viernes, 26 de junio de 2009

Huesos.

Una osamenta fue encontrada en el Congreso local. "¡Qué bárbaro! ¿Y así te llamas reportero, periodista, amante de la información? Esa noticia la supimos nosotros hace semanas, y cuando indagamos en tu mediocre blog para encontrar tu opinión al respecto, nos quedamos como ciudadanía tras ganar la elección: puras esperanzas marchitas en las manos", dirán ustedes, y agregaré que con justa razón, cuando traigo ahora a colación, a semanas de acaecido, el misterioso -ya no- hallazgo -ya tampoco, hoy acabo de pasar por ahí y la sanjilla está cubierta y el mosaico resanado- de una osamenta en un patio del Congreso del Estado.
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Pero conforme pasan los días llego a la conclusión de que este tipo de cosas sólo merecen ser tomadas como noticias cuando se les mira con humor, y que para verlas con humor hace falta dejar que pasen, circulen, y mil voces de tzentzontle hablen de ello. Así que al ver hoy la sanja cerrada -¿es sanja o zanja? Se admiten aclaraciones de carácter ortográfico-, en uno de mis recorridos por el Congreso camino a su sala de prensa, me acordé que no había reído con ustedes del hallazgo, y no lo había subido al baile para darle su meneada.
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Resulta ser que un grupo de arqueólogos encontraron restos óseos en el comedor público del legislativo local. La prensa entera fue a tomar fotos, se acordonó la zona -por lo mismo, yo creo, da la casualidad que dónde está la prensa, se acordona la zona-, se miró pa' todas partes y se decidió por fin que sí, que esos eran huesos y no pedazos de cal ni fósiles marinos que datarían de la época en que el Congreso estaba bajo el amor (ojalá así se hubiera quedado), y se mandó traer a un experto en materia de restos orgánicos: no, no un recolector de basura, sino un delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH, por sus siglas... pero no en inglés).
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El experto vino, miró, y dijo que lo más probable es que fueran de un soldado -?- muerto -si no lo dice, no se lo creo- durante alguna de las muchas guerras de la historia que han encontrado plaza en Jalisco. "Puedo adelantar que en este lugar estuvo un centro de actividad bélica insurgente importante durante la reforma, así que lo más probable es que el análisis de carbono catorce aplicado a los restos, nos oriente hacia esos años, la medianía del siglo XIX", explicó, bien conocedor, y todo mundo aplaudió.
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Por supuesto que la prensa hizo su agosto. Ésta es la clase de acontecimientos que nos hacen relamernos los bigotes y mirarle a todo el lado curioso: en un lugar dónde todo el que trabaja -dizque- vive del presupuesto social -comúnmente llamado "hueso"-, el hallazgo de huesos antaño enterrados, y en plena época electoral, cuando todos lo están buscando... ¡vamos! es un deleite a la opinión pública que goza de esta clase de chistoretes.
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Ahora bien, el delegado del INAH se llevó los huesos, les echó polvitos mágicos y dijo: "Sí, son viejos", pero los regresó porque no logró determinar raza, sexo, parentezco, apellido o nombre del occiso. Para eso tuvo que ser llamado otro experto, que midió, comparó, contrastó y declaró: "Son los huesos de un perro". La opinión pública ladró, los diputados dijero "uff" y todos contentos se pusieron a bailar. "Una perra, para ser más exactos", determinó el oseometrista, y más contentos se pusieron todos los diputados, que en últimos años andan robándose los micrófonos para ver cuál de ellos declara la cosa más sonora y "bonita" sobre la equidad de género. No faltó quien dijo que la aparición de huesos de perra y no de perro, evidencia la preocupación de la actual legislatura por darle espacio a la presencia femenina y su labor conciliadora. ¡Vámonos, para eso me gustaban!
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Ahora ya el tiempo pasó, los huesos los tiraron a la basura -o se los vendieron a Kentucky-, y fin del cuento. Uno pasa por el lugar y hay en el aire una extraña atmósfera de que ahí pudo pasar algo importante, pero que todo quedó en un hallazgo miserable en tiempos de una elección que pinta para desangelada, gris, "fea". ¿Quieren un dato para completar el chistorete? Los huesos fueron encontrados mientras trabajadores del ayuntamiento realizaban labores de reparación y remozamiento de las líneas de desague. Ajá, ya entendieron: buscando hacer fluir la mierda, los diputados hallaron hueso.
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¡Salud!

jueves, 25 de junio de 2009

God save the king.

