo", decía, después de enumerar -con lujo de detalle- las cosas por las cuales valía la pena que yo fuera "yo mismo". Le hice caso, en parte, y temo que los errores que cometí en mi entrevista se debieron a que, a ratos, guiado por una buena oferta -buenísima, diría yo- dejé de ser yo mismo. No lo hagan. Apelen a lo que hay en ustedes que los hace ser inestimables -en el sentido de que es imposible ponerles valor-.
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Ya les dejo los consejos. Reflexionen. Es cierto que el asunto del empleo en nuestro país camina por la calle de la amargura, pero también es cierto que hay suerte para todos. Me faltó mencionar eso, la suerte. Hay suerte para todos, porque buscar un trabajo requiere también de suerte. Pidan, y recibirán, dice un antiguo proverbio. Pidan, y con suerte, mucha suerte, les van a dar hasta de más.
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¡Salud!

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

Ni un licenciado en recursos humanos puedo haberlo descrito mejor que tu, jajaja, salvo tuviera la experiencia de haber pasado por algo similar, que se entiende que sí, pero estamos en México, no siempre es así, el punto mi estimado es que siempre se aprende algo, y creo que ya sumaste un punto importantísimo a tu vida profesional, lo que sea de cada quien, son orribles esas entrevistas, por más preparado k estes, siempre hay algo que corregir, solo que cada vez será menor.

Saludos.

Wendy Piede Bello dijo...

En pocas palabras, a ver si pega y si no, despegado estaba. Por cierto, me saludas a Luz.