viernes, 3 de julio de 2009

Por favorcito.

Van a decir que ya chole, que sus paciencias en torno a temas electorales tienen límites, y yo ya los sobrepasé con tanta habladera en torno al voto. Pero no se preocupen: en cuanto a hartazgo, yo estoy igual. Nunca, sin embargo, debe cesar el impulso y la decisión de búsqueda de mejores y más repetidos esfuerzos en favor del sufragio. Éste es un blog abierto, diverso y participativo, y con el afán teórico perpetuo de que las elecciones en el mundo entero deben ser así, abiertas, diversas y participativas, El Baile de la Coma no dejará jamás de hacer proselitismo a favor de procesos electorales de esta utópica índole.
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Hay muchas razones para no hacerlo. Yo convivo con prácticamente todas ellas. Acabo de decir "convivo". Gancho al hígado. Me he vendido. Convivo, en el sentido de que, como mexicano, jalisciense, tapatío -adoptado-, vivo y por ende siento y entiendo a la perfección, las dolencias que quieran adjudicarle al Estado mexicano: corrupción, ingobernabilidad, falta de cumplimiento en las promesas, gasto público excesivo, prepotencia, abuso de la autoridad, ausencia de acuerdos entre opositores, y un largo etcétera.
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Lo que quieran y manden, lo entiendo y me hago partícipe. Yo también he tenido que hacer trámites inmensos, en oficinas de gobierno dónde uno se pregunta para qué y quién trabaja tanta y tanta gente. Yo también he sufrido la ausencia de servicios municipales eficientes, y las líneas de atención ciudadana ocupadas o inútiles. Yo también he visto a diputados dormidos en sus laureles, y hasta aprovar reformar a leyes que no tienen ni pies ni cabeza. Yo, lo que es todavía más vidente y vivencial, he acompañado a aspirantes en campaña, y he sido testigo de la forma inmoral en que venden sus propuestas al mejor postor, atentando incluso contra la posibilidad de construir el inexistente Estado de Derecho (si la ciudadanía pidiera bombas, con tal de ganar, los candidatos prometerían bombas).
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Hay muchas razones para no votar. Pero eso no quiere decir, en ningún caso, que valga la pena abstenerse este 5 de julio. Piénsenlo. Este es un mensaje para ti, y tú, y también ése de allá, que votan por primera o segunda ocasión, con una credencial de elector nuevesita, albea y pura. Esmi caso, y el caso de por lo menos tres millones de votantes, según mis informantes. Este es un mensaje para ti, que apenas superas los 18 y los 20, y que, perteneciente a la multifragmentada Generación Next, no crees en nada que no sean los gadgets, Facebook, la música y la tele. Este es un mensaje de alguien que convive contigo -aquí sí, en toda la extensión de la palabra-, y que sabe y entiende por completo lo que crees. Si me lees, si nos escuchamos, vamos a hacer grandes cosas.
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Yo tampoco creo en mis gobernantes. Me han fallado, como a ti, y considero que la política, que en teoría debe ser una actividad que enaltezca al ser humano, no hace más que irritar más las cosas. Veo con malos ojos a los candidatos de cuello alzado, que prometen y prometen, sin escuchar ni entender. Veo con malos ojos a los diputados que se suben el sueldo y luego no trabajan, mientras mi familia tiene que levantarse tempranito cada mañana para dar la cara en sus labores. Veo con malos ojos los macroproyectos que terminan en macrofracasos, la palabrería, la "guerra sucia", que no hace más que fastidiarme más y más, invitándome a nunca participar de eso que veo con malos ojos, de toda esa faramalla circense que rechazo por completo.
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Todo eso está bien, es excelente, porque es una respuesta natural, sensible, propia de seres humanos, a la ineficiencia y la estupidez de los que nos gobiernan, entre quienes las buenas conciencias y las manos desinteresadas, poco sobresalen y poco pueden hacer. Pero el enojo y la molestia deben quedarse ahí, en la negación a hacer política. La clase política mexicana es así, y si nadie la va a cambiar, nosotros no estamos obligados, por fortuna, a ser parte de ella. Pero votar es otro asunto.
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Somos la generación de la capacidad. A nuestro alcance, tenemos acceso al mundo entero, gracias a medios electrónicos e interactivos de diversa índole, costo y beneficio. Hoy, cosa que jamás imaginaron nuestros padres y abuelos, podemos tener amigos en China, Estados Unidos y Argentina, y chatear con los tres al mismo tiempo. Hoy, podemos hablar por teléfono con tres personas a la vez, mientras en otro celular mandamos mensajes, fuertes y claros, a otras diez. Tenemos chat, comunidades en línea, Msn, flick, I pod y Nokia. Hoy, las universidades y agencias de viajes nos dan la posibilidad de llegar de Nueva York a Londres en tres horas. Hoy podemos tener en nuestros bolsillos la colección entera de Los Beatles, Mozart, Gardel y Lara. Hoy, que todo hay a nuestro alcance para comunicarnos efectivamente, poco hacemos para informarnos y participar.
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Lamentable. Imposible. Inimaginable. Aunque nuestra melancólica generación intenta no pensar mucho en ello, lo cierto es que todo indica que tú y yo vamos a vivir muchos años más en este planeta, incluso más de los que vivieron nuestros antepasados, gracias a la acción progresista de la medicina. Te quedan, por lo menos, otros sesenta o setenta años de vida. Divídelo entre tres, que es el periodo entre decisiones electorales en nuestra nación. Unas 25 elecciones, todavía. Si te estás rajando en ésta, ¿qué harás en las otras 24? ¿Tampoco participarás?