El rey ha muerto, larga vida al rey. Cuando mi hermano el mayor -que es el único, porque lo más cercano que tengo a un hermano después de él es Nez, mi perro- me anunció la muerte de Michael Jackson, el rey del pop, pensé que ésa era otra de sus estrategias para hacerme mandarle un mensaje asustado, pidiendo información, rogando por conocer detalles, a los cuales siempre responde con un "¿No que no tenías tiempo para atenderme, reportero?" Así que no le contesté -ya van como veinte veces que sí caigo-, y me esperé a llegar a mi casa y prender la computadora para verificar la noticia.
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Y ándenle que sí. No tuve más que poner "Michael Jackson muere" y el completador de frases del buscador de Google se encargó de hacer el resto: más de quince mil enlaces a sitios de internet contenían la noticia, en inglés, español, francés, italiano y ruso, con títulos como "Fallece el rey del pop", "Muere de ataque cardíaco el famoso cantante" y "Se apaga la vida de la mayor estrella de la farándula". Hasta el bloggero más irreverente, inconsistente y asqueroso de la web, Perez Hilton, tenía su pequeño comunicado sobre el tema. Una vez más, lamenté no tener en mi celular televisión vía satélite para estar enterado desde las 15 horas, cuando el suceso cobró relevancia en las páginas de noticiarios, periódicos y medios diversos alrededor del mundo.
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Ahora viene la revancha. Michael Joseph Jackson, nacido en Indiana, según mis informantes, en agosto de 1958, miembro de una familia de nueve hermanos cuyo padre se dedicaba a la construcción, fue pobre hasta que su progenitor descubrió en por lo menos cinco de sus hijos guardaban un talento sorprendente para las cuestiones musicales. Con ellos, incluido Michael, formó la exitosa banda "Jackson Five", que le dio de comer, a costa de la explotación de los menores, diez largos años.
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En el 79, con Off the wall, Michael se separó del quintento y constituyó su carrera como solista. Dicho disco también le dio su primer Grammy, de los más de veinte que llegaría a ganar en toda su carrera, por el sencillo de sugerente nombre Don't stop 'til you get enough. De ahí, Jackson no pararía, por lo menos en veinte años, cosechando éxitos de toda índole, desde musical hasta cinematográfico. Thriller, en el 82, posicionó siete de diez sencillos en la lista Billboard, uno de ellos por más de 122 semanas -sí, contaron bien, casi dos años seguidos-, y vendió más de 140 millones de copias en todo el mundo. El video de la canción homónima, se convirtió en el primer éxito de la televisión musical, fundando MTV, cambiando la historia de la música -y la forma de hacerla, venderla y difundirla- para siempre... y constituyendo una de las secuencias de baile más parodiadas, repetidas y gustadas del siglo XX. Tras Thriller, la imagen del polémico cantante nunca volvería a ser la misma.
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Primero fue la creación, alrededor de 1983, del famoso paso de baile "moonwalk", que Jackson practicaba hasta hace poco y que parecía hacerlo flotar. A eso aunaríamos, en lo creativo, la formación de una indumentaria específica -casaca militar, cinturón grueso, sombrero y pantalones ajustados, además de zapatos bicolores-, y la constitución de toda una parafernalia mesiánica en torno a sus espectáculos y apariciones públicas -¿quién no recuerda el larguísimo comercial en que una estatua del "rey" era develada en medio de un desfile militar de inspiración bolchevique?-
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Pero también vinieron los malos pasos. Sus constantes cirugías estéticas, además del blanqueamiento químico de su piel -de afroamericano guapo y orgulloso, Jackson pasó a ser una mezcla terrorífica entre Diana de Gales y Catherine Zeta Jhones-, pusieron al cantante en la mira de la prensa de espectáculos. Pero lo más terrible vendría después, con la acusación, al parecer válida y comprobada, en contra del "Rey del pop" por actos de pedofilia y abuso de menores, después del año 2000. Tras el golpe, Jackson no volvería a levantarse y brillar en el firmamento de la música con la misma intensidad: su disco Invincible, publicado en 2001, no fue tan popular como Thriller, llegando a vender a penas una veintena de millones de copias.
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En sus últimos años, la prensa -¡qué raro!- tomó al cantante por los pelos y lo arrastró a lo bestia. Si sus dos divorcios y el supuesto maltrato y abandono que hacía padecer a sus tres hijos no era suficiente para acabar con su tranquilidad, lo fue la forma en que los tabloides y medios diversos trataron su vida privada desde los primeros casos de acusaciones en contra del cantante por abuso sexual de menores, y también desde las primer muestras de excesos en el bisturí que el famoso cantante estaba cometiendo.
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A cada aparición pública del cantante, cada vez menores en los últimos ocho años, la prensa redobló esfuerzos por enlodar la imagen del "rey", y Jackson redobló esfuerzos por negarse hablar. Publicaciones como People y Ok hicieron su agosto con los continuos procesos judiciales en que se vio implicado Jackson, y con su cada vez más deteriorada salud. El último caso, cuando Michael anunció que realizaría una serie de conciertos próximamente, la prensa entera se cuestionó cómo es que se vería el hombre de 51 años intentando hacer el famoso y gravitacional-desafiante "moonwalk".
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Nadie paró mientes que destruía una vida, o a nadie le importó. Carne de cañón para titulares, parodias del cada vez más indigesto humor estadounidense, y pérdida absoluta para una industria discográfica que, si algo necesita hoy día, es minas de horo como Jackson lo fue un tiempo. La muerte de Michael, acaecida hoy, no viene más que a refrescar aquella vieja idea que Britney, Mariah Carey y otras tantas, han experimentado en carne propia: en la industria de la música popular, ser una estrella tiene fecha de caducidad. Tu talento o tu inteligencia -Madonna es el caso más obvio- podrían sacarte adelante, pero nadie te asegura que el próximo productor de tu disco o tu próximo asesor de imagen, harán contigo un trabajo de continuidad. La edad, la variación del peso y los problemas familiares, son para las industrias del espectáculo más redituables que tu capacidad de reinventarte. Fin del caso. El rey ha muerto, y veo difícil que alguien supere su ingenio y estrella en el panorama actual -¿se imaginan a los Jonas Brothers haciendo algo como Jackson? risas por favor-. Veo difícil también que entienda la prensa, el empresariado de espectáculos, el resto de los industriales que viven de la derrota ajena. Veo también difícil que nuestra genidalidad produzca Mozarts, Beethovens, Carlos Gardels. Hoy, cuando la comida chatarra va en aumento en nuestras dietas, también la música chatarra va en aumento en nuestros oídos. Fin del tema.
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¡Salud!

miércoles, 24 de junio de 2009

Sobre la necesidad incontenible de abrir el paraguas.

