martes, 21 de julio de 2009

Inventario.

Progresivamente, me resta un mes de vacaciones -y contando-. Eso significa, en el mejor de los casos, que podré dormir cinco domingos a mis anchas, planear algún viaje no muy lejano y, cuando mucho, terminar dos o tres libros más. Mala cifra si la comparo con años anteriores, cuando yo dormía a mis anchas los días que se me antojaban, iba a dónde quería y si quería volvía -y si no, pues no-, y leía bibliotecas enteras sin levantar mi cada día más abundante trasero del sillón por horas y horas.
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Pero no me puedo quejar. No al nivel de queja expresa que yo quisiera manifestar: las vacaciones han servido terminantemente para poner en orden terminante muchas cosas indeterminadas que rondaban mi cabeza. Hoy, si gran parte de mis amigos o interesados se acercaran a hacerme preguntas que hasta junio pasado yo respondía con un "no sé", podría brindarles, sólo un mes después, absolutas y válidas contestaciones -válidas para mí, para ellos no sé qué tanto-. Hoy ya sé qué siento hacia amores del pasado, amores del presente e incluso hacia mí mismo. Estoy de acuerdo: no es información que merezca aparecer en las páginas del Ifai, pero es mía, y eso le otorga el valor que debe tener ante mis ojos.
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Tras muchos días de plática interior, he llegado a la conclusión de que Dios puso el sol ardiente en el verano porque pensar durante las vacaciones de invierno sería un acabose. Así, a mitad de la canícula, uno puede detenerse un poco, cuando trabajo, escuela y hasta familia se toman unos días libres, y poner en orden las telarañas del coco.
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Yo, tras mis ejercicios anuales de auditoría y acomodo interno-no siempre recurro a ellos, como en esta ocasión lo hice-, llego a la conclusión de que le debo un aplauso a El Apapachoquealivia, que ha roto muchos esquemas, un abrazo cariñoso a La Zucaritas, que se aventó por tercera vez -no consecutiva- y tras un fracaso amoroso sonoro y lamentable, a tener novio, un beso fraternal a mis dos hermanas, que ya salieron este año -del clóset no, de la soltería-, y un "gracias totales" a una larga lista de otros amigos y personas VIP, que incluye a La Traviata, El Meromerosaborranchero y otros muchos, porque ellos, en cierta medida, con cierto rigor, me permitieron durante los primeros seis meses del año reconsiderar las cosas y reconsiderarme.
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Le debo una charla de café a La Arandera, que ya me la ha pedido, y la charla habrá que sumarlo a las muchas cosas que ya le debo, como el espacio y el respeto que me pidió, y que yo no sólo no he podido negarle, sino que le he dado a manos llenas. Le debo una sincera escucha a La Wendy, que ya hoy por la mañana me avisó que hoy puede decir que está feliz con una sinceridad que no vio en sí misma desde mucho tiempo atrás, y quizá el mismo día le dé un acompañador y revitalizante apapacho a La Casicasi, que atraviesa actualmente junto a toda su familia por un trago amargo, del que sólo puedo desearle pronta recuperación.
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Les debo como dos idas a las luchas a La Jirafa y La Anaconda, que ya de plano dejaron de insistirme, y una ojeada de tres días -cuando mucho, porque la chamba no deja tiempo para más- a La Ciudad de los Palacios, que en el altiplano central me está esperando ya con avenidas, calles y segundos pisos abiertos. A ver si se me hace.
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Tengo otra deuda, pero ésa es con Dios. Es una deuda de peticiones. Pedir por las dos tías demandantes de mi madre, esta Doña Mago que no se raja. Pedir que pronto encuentren luz -que no es lo mismo que pedir que caminen "hacia" la luz-, y que del cielo les caiga el entendimiento. Sé que es difícil, porque en cabezas cerradas, el Señor no hace milagros. Pero la esperanza, que es lo que quedó al final en la caja de Pandora cuando salieron todos los males a invadir el mundo, muere al último.
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El fin de semana último trajo para mí una noticia triste, pero no inesperada. La Kenya, que en algún punto de mi vida trajo felicidad y mucho amor, está pasando un mal rato por causas de otra persona, a quien Sergio Andrade, con su posesión, su escándalo y su abuso, le queda corto. Lo lamento por ella, y hoy sólo pido para mí pronto entendimiento. Ignoro por qué los seres humanos renegamos de la felicidad, o no la creemos cuando nos llega, o la dejamos pensando que vendrá algo mejor. Lo ignoro y esa ignorancia, más que el dolor de La Kenya, me cala hondo. Aquí entra entonces un suspiro.
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Las deudas arrojadas por la reciente auditoría son bastas, y claman por una solución más pronta que lo que uno tardaría en decir "el PAN perdió en Jalisco". Habrá que numerarlas y darles prioridad. Por lo pronto, inicia una semana de friegas y sobresaltos. Las elecciones son crueles, como la democracia: al traer la ley, precipitan la noticia. Fin del tema.
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¡Salud!

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

Mi estimado, he hechos miles de inventarios en mi vida, como en cámaras congeladoras (con chamarras enormes y guantes, por que estar a menos 10, ni el califas de tu amigo lo aguantaba, jajaja), en refrigeradores, en almacenes, en mi propio changarro, y de igual manera en mi vida; el que tu acabas de hacer es el mas fructífero de cualquiera que llegues hacer, así sea el que te deje de comer, por que es el que involucra tu persona, te da tranquilidad mental, y eso es difícil desear, mas difícil es llegar, y Pufff, permanecer, ni lo menciones, depende de la salud metal, y recuerda que esta se refleja con tu facilidad de diversión, SOMOS DIVERTIDOS EAEA!!!!!!!, jajaja, no cualquiera lo logra, te felicito.

2 cosas más:

1.-Mis aplausos pueden esperar, ya que están haciendo cola otros tantos (jajaja, a que caray, que pinshi modesto soy), te agradezco un buen.


2.-No capte si en el pasado o en el presente, pero mencionas un Abundante trasero!!!!!????, esa es la actitud!!!!!, la verdad si uno no se hecha porras quien, verdad???, jajaja.

Te has ganado un fuerte abrazo, y un tronado beso, pero de ese se encargara Sica.

Saludos.

Wendy Piede Bello dijo...

Fehaciente prueba este inventario del crecimiento obtenido en los últimos meses gracias a diversas situaciones, de las que me congratulo en ser parte, emulándote.