domingo, 21 de junio de 2009

Revuelta.

"¡Mátenme porque me muero!", grita una célebre frase popular que data de los tiempos de la Revolución de 1910 -como si hubiéramos tenido otra, y eso porque todas las frases populares que hay en México datan extrañamente de la Revolución de 1910-. Pero yo la traigo a colación porque muchos de ustedes han de estar pensando, ¡oh, seres de perpetua equivocación!, que este letargo en la aparición de mis entradas se debe únicamente a mi absoluta flojonería y mis nulas ganas de redactar algo que, valioso y dotado de los más altos extándares de calidad lingüística, ortográfica, sintáctica y editorial, dé a ustedes divertimento, cultura y sanidad mental -¿qué no está para eso "Muévete", con Maribel Guardia, o "La fábrica de risas", con La Chupitos?, 'tons no joroben y déjenme trabajar-.
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Pero no. Mi ausencia en este Baile, que ya se duele de la ausencia misma, se debe única y exclusivamente a que ando en 'inga en el trabajo reporteril. Ustedes entenderán, y si no pues ni modo, que esto de las elecciones lo pone a uno en friega laboral cuando el periódico en que se labora habla precisamente de temas relacionados con política, poder, llaves de lucha libre y guerras sucias. Los candidatos han dado de qué hablar, y uno nomás se ha quedado mirando para pasar reporte a la ciudadanía lectora e informar. Mi labor, digo yo, no es la del participante, sino la del espectador chismoso.
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Regresando al tema, me he visto en tal cantidad de vericuetos en torno al tema reporteril, que hoy día no sé si agradecer al cielo tanta experiencia adquirida en tan poco tiempo, o ir a hacerme una limpia. Sí, sí, me estoy dilatando en contarles, pero eso es nada más por un afán mercadológico de que sigan leyendo y, de paso, crean que este Baile es largo y tendido, y le den un voto más favorable en los premios de LaBlogoteca 2009, a que estamos nominados -¿ya se los dije? Pues no sobra la invitación: voten, voten, voten-.
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Resulta que, no estarán ustedes para leerlo, ni yo para escribirlo -"escrebirlo", dicen en mi rancho-, pero los miércoles suelen ser mis días críticos. ¿No tienen ustedes un "día crítico"? Usualmente es el lunes, pero varía: un día de la semana, cualquiera, en que todo conspira en nuestra contra y las cosas no salen bien, la leche se echa a perder, el cereal se aguada, nadie contesta las llamadas telefónicas y el camión pasa lleno y tarde. ¿Les suena? A que sí. El punto es que en mí, el día crítico es el miércoles, pero esta semana me sorprendió encontrarme conque el miércoles salió llano, mansito y feliz, y en cambio mi jueves fue detestable, turbulento y doloso.
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El jueves, pues, salí temprano de mi casa de flor y canto para buscar a Miguel Castro, candidato a la presidencia municipal de Tlaquepaque, que como ustedes sabrán, y si no se van enterando, es un municipio del sur de la Zona Metropolitana de Guadalajara -o algo así-, todo con el fin de hacerme un par de preguntas y cubrir un día de su campaña. Fui, pues, hasta Tlaquepaque, que en términos científicos equivale a decir que recorrí un montón de horas en camión. Llegué a una colonia tlaquepalquense que carece de lo más elemental -pisos de tierra entre la lista-, y esperé por Castro -que habla como Luish Miguelsh, ¡graciash!-, lindo y peinadito, sentadito en una banqueta que, según me dijo El Abelón, su encargadote de prensa, era el punto de reunión.
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En eso me marca La Gaviota, que no lo saben pero es mi subeditoracomanderinshief, y me avisa, tranquila y serena cual suele estar en días de cierre de edición: "¡Agus, o tengo en mi bandeja de entrada antes de que se vaya el sol tus fotos personales para hacerte tu credencial de prensa, o me veo en la penosa necesidad de poner una de mi perro y mandarte así, perro, a cubrir!". Así ni quien se raje, caray. "En diez minutos las tienes. Termino de cubrir el evento de Castro, que va a andar recorriendo calles de por aquí -a esas alturas yo todavía no acababa de saber si estaba yo efectivamente "aquí"-, corro al internet de la sala de prensa de Palacio de Gobierno, y te las mando". Eso, claro, en el entendido de que Castro no se iba a tardar, iba yo a levantar información rapidito y contundente, y el resto de mi tarde iba a ser chamba alegre en el centro de la ciudad.