Falso que ya empezó la temporada de lluvias. El reporte que Protección Civil hizo, en voz de su muy cotizado Mayor Dueñas, que es además de dirigente ágil y experimentado, un hombre que lo ha visto todo, el reporte ése, decía, a mí me viene francamente molesto. El Mayor, como ya dije, merece todo mi respeto, no así el diagnóstico que hizo la dependencia que dirige a principios de mes de que las lluvias iniciarían alrededor del 20 de junio. Ya va a ser 25, y las aguas ni sus luces.
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Este asunto me tiene francamente fuera de mis casillas. Yo, que soy un fanático de la lluvia, que no tolero, por ende, el calor, veo con muy malos ojos que en pleno junio, y tras el diagnóstico de Protección Civil, estemos todavía padeciendo calores y viviendo días soleados. No me malinterpreten: no tengo nada contra el sol. Entiendo que estimula la producción de vitamina e, y que fortalece los huesos, además de evitar en sus receptores los trastornos depresivos. Todo esto está muy bien. Que haya sol para que haya agricultura, fotosíntesis y alimentación, gente chapeteada y energía solar. Pero que deje de haberlo cuando el Mayor Dueñas diga que lo dejará de haber, y lleguen las lluvias a tiempo indicado.
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A eso hay que agregar que las imágenes del huracán Andrés -miren, como Andrés Manuel López Obrador, se llaman igual y lo destruyen todo-, tanto en televisión como en prensa escrita, nos dejan ver puertos mexicanos que están recibiendo toneladas de agua. Si ya de por sí odiaba la playa, ahora que sé que le está lloviendo a cántaros, me entrenga unas ganas tremendas de cerrar indefinidamente los puertos, a ver si así la lluvia migra tierra adentro y nos azota un tormentó.
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Es claro que estoy bromeando. Andrés nos hizo el h. favor de nada más rozarnos en su paso por el territorio nacional, y luego, muy bien portadito, acabado el berrinche terminó en tormenta tropical -la cual, por cierto, tampoco nos llegó-. Si nos hubiera pegado, no les cuento la de mar de lágrimas que correría. Si la influenza, la guardería ABC de Sonora, la crisis y los terremotos, nos han traído fritos en un alarde de acumulación de piedritas en el saco, un huracán remataría por completo nuestra capacidad de sentirnos esperanzados y desear un 2010 sin crisis, sin desempleo y con Froot Loops para todos -apoco no sería bien sabroso tener empleo y un platote de Froot Loops-.
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Lo que yo sigo deseando, con o sin huracán, es que vengan las lluvias. Las desea un servidor, y las desea la gente que, caminando por la calle, espera correr a refugiarse en la parada de un camión, estrenar sus paraguas recién comprados en Suburbia -¿saben de otra tienda que venda paraguas? Llevo tres años comprándoles el mismo modelito-, protegerse con el cuaderno, el periódico, la agenda o el TV Notas. Dice mi madre que cómo soy mentiroso, que sí ha estado lloviendo, pero que ando tan empelotado -?- en mis cosas -?- que se me ha pasado darme cuenta. Mañana me fijo. Si llueve, le pido a mis informantes que dejen de hacer la danza que desde la semana pasada les encargué, y regresen al baile. Si no, sugiero que todos elevemos plegarias y roguemos por lluvia. Ya es hora. Hacen falta. ¿Les he dicho que me ponen de buenas? Así es que, con los ánimos electorales a todo lo que dan, más vale que lleguen pronto o voy a andar fúrico cubriendo agendas -las boletas electorales, incluso, llegaron tan mojadas al Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco, que David Gómez y sus ayudantes tuvieron que sacar hasta las secadoras de pelo para orearlas-. Ya dije: o llueve o trueno.
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¡Salud!

Atropello.

