viernes, 31 de julio de 2009

Por volver.

Se lo dije. Se lo dije mil veces, pero él tiene una tendencia indescifrable a sabotearse las ideas felices. No lo culpo, lo han herido mucho, quizá el mismo número de incontables veces que le dije que volvería. Que volvería porque esa ciudad está hecha para él, y él para ella, y son tanto el uno para el otro que es difícil imaginarlos separados. Se lo dije cuando se deprimía cada fin de semana al no tener antro qué frecuentar, zona qué recorrer, monumento qué conocer, en esta típica ciudad del occidente mexicano. A él lo llamaba el centro. Su altura plana, sus terremotos, su caos vial, su contaminación, su gente diversa, su folklore de urbe azteca. Lo llamaban sus atardeceres naranjas y sus amaneceres violáceos. Su amor por el "gigantismo". Su pasión por los cambios estructurales y las marchas. Lo llamaba el caos.
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Ahora regresa. El mayor de mis hermanos, que en noviembre pasado no veía la suya por tener que abandonar la Urbe, ahora regresa a ella como si nunca hubiera salido. Será sólo un semestre, en principio, pero en un puesto que siempre soñó, en la ciudad que siempre ha amado, y eso le basta. La bendición no acaba ahí: por un semestre, tendremos alojamiento yo, mis ideas y mis complejos. A lo mejor regreso en septiembre próximo, rogándole al cielo que cada septiembre, como el pasado año, el viaje se repita. Yo no sé aún si viviría en el futuro en esa Ciudad de los Palacios, pero sé que visitarla me pone muy de buenas, porque además la ciudad me entiende, y me muestra su compleja faz al descubierto, sin pudores, lo que me hace amarla aún más.
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¿Qué puedo pedir para mi hermano, que inicia el martes otro de sus viajes, esta vez con un resultado más evidente, más trabajo, mejor logrado? Le deseo una ciudad de México radiante como siempre lo ha sido para él, que le dé una bienvenida de seis meses como nadie se ha la dado en su vida. Le deseo una sonrisa, un amanecer dichoso, una calle barrida y un Paseo de la Reforma histórico e inenarrable. ¿Para qué se lo deseo si sé que lo tendrá?
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Ahora sólo queda esperar. Como en noviembre pasado, cuando tuvo que dejarlo todo por la paz para reencontrar la tranquilidad y recuperar un poco, tan sólo un poco, las ganas de vivir. A él, a sus 30 y pico, le quedan todavía muchos pasos por andar. Muchos serán dolorosos, pero también habrá otros, como éste que da la próxima semana, que le depararán dicha y estabilidad. Yo espero que sepa entender que los buenos momentos se disfrutan mucho, porque casi no duran. Yo mismo no sé qué venga para mí mañana, pero sé que puedo esperar -y desear- lo mejor. Si lo mejor no llega, la cara pa'lante. Siempre habrá amaneceres rosáceos esperando para nosotros en la Región Más Transparente del Aire.
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¡Salud! (y con muchas ganas)

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

Hay que procurar los buenos momentos, por que los malos vienen solos.
Gaby Vargas.
Mucha suerte para el mayor de tus hermanos, si él quiere y lo desea, la metrópoli será suya, solo que mucho ojo, porque dicen por hay, mmm, bueno por hay no, ni por ahí-jaja- pero dicen que el acentito engorda, jajjaa.

Saludos!!!!

Wendy Piede Bello dijo...

Pero con cuidado, no lo vaya a agarrar una balacera en pleno Paseo de la Reforma y a plena luz del día. Que le vaya bonito y que nos invite.