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Ajá, ¿y mi nieve? Hora y media y de Miguel Castro nada, bajo el incesante sol de un jueves funesto en plena canícula. Otra hora y nada. En eso que me levanto y pido informes, yo bien reportero que soy, en una secundaria que quedaba cerca del punto de reunión. Me recibe en la secretaría un hijo de Elba Esther Gordillo, con todo y su mirada petulante -ya se la conocen, ¿o quieren que les ponga una fotito pa' que se acuerden de la mayestra?- y su vocabulario sindical, que incluye, en uso repetitivo e idiota, términos como "ocurre", "compañero" y "veritativo". Me dice que Castro no irá porque no se le antoja a él que vaya, y que me puedo yo ir saliendo "para afuera" por la puerta y "corriendito". Así pues sí.
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Sin más información, y cansado de quemarme los cachetes bajo el ardiente sol de las 2 de la tarde, corrí a Palacio de Gobierno y fui recibido por una veintena de policías que, para entrar, y contrario a lo que ocurre siempre, que hasta un sefardí con granadas al pecho podría pasar, me revisaron hasta por detrás de las orejas. Yo, pensando en que seguro La Gaviota estaría trinando y mordiendo el caucho de su silla de rueditas en la redacción de Crítica ante la ausencia de mis fotos, ni pelé el retén y, ya dentro del Palacio, corrí a la sala de prensa para mandar mi cara repetidas veces vía web a La Gaviota, que además escribe en TVNotas -¡uf!, qué mujer más completa-.
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Y en eso estaba cuando comienza a llover, y llegan dos compañeros fotógrafos mojadísimos a avisar que "aquello" -así dijeron- era un caos, "un desmadre", literal, y yo nomás pensando en que no encontraba las fotos y que mi subeditora estaría por mandar las de Canutito -su chucho-, con todo y sus manchas negras en los ojos. Cuando La Gaviota recibió mis fotos y pudo hacer feliz el trámite para mi credencial de prensa, volteé a enterarme que era "aquello", pero ya no tuve ni si quiera que preguntarles a los compañeros de otros medios: afuera, un grito cada vez más incesante comenzó a escucharse: "¡No al Macrobús!"
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En menos de diez segundos, estaba yo en el epicentro de una manifestación aguerrida y contundente que dejó hasta heridos. De las ventanas de la sala de prensa, se colgaban personas y nos veían a los reporteros con caras de amigos del gobernador -cosa que ni al caso, no caemos tan bajo-, y amenazaban con lanzarnos bombas molotov, o consigas, o cosas más feas como fotos de Elba Esther Gordillo -¡y dale!- Yo, como el chino, nomás milando, esforzándome entre gritos y sombrerazos por terminar mis informes. Afortunadamente siguió lloviendo, con todo y el calor, y los manifestantes, que para eso de mojarse son bien collones, no aguantaron la refriega y se regresaron a sus casas, después, claro, de entregar un pliego petitorio que llegó a la sala de prensa mal redactado y mal fotocopiado.
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Y sal de ahí antes de las 6 para correr a la Hermosa Provincina, una colonia local con un templote, para esperar a Aristóteles Sandoval, candidato del PRI a la presidencia de Guadalajara, hacerle tres preguntas y luego conseguir internet a altas horas para terminar la talacha. Otra hora aguanté bajo la lluvia, negándome a recibir tacos y tortas que los asistentes de campaña del Revolucionario Institucional entregaban a destajo, a gente regordeta y feliz que no decía que no. El Ari llegó, yo le hice las preguntas tras mucho esfuerzo por abrirme paso entre sus bien alimentados seguidores, y de ahí corrí a conseguir alojamiento en la casa de la menor de mis hermanas, que llegó también con trabajo atrasado a su residencia de recién casada, y que ni me peló.
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Ya ahí paró el jueves. De lo que pasó el viernes mejor ni les cuento. He llegado a la conclusión de que para problemones, me pinto solo. Háganse un favor, mejor, y voten por El Baile de la Coma para que los jueces de los premios 20minutos.es nos consideren bien y bonito. Y si les da pena votar por El Baile, de perdida recuerden su cita este 5 de julio con la democracia mexicana -sí, sí existe, pero sigue en construcción-. Lléguenle. El chiste, como verán, es votar.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Que quede claro que la revolución no fue tal cosa, empezó como tal y acabó peor... yo tampoco entendí.
El viernes encontré Crítica en el Chai, nunca lo había visto y no dude en tomar uno para taparme de la lluvia...jojojo, no es cierto, traía paraguas.
Sí, tuve varios de esos dísa en Mujer hoy, para bajarme la bilis solía caminar por el centro hasta que el cansancio fuera más fuerte que el enojo.
(Aclaración, no recuerdo haber puesto en mi entrada que hacía 10 años que no veía a mis amigas, lo que quise dar a entender es que hace más de 10 años como 10 años convivimos muhco en un paseo a Mazamitla, cosa que no se había repetido en mucho tiempo, aunque si las veo muy de vez en cuando.)
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