No sé por qué la opinión pública se sorprende: Andrés Manuel López Obrador ya nos tiene acostumbrados a que lo suyo, lo suyo, es pasar por encima de quien se le ponga al brinco. Primero lo hizo sobre la posibilidad de un desafuero, argumentando “compló”. El asunto se arregló con un café en Los Pinos y nadie volvió a tocar el caso. Luego vinieron las elecciones, y como nadie le dio el gane oficial, oficializó el suyo propio y de los que le siguieron la corriente. “Si las instituciones no vienen a mí, yo las mando a freír espárragos y hago las mías”, pareció ser entonces su discurso oficial. Luego rayó en la insania, ¿o de qué otro modo llamaría usted a la decisión de autonombrarse “presidente legítimo”, con todo y ceremonia de investidura, designar su gabinete y, encima de todo, seguir viviendo del presupuesto perredista? Luego pasó sobre el asfalto de la avenida Reforma, y con él, sobre la ciudadanía también, y se estuvo ahí hasta que se dio cuenta que seguir pasando por sobre tanta gente, le estaba ocasionando más molestias que alegrías. Desde ese aciago 2006, AMLO ha pasado sobre el gobierno del Distrito Federal, encabezado por su antiguo achichincle Marcelo Ebrard, quien ahora ya no encuentra la manera de cerrarle el paso y decirle que ya no juega, que es mala influencia –influenza no- para él, y para su posible postulación a la presidencia en 2012.
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Ahora, lo acontecido en Iztapalapa es la muestra de otro atropello cometido por el “señor López”: como el Tribunal Federal Electoral no le dio la posibilidad de ser candidata jefa delegacional a su candidata predilecta, Carla Brugada, del Partido de la Revolución Democrática, cediéndole la candidatura a Silvia Oliva, AMLO se puso ogete y pidió a los perredistas reunidos en un mitin, realizado supuestamentamente con la intención de apoyar a ex candidata Miss Tachuela Brugada, que en las próximas elecciones no den su voto a la candidata del PRD aprobada por el Trife. Luego, como bien lo señala en cierto artículo editorial la periodista Carmen Aristegui, hizo de su discurso, acostumbrado como está a atropellarlo todo, un verdadero merengue, y terminó intentando convencer al candidato del PT, de nombre Rafael Acosta, better known as "Juanito", a ceder, de ganar, su puesto a Clara Brugada, la candidata perredista destituida por el Trife. ¿Van bien o me regreso?
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Todo esto, claro está, es perfectamente legal -?-: después de pedir a los partidarios del PRD que voten por el PT el próximo 5 de julio, cosa que a "Chucho" Ortega y sus compinches les cayó como plazo de pozole frío en primero de enero, para que luego "Juanito", ganón y risueño ex vendedor ambulante del Centro Histórico, renuncie a su ganado puesto público como presidente delegacional de Iztapalapa, que es un bastión del PRD que tiene muy feliz a sus integrantes, AMLO pretende que Marcelo Ebrard, hasta hace poco su incondicional, retome a Brugada como la ganona y la Asamblea capitalina la designe a ella nueva jefa delegacional. Total que si Iztapalapa, perredista, hace ganar al PT, su nulificado ganador cederá el puesto a la “ganona” de AMLO, perredista, y fin de la cuestión, y fin de la soberanía del voto.
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Si Andrés Manuel López Obrador no es un peligro para México, sí es un peligro para su partido. La reacción del PRD no se hizo esperar. Lo acusaron de vendepatrias, acarreador y comecuandohay. Nada nuevo en AMLO, pero como ahora sí molesta directamente al partido, la irritación provoca reacción, y el PRD analiza una posible expulsión. AMLO-acorazado kremlin, les manda decir a Jesús Ortega y sus agremiados que primero muerto lo sacan del Partido de la Revolución Democrática –tentadora opción-. El PRD responde que no le gustan las amenazas, y que “así sí” se ponga al brinco AMLO, de que se va, se va. Marcelo -apodado por las bajas huestes capitalinas "el carnal"-, se puso lívido al enterarse del retruécano de AMLO, y ya dijo que él, si le preguntan, prefiere respetar el voto ciudadano -ándale, ¡por fin alguien que piensa en todo este barullo!-
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Yo, personalmente, dudo mucho que el PRD se deshaga de Andrés Manuel. Se ha convertido en una molestia para todos ellos, pero también les sigue dando cámara. El pobre de Marcelo tendrá que esperar un poco para poder decir, en definitiva, “yo no conozco a ese señor, esto es una tomada de pelo”. AMLO, por lo pronto, dice que ya prepara una ofensiva legal contra el designio del Trife, nomás porque no le gustó. Si el Trife actuó, como él considera, con alevosía, ventaja y subjetividad, estaremos frente al debilitamiento de la imagen del principal organismo rectificador y justiciero de la democracia mexicana… ¡en pleno año de elecciones! Si, por el contrario, éste no es más que otro de los berrinches de López Obrador, habremos comprobado una vez más que, tramposa o no, la elección de 2006 fue bendita al no darle la presidencia de la república. ¿Qué hubiera sido de México con un presidente acorazado? ¿Qué del no existente “Estado de Derecho” con un dirigente antiinstitucional? ¿Qué de un hombre que niega todo error, y sólo se digna a recibir aplausos? Pobre México, diría el poeta, tan lejos de Dios, y tan cerca del Peje.
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¡Salud!

La delgada línea roja.

