viernes, 17 de julio de 2009

Esto sí es personal.

Yo a Santiago Baeza lo conozco al menos en tres formas: como funcionario público, como artista y como escritor. Las últimas dos de estas fascetas han sido de mi conocimiento por mi trabajo en el tristemente extinto en lo físico, vivo en lo virtual, semanario -o algo así- Mujer Hoy. Santiago pertenece para mí todavía a ese conglomerado de recuerdos dichosos que forman en mi memoria mi paso por el único medio con enfoque de equidad de género que valdría la pena rescatar en un recopilado sobre la materia. Su papel como funcionario público, sin embargo, lo he vivido como tapatío amante de la cultura, que busca eventos, acercamientos y encuentros. Ahora, con el trabajo en el Semanario Crítica, vaya controversias de la vida, me he acercado a Santiago Baeza como funcionario público también a través de la entrevista.
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Sobre la primera vez que entrevisté a Santiago Baeza, corren en mí muchos rumores mentales. Hay al menos dos corrientes generales: una dice que fue una barbaridad, que el encuentro fue un intento fallido por entrevistar a un escultor, que acabó mal porque yo no supe qué preguntar ante un hombre desmañanado, evidentemente levantado de la cama no gracias a lo impostergable de la cita, sino a la presión de mi llamada telefónica, impulsada por su tardanza de más de media hora.
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La otra corriente de pensamiento en mis recuerdos dice que no estuvo tan mal, que desde esa vez que yo tuve que esperarlo cuarenta y cinco minutos para hacerle una entrevista de cinco minutos -no tengo la culpa de que Santiago hable rápido-, yo lo veo con con una sonrisa y él adivina en mi cara una suerte de burla. Nada de eso: lo respeto, como entrevistado, y lo haré así hasta el final, porque hacia mis entrevistados nada puedo experimentar que no sea respeto y gratitud -por eso no entrevisto ni al Cardenal ni a Emilio González Márquez-.
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Efectivamente, llegó tarde a la primera entrevista que tuvimos. Eso, aunque esto pareciera para muchos ventilar una inconformidad, para mí es representación de algo que, todavía hoy, me hace falta ver en mi cuestionado al momento de soltarle una pregunta: Santiago Baeza Sánchez es un ser humano, y como tal, tiene derecho a llegar tarde. Ante su tardanza de media hora, aquel sábado en la Alianza Francesa de Guadalajara, pasadas las 8 y media de la mañana, yo, presionado por la fotógrafa de Mujer Hoy, le marqué. Fueron tres intentos para que una voz desarticulada al otro lado de la línea respondiera, a duras penas, un casi inaudible "bueno". "¡Malo!", pensé para mis adentros. "Santiago, soy Agustín, de Mujer Hoy". Silencio al otro lado. Podía imaginar sus pensamientos: "¡Son las #$%& ocho de la #$% mañana de un "#$% sábado, cabrón!", así que me adelanté con la estocada: "Te estoy esperando en la Alianza Francesa, como quedamos..." Estocada surte efecto. Apresurado, tras un corto silencio, Santiago contestó, en lo que fue para mí un chispazo neuronal: "Ah, sí, sí, ya voy para allá".
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Para mí es evidente que el sueño le robó las buenas intenciones a la cita. Llegó quince minutos después, acompañado por sus hijas -¿dos, tres?-, quienes no pararon de acercarse a él en los cinco minutos que duró la charla. Una buena charla, una mala entrevista: cinco preguntas, mal hechas, levantadas al paso en los dos únicos días que tuve para prepararla. Cuando acabé, Santiago, ya despierto, me miraba con intenciones de seguir respondiendo. "¿Eso fue todo?", preguntó él, y luego una de sus hijas, una niña de cinco o seis años, rubia, chula la chamaca, mirándome con esa cara que ponen los niños cuando no entienden por qué los adultos somos tan feos, le dijo al oído algo que yo alcancé a escuchar: "¿No que iba a durar media hora tu entrevista?" Además de hermosa, inteligente.
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Santiago salió de ahí y yo me quedé unos minutos más contemplando su obra. Ya no recuerdo el título de la exposición, pero me maravilló desde que la vi, en su inaguración, el hecho de que la madera, un material al que yo considero todavía duro como la piedra, pudiera ser trabajada con esmero hasta convertirla en esferas, burbujas, falos incandescentes, "formas que suben al infinito a punto de estallar en astillas de interminable rigor", puse, o algo así, en mi artículo de semblanza. El artículo, me congratulo, salió mejor que la entrevista. Desde entonces, yo sé que Santiago Baeza no necesariamente está despierto un sábado a las 8 de la mañana, y que yo debo planear mis entrevistas en horarios más decentes.
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Me cuesta trabajo entender el problema que Santiago Baeza está viviendo hoy, esto ya no como artista, sino como funcionario público. La segunda entrevista que le hecho en mi vida, ya no fue en un cómo sillón, rodeado de su obra, sino en su "chamba", en la Dirección de Actividades Culturales de la Secretaría de Cultura. Su problema con Alejandro Cavrioto, que he tenido que documentar para Crítica -sí, "tenido" es la palabra, porque yo ni quiero, ni me intereso, ni me congratulo en hacerlo-, quiero pensar, es el que puede manifestarse entre todo "jefe" y su "dirigido". Me resisto a pensar que de alguna de las dos partes existan juicios tendenciosos, basados en una ideología partidista -o interpartidista- específica. Me resisto también por la cultura en mi ciudad, y mi estado, que sé que necesitadas están de manos fuertes y presupuestos consistentes, indiferentes a las controversias personales entre sus administradores.
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Hoy, desde esta oficina de información, le envío a Santiago Baeza el recuerdo de nuestra primer entrevista, y de las que hemos tenido después, con o sin el problema con Cavrioto. También le envío al secretario un atento llamado: escuche. Escúchense. Es un buen momento de hablar, de aclarar las cosas. Esperanzadoramente, les quedarán todavía tres años de trabajo conjunto. Y Jalisco, su gente, necesita todavía muchas actividades que lo acerquen a la cultura. No se dejen llevar. El partido al que pertenecen, noble y discreto en esencia, necesita hombres que en su trabajo noble y discreto hablen bien de él. Predicar con el ejemplo. Manos a la obra.
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¡Salud!

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

Jajaja, hay pobre, tu lo has dicho, sabada a las 8am, no manches!!!!, es como llegar al antro a las 9pm, jajajajaja.
Hay que tomar en cuanta que dentro de una entrevista (de hecho de cualquier cosa) debe haber una especie de equidad, informacion a cambio de algo, (yo voy al Tennis a esa hora, pero pues saco el estres y me gusa por eso no me quejo), si en este caso no la habia, pues si mi estimado, efectivamente se te durmio y hubieras citado a una hora mas a dock, Salu2.

Wendy Piede Bello dijo...

Pues como es aritsta se da sus aires de diva; no se los probelmas que tenga Santago con su jefe, pero supongo que como artista su perspectiva como funcinario publico, ha de ser diferente, o al menos eso espero, que tenga mas conciencia de las necesidades reales e implicaciones que tiene difundir el arte.
Hablando de funcionarios, quiza te interese saber que Tere Orozco es desde la semana pasada y hasta diciembre, Directora de bibliotecas del Ayuntamiento de Gudalajara; gracias a ella, estudiantes de letras de la U de G podran impartir talleres/cursos en cualquier biblioteca de Guadalajara, ve ubicando la que mas te convenga.
(Este teclado es gringo y no se como configurrlo, por eso no pongo acentos, disculpa.)