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El mundo es un continuo fluir de hechos y actos, pero ninguno de ellos pasa "porque sí". Todo es decidir. Incluso las acciones de la naturaleza, que no siempre pueden controlarse, requieren decisiones emergentes para su supervivencia. Decidir es vivir. El mundo que le tocará a nuestros hijos, porque todo indica que pocos, pero tendremos, será el resultado de las decisiones que tomemos hoy en día. Si tu incapacidad para saber qué quieres de la vida y decidirte a sentar cabeza, propia de la Generación Next -multigeneración diría yo, porque nuestro grupo generacional es tan diverso como clases políticas hay en el país-, te impide ver a futuro, reduce el panorama a un punto más pequeño: lo que decidas este domingo 5 de julio, PAN, PRI, PRD, PSD, anulación, o incluso decidir no decidir, hará diferente, para bien o para mal, para arriba o para abajo, tu 2010. ¿No te parece una fecha próxima lo que ocurra dentro de seis meses? Entonces imagina que tras el 5 de julio los diputados comenzarán a robar arcas para levantar la legislatura. Quizás desde el 6, se vislumbren ya muestras decisivas de quedarse con el presupuesto del resto del año en los bolsillos. Eso es el próximo lunes. ¿Más cerca, no?
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Yo puedo decidir no decidir. Levantarme este domingo y sentir la flojera -pereza, dicen mis amigos, temerosos de que se malentienda el término y los tachen de diarréicos- en las piernas, en las manos, en la credencial de elector. Levantarme este domingo y decirme: "¿para qué?, el que llegue hará lo mismo que el anterior, porque todo está perdido, porque ya no hay esperanza". Y entonces, tras decidir, volver a arroparme y guardar cama el resto del día. Bien. Pero también puedo escoger votar, que es hacer algo distinto a lo que harán otros -algo que nos encanta a los de la Generación, tan dados a marcar la diferencia... comprando las mismas marcas, y comiendo en los mismos lugares, o jurando que somos distintos cuando todos juran que son distintos-. Puedo escoger tachar mi boleta, manchar mi dedo y picar mi IFE. Puedo decidir que, si por el que voto no hará nada de provecho y se quedará con mis impuestos -sí, tú también los pagas, hasta en la bolsa de Doritos Nachos que compras en el Seven-, yo soy el ciudadano que tiene la decisión, y yo puedo presionar a cambios legales que quiten de las manos el poder al ineficaz. Yo decido, porque este 5 de julio participaré, y mi voz tendrá la audición y valor suficiente porque la puse en práctica.
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Escúchame, y escúchame bien. Lo que escojas, por menos que quieras verlo, por más que te niegues a entenderlo, repercutirá decisivamente en tu futuro, esa nube gigantesca que no te animas a encarar. Lo que decidas, incluso, como ya te dije, decidir no decidir, hará diferente el resto de tus días. La diferencia está en que si no votas, cuando te vaya mal en el futuro no tendrás derecho a quejarte, porque finalmente no participaste. No votar no es hacer las cosas diferentes: un 70% de los mexicanos tampoco votarán, y no lo han hecho cantidades similares de mexicanos desde que tenemos "democracia". No votar no es hacer ver al gobierno que estás inconforme, porque tú mismo reconoces a un gobierno miope, cuando no ciego. Si no ve tu inconformidad, ¿cómo va a ver tu silencio?
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En buen plan, entre amigos: vota. México no es perfecto, pero tus tres votos este 5 de julio te darán la capacidad, a ti y a tus hijos, de exijir que sea mejor. Exijir una cámara de diputados dónde haya menos propuestas tiradas a la basura, menos curules inútiles, más acción y responsabilidad, más búsquedas en pro de la ciudadanía, o exijir un sistema de justicia limpio y expedito, un sistema educativo y laboral eficiente, con sindicatos que protejan a los trabajadores en lugar de hacer política, o exijir gobiernos más tolerantes, mejores administradores, será tu derecho, cuando votes. Si te quedas callado ahora, hazlo por favor el resto del trienio.
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Tengo una buena noticia: generar diferencias a través de las urnas sí es posible. Si en México no ha pasado, pasará. Pero la clave es votar. Abstenerse no es posible. No en una democracia como la nuestra, que a duras penas, y con traspiés gravísimos, supera los 9 años de vida. ¿Tú dejarías de alimentar a un niño de 9 años que en el futuro te dará grandes satisfacciones? Ni en sueños. No lo hagas tampoco con tu país. No ahorques las esperanzas más de lo que ya están. Además, velo por el lado económico: ¿qué harías tú con 200 pesos? Dos idas al cine, muchas rentas de películas, un pantalón, una camisa, un par de guaraches... ¡el enganche para un I pod nano en mensualidades! Pues eso justamente, 200 pesos, es lo que ya invirtió, con recortes insufribles, el Instituto Electoral esperándote en las casillas. Cree en ti, y te está tendiendo la mano. Sabe que ha cometido errores, pero no lo dejarán fallar, ni los miles de observadores que estarán al pendiente de todas sus acciones, ni los ciudadanos. Todo está preparado. Ya puedes empezar. Inicia por buscar tu casilla, preparar tu credencial y revisar las propuestas. Hazte el favor. Vota.
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¡Salud!

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