Línea delgada. Quizá la misma que se pinta para separar lo sexy de lo vulgar. Lo público y lo privado, cuando de actores políticos se trata –actores es un término que define mayormente lo que en últimas fechas nuestros políticos han demostrado que saben hacer-, son términos tan volátiles como relativos, inconcientes casi. Son públicos aspectos de la vida privada como el nombre de la esposa y los hijos, la escuela en que estudian y las casas, terrenitos y camionetotas que poseen. Son privados los aspectos públicos como las cuentas bancarias, las amantes y la propensión al consumo de cualquier sustancia ilegal.
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Por eso es por lo que apostarle a una “guerra sucia” que vitupere a un candidato tomando como flanco débil su vida privada, es tan irreverente como peligrosa. Creer que tratar al opositor como estrella de la farándula, ventilando su intimidad y desafiando su privacidad, hará llover votos a favor, es creer que se vive aún en una época en que a la gente le escandalizaba el número de amantes, borracheras, materias reprobadas o gramos de cocaína que una persona cargara en su historial. Es intentar que Guadalajara retroceda a dónde ya no puede permitirse estar: el atraso en el criterio y el rezago en la libertad y la tolerancia.
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Extraordinaria la apuesta de la página editorial del diario Mural –les debo la fecha- de colocar a los dos candidatos que protagonizan actualmente respecto al tema el “fuego cruzado” más lamentable de los comicios electorales de este 2009, Jorge Aristóteles Sandoval, candidato del PRI a la presidencia municipal de Guadalajara, y Jorge Salinas Osornio, postulante del PAN al mismo puesto gubernamental. Extraordinaria y evidenciadora: Salinas Osornio, quien había pedido a Sandoval se sometieran ambos a estudios de antidoping para delatar cualquier posible consumo de sustancias sicotrópicas –me gusta esa palabra: sepárenla y queda una siqué muy tropical-, reiteró en su artículo editorial la necesidad de que la ciudadanía indague sobre la vida privada de los candidatos antes de decidir su voto. Sandoval, por su parte, hace ver que poco importa lo mucho o poco que el candidato sea un desastre en su vida privada, pues lo que realmente interesa al pueblo, y al gobierno, y al ejercicio de la política, es lo sana, honesta y fructífera que pueda ser su labor al ganar las elecciones. Salinas aboga por el acceso VIP de la ciudadanía al más íntimo detalle de la vida del candidato, según le resulte de interés; Sandoval pugna porque haya un reducto de intimidad para el candidato, que al final de cuentas, dice, es un ciudadano, con derechos y obligaciones como otros tantos, entre ellas, claro, la capacidad de resguardar de las miradas ajenas lo que posee y lo que es, y que no está relacionado con el bien común, ni lo afecta en mayor medida.
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Cierto un porcentaje el punto de ambos actores políticos, falso también en una medida. Hágame un favor y sométase conmigo en un ejercicio mental, imaginativo, lúdico si quiere: piense ahora en el presidente de México o el gobernador de su estado, al cual considere el más honesto, el más trabajador, el “más mejor”. Póngalo sobre la mesa y busque en los archivos de la historia y el chisme –internet es un gran recurso para ello hoy día-, asuntos relacionados con la vida privada del “ganón”. ¿Halló algo morrocotudo, doloso, “feo”? Seguro que sí. Ninguno de ellos puede escaparse: el que no golpeó a un compañerito en el kínder porque le quitó el color de crayón que buscaba para completar su paisaje surrealista, soltó una declaración ya estando en “la silla” que hizo cimbrar a la nación y comprometió sus intereses al interior y al exterior. Piense en el “Haiga sido como haiga sido”, de Alberto Ramírez Acuña, uno de los gobernadores más queridos de Jalisco, o en el “¿Por qué no te callas?”, del rey Juan Carlos a Hugo Chávez –no mexicano, pero para que vea que la historia se repite sin cesar en el resto del mundo-. El juego de la política lo hacen humanos: nadie está exento entonces de poseer errores y distracciones en su ejercicio público.
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Entonces, indagar sobre la vida de un candidato para saber hasta si se saca los mocos, o qué marca de papel del baño usa, resulta intrascendente cuando lo que importa es cómo gobierne. Los mejores presidentes del país, los mejores gobernadores, han tenido vidas privadas dolorosas o han comprometido en alguna medida su “buena moral”. Los que han firmado tratados de inversión extranjera han incriminado a sus hermanos; los que han levantado autopistas y promovido el turismo, han golpeado a sus esposas. ¿Está forzosamente relacionado entonces la capacidad gubernamental con una vida privada albea, casta, pura, en limpio? No, en definitiva, no.
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Si Jorge Aristóteles Sandoval fuma marihuana, consume anfetaminas o va a los table dance –esto es sólo un decir- la ciudadanía, sin temor a juzgarla, estaría cometiendo un grave error si basara su voto en esa clase de conducta del candidato. Conozco fumadores de cannabis –chiste local, luego les cuento- que redactan los mejores ensayos en mis clases, y fans del “tubo”, el alcohol y la nicotina, que poseen las mejores ideas y los mejores ánimos para sacarlas adelante. Votar por un “buen hombre” para no votar por un “buen político” es retrógrado, falso y poco fructífero.
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Jorge Salinas tiene razón cuando dice que las cuentas de los candidatos hacia la ciudadanía deben ser claras. Ya nos entendimos, mi “George”, claras y contundentes, precisas, porque el electorado sí espera, sin lugar a dudas, que al votar elegirá un gobernante que no le haga chanchuyo, que no le robe, no le haga dar vueltas, que no lo “chamaquee”. Pero no espera un hombre sin tacha: espera un excelente jefe al mando. Yo conozco políticos sonrientes y bonitos, guapos y excelentes padres de familia –ya no sé qué es más importante, porque en la “guerra” política parece primar la imagen sobre la actuación-, que llegando al poder roban, y pésimos hombres que se van sin un cinco al terminar su mandato. Repito mi idea: lo que el candidato haga en su vida íntima, no determina en mayor medida lo que haga al gobernar.
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El debate debería basarse en el cumplimiento de propuestas, y en la facilitación de un marco legal que obligue al candidato electo a cumplirlas. Que lo arrincone contra la pared y lo vigile, sometiéndolo a la advertencia ya famosa que pronunciara el mexicanísimo chino Zen Lui Ye Gong: o coopera, o cuello. No sobre si uno fuma o roba, o si miente, porque ésas son cosas que todos podemos vernos obligados a hacer en algún momento. Faltar a la responsabilidad que implica un cargo de elección popular, no es un lujo: es un imperdonable fracaso.
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Yo, este 5 de julio, no podré votar por Salinas ni por Sandoval, porque no vivo en el municipio a cuya presidencia aspiran, pero si pudiera, votaría por el que me ofreciera una línea personal a la cual llamar para regañarlo, arrinconarlo y, en su caso, pedirle la renuncia. Gane el que gane, será nuestro asalariado. Yo, como todo patrón, exijo mi derecho de reclamo y réplica. ¿Mantendría usted a un mal trabajador, sea marihuano, ratero o violador? No, porque sobre lo que el empleado haga con sus horas libres, está lo que haga en la oficina, para bien de la empresa. En el gobierno, la empresa es de todos, y los patrones somos los votantes. El resto, es pura guerra… y bien puerca.
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¡Salud!

martes, 23 de junio de 2009

Lo comunico.

