jueves, 25 de junio de 2009

God save the king.

El rey ha muerto, larga vida al rey. Cuando mi hermano el mayor -que es el único, porque lo más cercano que tengo a un hermano después de él es Nez, mi perro- me anunció la muerte de Michael Jackson, el rey del pop, pensé que ésa era otra de sus estrategias para hacerme mandarle un mensaje asustado, pidiendo información, rogando por conocer detalles, a los cuales siempre responde con un "¿No que no tenías tiempo para atenderme, reportero?" Así que no le contesté -ya van como veinte veces que sí caigo-, y me esperé a llegar a mi casa y prender la computadora para verificar la noticia.
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Y ándenle que sí. No tuve más que poner "Michael Jackson muere" y el completador de frases del buscador de Google se encargó de hacer el resto: más de quince mil enlaces a sitios de internet contenían la noticia, en inglés, español, francés, italiano y ruso, con títulos como "Fallece el rey del pop", "Muere de ataque cardíaco el famoso cantante" y "Se apaga la vida de la mayor estrella de la farándula". Hasta el bloggero más irreverente, inconsistente y asqueroso de la web, Perez Hilton, tenía su pequeño comunicado sobre el tema. Una vez más, lamenté no tener en mi celular televisión vía satélite para estar enterado desde las 15 horas, cuando el suceso cobró relevancia en las páginas de noticiarios, periódicos y medios diversos alrededor del mundo.
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Ahora viene la revancha. Michael Joseph Jackson, nacido en Indiana, según mis informantes, en agosto de 1958, miembro de una familia de nueve hermanos cuyo padre se dedicaba a la construcción, fue pobre hasta que su progenitor descubrió en por lo menos cinco de sus hijos guardaban un talento sorprendente para las cuestiones musicales. Con ellos, incluido Michael, formó la exitosa banda "Jackson Five", que le dio de comer, a costa de la explotación de los menores, diez largos años.
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En el 79, con Off the wall, Michael se separó del quintento y constituyó su carrera como solista. Dicho disco también le dio su primer Grammy, de los más de veinte que llegaría a ganar en toda su carrera, por el sencillo de sugerente nombre Don't stop 'til you get enough. De ahí, Jackson no pararía, por lo menos en veinte años, cosechando éxitos de toda índole, desde musical hasta cinematográfico. Thriller, en el 82, posicionó siete de diez sencillos en la lista Billboard, uno de ellos por más de 122 semanas -sí, contaron bien, casi dos años seguidos-, y vendió más de 140 millones de copias en todo el mundo. El video de la canción homónima, se convirtió en el primer éxito de la televisión musical, fundando MTV, cambiando la historia de la música -y la forma de hacerla, venderla y difundirla- para siempre... y constituyendo una de las secuencias de baile más parodiadas, repetidas y gustadas del siglo XX. Tras Thriller, la imagen del polémico cantante nunca volvería a ser la misma.
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Primero fue la creación, alrededor de 1983, del famoso paso de baile "moonwalk", que Jackson practicaba hasta hace poco y que parecía hacerlo flotar. A eso aunaríamos, en lo creativo, la formación de una indumentaria específica -casaca militar, cinturón grueso, sombrero y pantalones ajustados, además de zapatos bicolores-, y la constitución de toda una parafernalia mesiánica en torno a sus espectáculos y apariciones públicas -¿quién no recuerda el larguísimo comercial en que una estatua del "rey" era develada en medio de un desfile militar de inspiración bolchevique?-
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Pero también vinieron los malos pasos. Sus constantes cirugías estéticas, además del blanqueamiento químico de su piel -de afroamericano guapo y orgulloso, Jackson pasó a ser una mezcla terrorífica entre Diana de Gales y Catherine Zeta Jhones-, pusieron al cantante en la mira de la prensa de espectáculos. Pero lo más terrible vendría después, con la acusación, al parecer válida y comprobada, en contra del "Rey del pop" por actos de pedofilia y abuso de menores, después del año 2000. Tras el golpe, Jackson no volvería a levantarse y brillar en el firmamento de la música con la misma intensidad: su disco Invincible, publicado en 2001, no fue tan popular como Thriller, llegando a vender a penas una veintena de millones de copias.
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En sus últimos años, la prensa -¡qué raro!- tomó al cantante por los pelos y lo arrastró a lo bestia. Si sus dos divorcios y el supuesto maltrato y abandono que hacía padecer a sus tres hijos no era suficiente para acabar con su tranquilidad, lo fue la forma en que los tabloides y medios diversos trataron su vida privada desde los primeros casos de acusaciones en contra del cantante por abuso sexual de menores, y también desde las primer muestras de excesos en el bisturí que el famoso cantante estaba cometiendo.
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A cada aparición pública del cantante, cada vez menores en los últimos ocho años, la prensa redobló esfuerzos por enlodar la imagen del "rey", y Jackson redobló esfuerzos por negarse hablar. Publicaciones como People y Ok hicieron su agosto con los continuos procesos judiciales en que se vio implicado Jackson, y con su cada vez más deteriorada salud. El último caso, cuando Michael anunció que realizaría una serie de conciertos próximamente, la prensa entera se cuestionó cómo es que se vería el hombre de 51 años intentando hacer el famoso y gravitacional-desafiante "moonwalk".
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Nadie paró mientes que destruía una vida, o a nadie le importó. Carne de cañón para titulares, parodias del cada vez más indigesto humor estadounidense, y pérdida absoluta para una industria discográfica que, si algo necesita hoy día, es minas de horo como Jackson lo fue un tiempo. La muerte de Michael, acaecida hoy, no viene más que a refrescar aquella vieja idea que Britney, Mariah Carey y otras tantas, han experimentado en carne propia: en la industria de la música popular, ser una estrella tiene fecha de caducidad. Tu talento o tu inteligencia -Madonna es el caso más obvio- podrían sacarte adelante, pero nadie te asegura que el próximo productor de tu disco o tu próximo asesor de imagen, harán contigo un trabajo de continuidad. La edad, la variación del peso y los problemas familiares, son para las industrias del espectáculo más redituables que tu capacidad de reinventarte. Fin del caso. El rey ha muerto, y veo difícil que alguien supere su ingenio y estrella en el panorama actual -¿se imaginan a los Jonas Brothers haciendo algo como Jackson? risas por favor-. Veo difícil también que entienda la prensa, el empresariado de espectáculos, el resto de los industriales que viven de la derrota ajena. Veo también difícil que nuestra genidalidad produzca Mozarts, Beethovens, Carlos Gardels. Hoy, cuando la comida chatarra va en aumento en nuestras dietas, también la música chatarra va en aumento en nuestros oídos. Fin del tema.
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¡Salud!

4 comentarios:

Andrés dijo...

Señor Editor-reportero de éste tan interesante blog literario-informativo; Sólo tengo dos detalles que comentarle:

1) En una sociedad donde el dinero está por encima de todo (incluida la reputación de una persona y hasta la vida misma), y cuando hay tanto $$ de por medio. No es extraño que se lancen demandas contra personas públicas. Ya que sea culpable o no, las jugosas ganancias por entrevistas y publicaciones estarán aseguradas.
Sin embargo coincido con el enfoque de la noticia.

Y 2) Éste es la clase se sitios que vale la pena recomendar.

Wendy Piede Bello dijo...

Un pederasta menos en el mundo, gracias.

Wendy Piede Bello dijo...

Un pederasta menos en el mundo, gracias.

Victor H. Vizcaino dijo...

Como dijo Dante; adquirió ciudadanía divina.
Descansa en Paz.