martes, 23 de junio de 2009

Lo comunico.

A mí, Slim me cae muy bien. No tengo nada contra sus millones, sus monopolios y sus vínculos -implícitos, explícitos, negados- con el poder. Creo firmemente que cada persona es totalmente libre de tener la cantidad y calidad de amigos, relaciones y contactos, que desee para su vida, y de hacer de sus negocios lo que pueda, hasta dónde la ley se lo permita. Slim no es ilegal, porque no hay ley en México que prohíba esa acumulación de capitales, ni ese acaparamiento de industria -sé que con esto ya me gané las alabanzas de El Apapachoquealivia, que ha vuelto a este baile como símbolo indudable de que se acabaron las clases y el verano ya llegó-.
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Por eso de que no tengo nada contra el señor rechoncho, que ha aparecido en las listas de Forbes de los hombres más ricos, influyentes -una cosa lleva a la otra, no habría necesidad de hacer dos listas-, y exitosos, en forma ininterrumpida durante los últimos años, siempre en escalada. No tengo nada contra él y hasta le deseo lo mejor. Creo que le dará lo mismo saber que espero que sus negocios crezcan y funcionen, pero igual se lo deseo.
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Pero una cosa es Slim, y otra cosa su internet. Llevo ya desde hace dos semanas batallando en casa con mi línea Infinitum -que es infinitesimalmente chafa y tendiente a la pérdida de señal. La primera vez me comuniqué, una señorita muy amable me atendió y me dijo que todo el problema de que tuviera yo internet de miada de paciente prostático -un día sí, otro día no, otro día a medias-, se reducía al cambio, sin cargo a mi recibo Telmex, del módem inalámbrico que ya no me acordaba yo, pero que estaba arrinconado en algún lugar de la casa proporcionándome muchas horas de diversión en línea.
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Vino un técnico, hizo el cambio, y santo remedio... por tres días. Tres días nada más tuve internet, y al cuarto, cuando quise entrar a checar mi agenda en línea, verificar mis contactos, jugar con mi amigo ruso damas chinas -no es mi amigo, pero él cree que sí, y se me hace "gacho" desmentirlo-, no sólo no tenía yo internet, sino que además el modem nuevo estaba en franca resistencia a ser desconectado.
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Volví al hasta entonces fabuloso recurso 01800, y ahora me atendió un joven que, como me escuchó muy angustiado, se apresuró a regalarme unos minutos de su valioso tiempo pronunciando un discurso sobre lo importante que era yo como cliente para ellos como empresa, que entendía por completo que estuviera yo guardando hacia mi línea Telmex toda clase de sentimientos amargos y rencorosos, y que aceptaba toda clase de ofensas en su contra con tal de que estuviera yo paciente, tranquilo y fuera muy feliz -como en cuento de hadas, pero con internet-.
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Tardé como diez minutos en contestarle. Cuando se dio cuenta que lo que yo sentía era sufrimiento y no ganas de matar a nadie, me explicó que lo mejor sería levantar un reporte y esperar que fuera un técnico a mi domicilio -no sé por qué nadie dice "casa" cuando hablan del lugar dónde vivo-. Asentí gustoso, y al día siguiente ya tenía yo en mi "domicilio" a un técnico con camisa azul rastreando por todas partes algo que él llamó "ruido", pero que yo no acabé de entender qué era porque sólo revisó cables, y no anduvo con estetoscopio buscando ninguna clase de tamborileo, música indeseable -para eso mejor le hubiera mandado al vecino, que nos despierta a las 6 con la Nueva Amor-, o algún decibel endemoniado.
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Total que el señor movió un par de cables, cambió a mi perro de lugar, eliminó la interferencia con dos ganchos de ropa y nos dejó con internet, y muy contentos. Al día siguiente, sin embargo, al querer "checar" mi correo, me entero que estoy otra vez sin la vital señal, y comienzo a pensar que todo eso del "ruido" fue una vil estafa para no decirme que mi casa -"domicilio"- no sirve pa' interne'. Llamo de nuevo, el joven en la línea me vuelve a dar todo un mensaje sobre cómo es que ellos están preocupados de que yo esté incomunicado -estuvieran más preocupados si no pagara mi recibo-, y me dice que levantará otro reporte -porque los reportes, como los cuartos, se levantan, no se envían ni se asean-.
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Hoy es martes, el reporte lo levanté desde el jueves, y todavía nada. En la mañana que hablé una señorita que dijo llamarse Mario -no pregunten-, me hizo conectar, desconectar, "resetear", mover al perro otra vez y dar mis datos. "Lo más probable es que haya tenido usted internet uno de estos días y no se dio cuenta, y por eso el reporte anterior se eliminó". Sabia respuesta. Lo más probable es que haya sido yo un asesino, o un ladrón, o un violador de infantes en la vida pasada, o lo que es peor, operadora de Telmex, y por eso ahora estoy pagando la penitencia. Me quedo con Slim. El café de Sanbors sigue siendo muy bueno. Como servicio de internet, su Telmex mejor ni hablemos.
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¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

Eso te pasa por vivir en un lugar al que ni las cucarachas han conquistado...
Para que te rías un poco te envieré un correo sobre esos odiosos trámites por teléfono.
Respecto a Slim, es cierto él no es una mala persona, no es un inconciete ricachón, el sistema sí que apesta, ya lo ha dicho Denisse Dreser, quien a él sí le contesta una llamada.
Besitos.

Andrés dijo...

Pues ése es el mejor ejemplo del tipo de negocios "legales" que hacen millonarios a los empresarios, -aunque todos saben que a él le ayudó cierto expresidente orejón a cambio de ser prestanombre de sus chuecuras-. Porque además de prácticas monopólicas, se suman las poco éticas y gandallas que caracterizan a sus múltiples empresas: sobre todo de telefonía.

Por ejemplo: Cobrar por un servicio no prestado o deficiente, llamadas no realizadas, engañar a los usuarios, etc.

Por lo que tiene el récord de demandas en su contra y de éstas ¿sabes que porcentaje han sido resueltas?.... te lo dejo de tarea y cuando tengas el dato me dices si te sigue cayendo bien el rechoncho magnate.

Saludos.