A mí, Slim me cae muy bien. No tengo nada contra sus millones, sus monopolios y sus vínculos -implícitos, explícitos, negados- con el poder. Creo firmemente que cada persona es totalmente libre de tener la cantidad y calidad de amigos, relaciones y contactos, que desee para su vida, y de hacer de sus negocios lo que pueda, hasta dónde la ley se lo permita. Slim no es ilegal, porque no hay ley en México que prohíba esa acumulación de capitales, ni ese acaparamiento de industria -sé que con esto ya me gané las alabanzas de El Apapachoquealivia, que ha vuelto a este baile como símbolo indudable de que se acabaron las clases y el verano ya llegó-.
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Por eso de que no tengo nada contra el señor rechoncho, que ha aparecido en las listas de Forbes de los hombres más ricos, influyentes -una cosa lleva a la otra, no habría necesidad de hacer dos listas-, y exitosos, en forma ininterrumpida durante los últimos años, siempre en escalada. No tengo nada contra él y hasta le deseo lo mejor. Creo que le dará lo mismo saber que espero que sus negocios crezcan y funcionen, pero igual se lo deseo.
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Pero una cosa es Slim, y otra cosa su internet. Llevo ya desde hace dos semanas batallando en casa con mi línea Infinitum -que es infinitesimalmente chafa y tendiente a la pérdida de señal. La primera vez me comuniqué, una señorita muy amable me atendió y me dijo que todo el problema de que tuviera yo internet de miada de paciente prostático -un día sí, otro día no, otro día a medias-, se reducía al cambio, sin cargo a mi recibo Telmex, del módem inalámbrico que ya no me acordaba yo, pero que estaba arrinconado en algún lugar de la casa proporcionándome muchas horas de diversión en línea.
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Vino un técnico, hizo el cambio, y santo remedio... por tres días. Tres días nada más tuve internet, y al cuarto, cuando quise entrar a checar mi agenda en línea, verificar mis contactos, jugar con mi amigo ruso damas chinas -no es mi amigo, pero él cree que sí, y se me hace "gacho" desmentirlo-, no sólo no tenía yo internet, sino que además el modem nuevo estaba en franca resistencia a ser desconectado.
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Volví al hasta entonces fabuloso recurso 01800, y ahora me atendió un joven que, como me escuchó muy angustiado, se apresuró a regalarme unos minutos de su valioso tiempo pronunciando un discurso sobre lo importante que era yo como cliente para ellos como empresa, que entendía por completo que estuviera yo guardando hacia mi línea Telmex toda clase de sentimientos amargos y rencorosos, y que aceptaba toda clase de ofensas en su contra con tal de que estuviera yo paciente, tranquilo y fuera muy feliz -como en cuento de hadas, pero con internet-.
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Tardé como diez minutos en contestarle. Cuando se dio cuenta que lo que yo sentía era sufrimiento y no ganas de matar a nadie, me explicó que lo mejor sería levantar un reporte y esperar que fuera un técnico a mi domicilio -no sé por qué nadie dice "casa" cuando hablan del lugar dónde vivo-. Asentí gustoso, y al día siguiente ya tenía yo en mi "domicilio" a un técnico con camisa azul rastreando por todas partes algo que él llamó "ruido", pero que yo no acabé de entender qué era porque sólo revisó cables, y no anduvo con estetoscopio buscando ninguna clase de tamborileo, música indeseable -para eso mejor le hubiera mandado al vecino, que nos despierta a las 6 con la Nueva Amor-, o algún decibel endemoniado.
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Total que el señor movió un par de cables, cambió a mi perro de lugar, eliminó la interferencia con dos ganchos de ropa y nos dejó con internet, y muy contentos. Al día siguiente, sin embargo, al querer "checar" mi correo, me entero que estoy otra vez sin la vital señal, y comienzo a pensar que todo eso del "ruido" fue una vil estafa para no decirme que mi casa -"domicilio"- no sirve pa' interne'. Llamo de nuevo, el joven en la línea me vuelve a dar todo un mensaje sobre cómo es que ellos están preocupados de que yo esté incomunicado -estuvieran más preocupados si no pagara mi recibo-, y me dice que levantará otro reporte -porque los reportes, como los cuartos, se levantan, no se envían ni se asean-.
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Hoy es martes, el reporte lo levanté desde el jueves, y todavía nada. En la mañana que hablé una señorita que dijo llamarse Mario -no pregunten-, me hizo conectar, desconectar, "resetear", mover al perro otra vez y dar mis datos. "Lo más probable es que haya tenido usted internet uno de estos días y no se dio cuenta, y por eso el reporte anterior se eliminó". Sabia respuesta. Lo más probable es que haya sido yo un asesino, o un ladrón, o un violador de infantes en la vida pasada, o lo que es peor, operadora de Telmex, y por eso ahora estoy pagando la penitencia. Me quedo con Slim. El café de Sanbors sigue siendo muy bueno. Como servicio de internet, su Telmex mejor ni hablemos.
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¡Salud!

domingo, 21 de junio de 2009

Revuelta.

