viernes, 10 de julio de 2009

Cómeme porque me muero.

El reciente regaño de El Apapachoquealivia lo deja más que claro: le he estado dedicando demasiada cabeza a los asuntos políticos tras las recientes elecciones, y el público ya empezó a cansarse. Al ídem hay que darle lo que pida, dicen los que saben -o dicen que saben-. Por eso es por lo que no tocaré temas políticos en este Baile... hasta que se me antoje. Además debo considerar que la opinión del Apapacho... viene de un hombre que recientemente ha visto incrementado geométricamente su sex appeal, al grado de que ya hasta se da el lujo de largarce la sierra mazamitleca en pleno verano, mientras en la capital del estado estamos todos a oleadas de sol y agua -y a veces, de ambas cosas-.
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Pero no ahondaré más en las potentes feromonas de El Apapachoquealivia, que además últimamente ha perdido el tono rubio característico de su vello capilar -que no "bello capilar"-, y, dicen, ha tenido que recurrir al tinte Miss Clairol para seguir haciéndonos creer que es güero "de a debis". Voy ahora a tocar temas literarios (¡'uta!), porque entre entrevistas, ruedas de prensa, investigaciones, declaraciones, notas y manifestaciones, me he dado tiempo de leer lo que se me antoja, que es para los que estudiamos Letras lo mismo que estar de vacaciones.
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Así que les traigo la primera recomendación literaria del verano 2009. Las del 2008, estoy seguro, ni las leyeron, así que lo que haga a continuación no será un análisis exhaustivo, dedicado, esperanzado con la idea de que, apenas terminen con mi entrada, se lanzarán a la Gonvill más cercana a hacer lo que les toca, a contribuir al fortalecimiento económico de la industria editorial en español. Lo que haga a continuación va a ser un retruécano de cómo no debe analizar un aspirante a licenciado en Letras una obra literaria cualquiera, y, sobre todo, una explicación de lo que no es una buena obra literaria.
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Yo compré el año pasado en la FIL La hija del caníbal, no inspirado, como debía, en un conocimiento profundo de la narrativa española contemporánea, sino guiado por lo que lleva a la compra de material literario en últimos años: saber que de ese libro que uno quiere comprar, se ha realizado una película. ¿Es esto malo? ¿Debe la cadena del libro completita, desde el productor del papel hasta el reciclador, cambiar su modus operando y buscar otras fuentes de inspiración para escribir, comprar y vender material bibliográfico? No, en absoluto. El que no está acostumbrado a comprar libros guiado por la industria del marketing cinematográfico soy yo, ustedes pueden comprar los libros que quieran guiados por la inspiración freudeana o kantiana que les nazca.
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En la película, me dicen mis informantes, sale Kuno Bécker, al que el papel de postadolescente nueva generación sin planes en la vida ni metas a corto plazo, que en el libro se hace llamar Adrián, le debe quedar como anillo al dedo. También Cecilia Roth, que aunque actúe mal merece mis respetos -juzgue usted por qué-, y otros cuya mención no acarrearía sorpresa de su parte, así que no la haré. El libro lo escribió Rosa Montero, y vendió tan pronto los derechos para su realización cinematográfica, que comienzo a pensar si no fue escrito destinado a la pantalla.
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Eso arreglaría un poco las cosas. Arreglaría la trama sin pies ni cabeza, de un argumento que aspira a thriller sin llegar a folletín de intriga telenovelera. La trama se aleja tanto de la verosimilitud, que uno siente estar leyendo Holliwood: Lucía Romero vive una vida mediocre, porque ella es mediocre. Cuarentona -mediana edad-, escritora -mediano éxito-, a duras penas vive con lo que su "funesto" personaje infantil -que lleva por trágico nombre La Patita Lolita- le da para comer -mediana economía-. El único punto interesante de todo el asunto es que ella no sabe que es mediocre hasta que su mediocre esposo, Ramón, empleado de Hacienda -burócrata, mediocre-, desaparece sin dejar rastro al ir al baño en el aeropuerto.
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Entonces Lucía, sin saber por qué ni para qué, se lanza a la aventura de buscar a su marido, sólo para descubrir que lo tienen secuestrado -viviendo a medias-, y que alrededor de su nombre se teje la figura de un grupo terrorista, Orgullo Obrero -mediocre revolucionario-. En su búsqueda, que no tiene pies ni encuentra nunca cabeza, se unen Adrián, un joven veinteañero que sólo quiere ser balaceado -¡pido primis!- y Félix, un anciano vecino de Lucía, ex anarquista, venido a esposo decente -mediano revoltoso-. Entonces la trama se pone tan apetitosa, que uno se pregunta si cuando se le queden las llaves en la casa no encontrará en el departamento de enfrente a un vecino cerrajero, que además de todo sepa hacer duplicados con los dientes y haya peleado en el Golfo Pérsico -¿para qué?, nomás, por si las dudas-.
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La novela de Rosa Montero es entonces una mala apuesta a la razón lectora. A la mitad dan ganas de abandonarla, no nada más porque la narradora es mala mala, pésima, diría, de tan mediocre, constructora de lugares comunes y falsas intrigas, sino porque uno ya adivina el final gracias a la elocuente -?- descripción de los personajes, muy al estilo Disney, en que el malo es feo y los buenos son... son tontos. Entonces los puntos suspensivos, los capítulos en que la narración acaba en suspense, las elipsis, los olvidos incluso, llegan a parecer más bien faltas de ilación que partes importantes de una novela de intriga.
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La cereza en el helado es la autoinclusión de Montero como personaje ausente en la novela. Es una literata que se hace personaje literario -en la figura de una literata igualmente-, y que hace suponer -¡oh!, ¿cómo no lo adiviné antes?- que Lucía en realidad se llama Rosa, y es más tonta y mediocre de lo que parece.
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Mis respetos para Rosa Montero. Yo la conocí en una FIL y me pareció una persona muy agradable. Yo tengo la esperanza de algún día leer de ella algo que valga la pena. Por lo pronto, La Hija del Caníbal sólo merece que yo le recuerde a ella que la respeto mucho. Como obra literaria, como intento de ídem, cual maceta, no pasa del corredor.
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Moraleja, mis pequeños entusiastas: no pierdan su tiempo y vayan a ver la película. Si el tráiler de Youtube no miente, ésta será otra de esas honrosas excepciones en que la película está mejor hecha que la versión literaria de la misma trama. Además sale Cecilia Roth, ¿ya les dije que sale Cecilia Roth? A esa mujer, los directores cinematográficos y televisivos insisten en mostrarla asustada y temerosa. ¡Benditos sean! Con adrenalina a raz de piel, es notoriamente más guapa.
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¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

