sábado, 25 de julio de 2009

Guerras perdidas.

La "hazaña" del secretario de gobernación, Fernando Gómez Mont, es la declaración oficial de las luchas perdidas. La opinión pública ha debatido tanto durante la semana al respecto, que ya a estas alturas queda poco qué decir. Por eso, yo me atrevo a asegurar que el secretario, cabeza de una de las dependencias gubernamentales más estratégicas para el mantenimiento del orden y la cordura en la relación Estado-ciudadanos, ha hecho la declaración del enfrentamiento abierto porque la diplomacia no sirve en una guerra que, de facto, está perdida antes de iniciar.
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No es un tono alarmista o negativo el que asumo al hablar así, creo. Es mi opinión, como ciudadano, como -aspirante a- periodista, como parte de la opinión pública. La decisión del presidente Felipe Calderón de abatir al narcotráfico en el país que gobierna, tiene a todas luces más visos de estrategia de reivindicación personal estética que de política gubernamental: producto de una elección reñida y tildada de "fraude", "espurizado", "estigmatizado" en un panorama económico internacional poco alentador para un "presidente del empleo", Calderón necesita a todas luces una estrategia de gobierno que levanta su imagen y le dé, si no credibilidad, por lo menos atisbos de institucionalidad. El narco es la lucha interminable. Ponerse contra él es defender la patria, sí, pero también iniciar la guerra sin fin. Es pelear contra la sombra, o lanzar granadas al vacío. Es pretender el salvamiento de la nación, a sabiendas de que no se puede conseguir el acabose del crimen organizado en un país dónde el crimen gobierna desde el empresariado -porque además de los narcos, Calderón ha tirado pedradas (mercadológicamente) a secuestradores, ladrones y embusteros-, y dónde la ley protege -o hace de la vista gorda- los monopolios, los arreglos "por debajo de la mesa", los acuerdos "en lo oscurito".
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Por eso es que la actitud de Gómez Mont ante los medios de comunicación el miércoles pasado, cuando a tono personal lanzó en el micrófono un "Señores, los estamos esperando: métanse con la autoridad y no con los ciudadanos", dirigido concretamente al grupo La Familia, pero extensivo a todos los "guerrilleros" -es un decir-, ilegales, que han llenado de sangre las páginas de los diarios de nuestro país, y no encuentran freno ni en la actitud defensiva -mercadotecnia pura, les digo y no me creen- de la autoridad, ni en el apoyo -con tintes de asedio- que otros países han manifestado para que el fin de la delincuencia organizada llegue con prontitud, la actitud del secretario Gómez Mont, decía, es la de la evidencia más que la de la diplomacia. Es la de la actuación por encima de la de la utilidad.
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Porque de nada sirve el reto aireado. La Familia -y asociados- saben a la perfección que la actitud del gobierno calderonista es la del reto, el puntapié, el golpe bajo y sin avisar, al menos frente a las cámaras y la observación extranjera. Que el secretario de gobernación rete públicamente a un enfrentamiento cara a cara, mano a mano, "con alguien de su tamaño", es innecesario para La Familia, pero básico para la estrategia de "institucionalización" de su mandato iniciada por Calderón desde los primeros meses de gobierno, cuando los gritos de "espurio" y "fraude" le dolían hasta fingir demencia.
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Hoy, Felipe Calderón haría bien en bajar los brazos y aceptar que el asunto del narcotráfico y el crimen organizado, no se va a solucionar en tres años de gobierno. Ni siquiera en dos sexenios más. La corrupción que abruma al sistema, que acaba con la capacidad motriz de la institución del Estado mexicano, no permitirá un cambio en la existencia de la ilegalidad ni en tres ni en doce años. Eso recuerda aquel viejo cuentecillo del hombre que todos los días aprieta el mismo botón esperando siempre un resultado distinto. México podrá apretar y apretar el botón de la lucha frontal, de la imagen del Súperestado, pleno de bondades, contra el Fortinarco, malo hasta los huesos. Pero no puede esperar una diferencia si el sistema entero no ha cambiado su modo de entender -y acoger- a la ilegalidad.
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Claro que el secretario Gómez Mont tiene todo el derecho de desabrocharse el saco y retar a los maleantes con el clásico "nos vemos a la salida". En ese tono, y en el que quiera. No es discusión que pueda hacerlo, o que lo haga utilizando una frase como "los estamos esperando, métanse con las autoridades", o una como "por favor, señores, compostura". Lo que es discusión es que lo haga a sabiendas de que esa lucha por la cual ha abogado públicamente, en medio del mayor operativo del sexenio en materia militar que inunda ya Michoacán, es una guerra perdida, aún antes de nacer. La guerra sin cuartel, la guerra sin horizonte ni fin. Los fantasmas del Estado fallido y el presidente "espurio" deben estarle robando el sueño a Calderón. Si no, algo anda mal con el presidente.
. ¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Dudo que la intención sincera de Calderón sea dar "solución" a la cuestión del crimen organizado, porque decir narcotráfico me parece limitante. Mira la otra perspectiva en piedebello.blogspot.com.