"¡Mátenme porque me muero!", grita una célebre frase popular que data de los tiempos de la Revolución de 1910 -como si hubiéramos tenido otra, y eso porque todas las frases populares que hay en México datan extrañamente de la Revolución de 1910-. Pero yo la traigo a colación porque muchos de ustedes han de estar pensando, ¡oh, seres de perpetua equivocación!, que este letargo en la aparición de mis entradas se debe únicamente a mi absoluta flojonería y mis nulas ganas de redactar algo que, valioso y dotado de los más altos extándares de calidad lingüística, ortográfica, sintáctica y editorial, dé a ustedes divertimento, cultura y sanidad mental -¿qué no está para eso "Muévete", con Maribel Guardia, o "La fábrica de risas", con La Chupitos?, 'tons no joroben y déjenme trabajar-.
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Pero no. Mi ausencia en este Baile, que ya se duele de la ausencia misma, se debe única y exclusivamente a que ando en 'inga en el trabajo reporteril. Ustedes entenderán, y si no pues ni modo, que esto de las elecciones lo pone a uno en friega laboral cuando el periódico en que se labora habla precisamente de temas relacionados con política, poder, llaves de lucha libre y guerras sucias. Los candidatos han dado de qué hablar, y uno nomás se ha quedado mirando para pasar reporte a la ciudadanía lectora e informar. Mi labor, digo yo, no es la del participante, sino la del espectador chismoso.
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Regresando al tema, me he visto en tal cantidad de vericuetos en torno al tema reporteril, que hoy día no sé si agradecer al cielo tanta experiencia adquirida en tan poco tiempo, o ir a hacerme una limpia. Sí, sí, me estoy dilatando en contarles, pero eso es nada más por un afán mercadológico de que sigan leyendo y, de paso, crean que este Baile es largo y tendido, y le den un voto más favorable en los premios de LaBlogoteca 2009, a que estamos nominados -¿ya se los dije? Pues no sobra la invitación: voten, voten, voten-.
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Resulta que, no estarán ustedes para leerlo, ni yo para escribirlo -"escrebirlo", dicen en mi rancho-, pero los miércoles suelen ser mis días críticos. ¿No tienen ustedes un "día crítico"? Usualmente es el lunes, pero varía: un día de la semana, cualquiera, en que todo conspira en nuestra contra y las cosas no salen bien, la leche se echa a perder, el cereal se aguada, nadie contesta las llamadas telefónicas y el camión pasa lleno y tarde. ¿Les suena? A que sí. El punto es que en mí, el día crítico es el miércoles, pero esta semana me sorprendió encontrarme conque el miércoles salió llano, mansito y feliz, y en cambio mi jueves fue detestable, turbulento y doloso.
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El jueves, pues, salí temprano de mi casa de flor y canto para buscar a Miguel Castro, candidato a la presidencia municipal de Tlaquepaque, que como ustedes sabrán, y si no se van enterando, es un municipio del sur de la Zona Metropolitana de Guadalajara -o algo así-, todo con el fin de hacerme un par de preguntas y cubrir un día de su campaña. Fui, pues, hasta Tlaquepaque, que en términos científicos equivale a decir que recorrí un montón de horas en camión. Llegué a una colonia tlaquepalquense que carece de lo más elemental -pisos de tierra entre la lista-, y esperé por Castro -que habla como Luish Miguelsh, ¡graciash!-, lindo y peinadito, sentadito en una banqueta que, según me dijo El Abelón, su encargadote de prensa, era el punto de reunión.
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En eso me marca La Gaviota, que no lo saben pero es mi subeditoracomanderinshief, y me avisa, tranquila y serena cual suele estar en días de cierre de edición: "¡Agus, o tengo en mi bandeja de entrada antes de que se vaya el sol tus fotos personales para hacerte tu credencial de prensa, o me veo en la penosa necesidad de poner una de mi perro y mandarte así, perro, a cubrir!". Así ni quien se raje, caray. "En diez minutos las tienes. Termino de cubrir el evento de Castro, que va a andar recorriendo calles de por aquí -a esas alturas yo todavía no acababa de saber si estaba yo efectivamente "aquí"-, corro al internet de la sala de prensa de Palacio de Gobierno, y te las mando". Eso, claro, en el entendido de que Castro no se iba a tardar, iba yo a levantar información rapidito y contundente, y el resto de mi tarde iba a ser chamba alegre en el centro de la ciudad.
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Ajá, ¿y mi nieve? Hora y media y de Miguel Castro nada, bajo el incesante sol de un jueves funesto en plena canícula. Otra hora y nada. En eso que me levanto y pido informes, yo bien reportero que soy, en una secundaria que quedaba cerca del punto de reunión. Me recibe en la secretaría un hijo de Elba Esther Gordillo, con todo y su mirada petulante -ya se la conocen, ¿o quieren que les ponga una fotito pa' que se acuerden de la mayestra?- y su vocabulario sindical, que incluye, en uso repetitivo e idiota, términos como "ocurre", "compañero" y "veritativo". Me dice que Castro no irá porque no se le antoja a él que vaya, y que me puedo yo ir saliendo "para afuera" por la puerta y "corriendito". Así pues sí.
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Sin más información, y cansado de quemarme los cachetes bajo el ardiente sol de las 2 de la tarde, corrí a Palacio de Gobierno y fui recibido por una veintena de policías que, para entrar, y contrario a lo que ocurre siempre, que hasta un sefardí con granadas al pecho podría pasar, me revisaron hasta por detrás de las orejas. Yo, pensando en que seguro La Gaviota estaría trinando y mordiendo el caucho de su silla de rueditas en la redacción de Crítica ante la ausencia de mis fotos, ni pelé el retén y, ya dentro del Palacio, corrí a la sala de prensa para mandar mi cara repetidas veces vía web a La Gaviota, que además escribe en TVNotas -¡uf!, qué mujer más completa-.
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Y en eso estaba cuando comienza a llover, y llegan dos compañeros fotógrafos mojadísimos a avisar que "aquello" -así dijeron- era un caos, "un desmadre", literal, y yo nomás pensando en que no encontraba las fotos y que mi subeditora estaría por mandar las de Canutito -su chucho-, con todo y sus manchas negras en los ojos. Cuando La Gaviota recibió mis fotos y pudo hacer feliz el trámite para mi credencial de prensa, volteé a enterarme que era "aquello", pero ya no tuve ni si quiera que preguntarles a los compañeros de otros medios: afuera, un grito cada vez más incesante comenzó a escucharse: "¡No al Macrobús!"
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En menos de diez segundos, estaba yo en el epicentro de una manifestación aguerrida y contundente que dejó hasta heridos. De las ventanas de la sala de prensa, se colgaban personas y nos veían a los reporteros con caras de amigos del gobernador -cosa que ni al caso, no caemos tan bajo-, y amenazaban con lanzarnos bombas molotov, o consigas, o cosas más feas como fotos de Elba Esther Gordillo -¡y dale!- Yo, como el chino, nomás milando, esforzándome entre gritos y sombrerazos por terminar mis informes. Afortunadamente siguió lloviendo, con todo y el calor, y los manifestantes, que para eso de mojarse son bien collones, no aguantaron la refriega y se regresaron a sus casas, después, claro, de entregar un pliego petitorio que llegó a la sala de prensa mal redactado y mal fotocopiado.
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Y sal de ahí antes de las 6 para correr a la Hermosa Provincina, una colonia local con un templote, para esperar a Aristóteles Sandoval, candidato del PRI a la presidencia de Guadalajara, hacerle tres preguntas y luego conseguir internet a altas horas para terminar la talacha. Otra hora aguanté bajo la lluvia, negándome a recibir tacos y tortas que los asistentes de campaña del Revolucionario Institucional entregaban a destajo, a gente regordeta y feliz que no decía que no. El Ari llegó, yo le hice las preguntas tras mucho esfuerzo por abrirme paso entre sus bien alimentados seguidores, y de ahí corrí a conseguir alojamiento en la casa de la menor de mis hermanas, que llegó también con trabajo atrasado a su residencia de recién casada, y que ni me peló.
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Ya ahí paró el jueves. De lo que pasó el viernes mejor ni les cuento. He llegado a la conclusión de que para problemones, me pinto solo. Háganse un favor, mejor, y voten por El Baile de la Coma para que los jueces de los premios 20minutos.es nos consideren bien y bonito. Y si les da pena votar por El Baile, de perdida recuerden su cita este 5 de julio con la democracia mexicana -sí, sí existe, pero sigue en construcción-. Lléguenle. El chiste, como verán, es votar.
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¡Salud!

