domingo, 7 de junio de 2009

Calor a mí.

¡Qué terrible es el calor! A mí, como a los otros tapatíos que veo a diario caminando por las calles de esta occidental ciudad, me pone de malas. Yo he detectado, no sé cuál sea el standar de ustedes, que a partir de los 20° ya estoy irritable y comienzo a decir cosas de más. Cuando la temperatura sobrepasa los 25°, olvídense en mí de la diplomacia, la alabanza y el cariño. Fiero me vuelvo, y fiero me pongo. Hoy he llegado al grado de bañarme tres veces al día, y amenazo con la cuarta si este calor tan tremendo me sigue desconcentrando para terminar la pila de trabajos atrasados que tengo sobre el escritorio.
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¡Qué terrible es el calor! Si somos seres destinados al equilibrio, en nada se manifiesta tanto nuestra pérdida del sentido ante los extremos como en la temperatura corporal. Vean la gente en los carros, en el alto, o contémplenla andar por las calles, pegaditas a la sombra, mientras el lado alumbrado por el incesante Sol no luce un alma. Miren a la maestra en la escuela dejando menos actividades, mientras los niños, que podrían aprovechar para llevarse la fiesta alegre y evadir sus responsabilidades civiles, se quedan dormidotes en las butacas, mientras los Cheetos con Frutsi del recreo hacen la digestión.
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¡Qué terrible es el calor! Y cuando se acercan las elecciones estatales, ni le muevan. Parece como si alguien apretara un botón de pánico, y todos los candidatos corrieran como gallinas cuando entra el zorro al corral, o como pitufos cuando asoma Gargamel. Unos por acá, otros por allá, se despeluchan, se controversian, se abrazan y luego se reclaman mutuamente las alianzas no dadas y los antidopings mal planeados. Yo no sé cómo es que al IEPC se le ha ocurrido planear debates y elecciones en tiempos de calor. ¿No sería más cómodo votar en diciembre, cuando todo mundo se regala cosas y la guerra sucia es un simple mito canicular? ¡Qué diferente sería nuestra democracia si se entablara en Navidad!
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¡Qué terrible es el calor! Una cuarentena de niños mueren lamentablemente en Sonora, y el calor tiene la culpa. El calor y las autoridades que salgan responsables por el nulo apoyo al cuerpo de bomberos, y la localización peligrosa de guarderías. Ésta vez, el drama podría haber sido menor si lo que hubiera iniciado el incendio fatal no fuera una llantera. ¿Una llantera junto a una guardería? Sí, en un país dónde otorgar permisos de construcción y comercio o te sale muy caro, o no te sale.
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¡Qué terrible es el calor! Los acontecimientos de la semana delatan calor. Calor de ánimos, en los miembros y dirigentes de los partidos políticos, que no paran de hablar ni porque hace calor; calor ambiental, en pavimentos que no dejan dormir y árboles que tanta falta hacen; calor sexual, en la muerte del actor David Carradine, mejor conocido como Bill en la bilogía de Tarantino Kill Bill, cuyo cuerpo -el de Carradine, que no el de Tarantino (¡bueno fuera!), fue hallado desnudo y amarrado de los genitales en la habitación de un hotel en Bangkok, en lo que podría llamarse un acto de "suicidio masturbatorio".
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¡Qué terrible es el calor! Aleja la concentración, irrita los ánimos y condena las palabras. Lo que nace de nuestras bocas en calor, es la mitad de lo que quisiéramos decir. Ayer, La Zucaritas -por respeto vuelve a su anterior apodo, aunque el ya acuñado de La Megabirotona sea tan cómico y fructífero para su imagen pública-, andaba de malas y me confesó que no piensa volver a poner un pie en una iglesia. Sé que cuando llegue el rocío nocturno y la bañe, se le bajará y volverá a sus actos sacramentales, pero mientras eso pasa, ¡qué susto!, ¡qué terrible es el calor!
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¡Salud!

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

I Know, y más terrible es para los que vivimos la encarnación del tercer mundo en el camión 380 -Ruta altamente caliente que incluye masaje y sauna por 2.50 si eres estudiante, con un recorrido turístico por todo el periférico-.
Veámoslo por el lado positivo, es motivación para el siguiente año no caer en sus garras de nuevo y traer un lujoso carro con aire acondicionado, ya dije. (el (El “ya dije” alude al autor de dicha entrada, afirmando un hecho).

Saludos, Víctor Vizcaíno -a la mitad de su licenciatura- eaea.

Wendy Piede Bello dijo...

supongo que la frase "como burro en primavera" no considera los invovenientes del calor, que hacen de un comúnmente peligroso viaje en autobús, uno mortalmente peligroso, pues con el chófer y los pasajeros, más los automovilistas de mal humor, ya es toda la ciudad e mal humor. Sin duda son buenos días para reconsiderar las virtudes del Tren Ligero...
Aprovecho para sumarme a las protestas en contra del Macrobús en Río Nilo, porque no sólo serán muchos, muchos, muchos árboles sacrificados, sino muchos muchos muchos millones que ganarán por los menos los dos próximos gobernadores, además del pendejo que se encuentra en turno.
No al MacroBús, sí al Tren ligero.