Tan guapa y tan chiflada, pero menos gay que su esposo Fito Páez, creo que es una de las pocas acrices argentinas que han logrado hjacer un nombre fuera de su país, junto con Dolores -tan famosa que ni su apellido recuerdo-, a quien no debemos olvidar en películas como "Mi hijo con Gael García" o "Vidas privadas" -la verdad no la he visto-, protagonizada precisamente por la Rothenberg y dirigida precisamente por el Páez

Victor H. Vizcaino dijo...

La vox populi hablo, y a la vox populi se le cumplió, yo solo soy un humilde representante del pueblo, y como representante, te digo que hiciste bien al tomar esa decisión, ya estábamos a punto de hacer golpe de estado y realizar unas verdaderas elecciones; ashhhhh, que ya no hablemos de política sabe!!!!!!!!!

Agus, que declaraciones tan abiertamente incriminatorias y desinhibidas te aventaste!!!!!! yo, peli teñido???!!!!!!! Jajajaja, no vino el envidioso pero te mandaron a ti, jajajajajaja, ntc.

Por cierto, si leí la recomendación 2008, ya haberlos comprado, pues hay si cambia el asunto, pero esta vez andamos desocupados en cuanto a literatura, la atención se centra en ser coqueto, sexy y guapo, jajajaja, tomando dato, y esta vez con tinta negra.

Esa señoras y señores es la actitud!!!!!!!!!!!!!!!.
Saludos.
Por fin regresa la paz y la tranquilidad así como la cultura y ambiente a este baile.