martes, 16 de junio de 2009

Nominación.

Un anuncio de última hora -o más bien, por la hora que se, de primera-: El Baile de la Coma, este blog de andanzas y trastos que ustedes tanto frecuentan -o intentan, cuando no se me va la onda, o las horas, y dejo de escribir en él-, este blog que me causa a veces dolores de cabeza, y otras tantas me sirve como aspirinita o sedalmerck con coca, El Baile de la Coma, ha sido NOMINADO a los Premios 20Blogs, que entrega la página española de noticias 20minutos.es, en las categorías de Diseño y Actualidad.
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A mí la noticia me viene muy bien. Para votar nada más necesitan tener un blog. No, por eso decía que no les voy a pedir que voten. Lo que pueden hacer es elevar el nivel de aceptación que tiene El Baile ya ganado en 20minutos.es (http://www.20minutos.es/), entrando en el apartado de "La Blogoteca", buscando El Baile del Coma y dándole muchas estrellitas, o, si lo prefieren, poniendo estrellas en el apartado destinado para eso en esta misma página (columna derecha, primer cuadro).
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Si gano, ya dije que dedicaré mi discurso de premiación a la asociación nacional de padres de familia, el gobierno del Estado de Jalisco y el Congreso de la Unión. ¿Por qué? Porque a esos tres armatostes inútiles nunca nadie les dedica nada -¿por qué será?-, y, quizá con un poco de suerte, haga subir al escenario a mis informantes y los vituperie frente a todo el público asistente al Kodak Theatre, parecido a lo que hizo Danny Boyle en la última entrega de los premios Óscar, pero con menos hindús.
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El premio es jugoso. Dentro de las dos categorías de nominación, hay dos posibilidades de premio: Mejor Blog 2009, que lo determina un jurado -imagino que conocedor del asunto-, con base en la actualidad que maneje el blog, la calidad en los contenidos, el número de seguidores, y un largo etcétera; y Mejor Blog por Votación, que determinan los participantes del premio. Yo, incluso, puedo votar a favor de otros blogs nominados. El premio para ambas categorías es una estatuilla y una cantidad monetaria... ¡en euros!, bastante jugosa -pues si es en euros, ¿cómo no va a ser jugosa? Ya estamos. Echen la suerte y las buenas vibras. Voten por el blog y serán salvados.
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¡Salud!

domingo, 7 de junio de 2009

Calor a mí.

¡Qué terrible es el calor! A mí, como a los otros tapatíos que veo a diario caminando por las calles de esta occidental ciudad, me pone de malas. Yo he detectado, no sé cuál sea el standar de ustedes, que a partir de los 20° ya estoy irritable y comienzo a decir cosas de más. Cuando la temperatura sobrepasa los 25°, olvídense en mí de la diplomacia, la alabanza y el cariño. Fiero me vuelvo, y fiero me pongo. Hoy he llegado al grado de bañarme tres veces al día, y amenazo con la cuarta si este calor tan tremendo me sigue desconcentrando para terminar la pila de trabajos atrasados que tengo sobre el escritorio.
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¡Qué terrible es el calor! Si somos seres destinados al equilibrio, en nada se manifiesta tanto nuestra pérdida del sentido ante los extremos como en la temperatura corporal. Vean la gente en los carros, en el alto, o contémplenla andar por las calles, pegaditas a la sombra, mientras el lado alumbrado por el incesante Sol no luce un alma. Miren a la maestra en la escuela dejando menos actividades, mientras los niños, que podrían aprovechar para llevarse la fiesta alegre y evadir sus responsabilidades civiles, se quedan dormidotes en las butacas, mientras los Cheetos con Frutsi del recreo hacen la digestión.
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¡Qué terrible es el calor! Y cuando se acercan las elecciones estatales, ni le muevan. Parece como si alguien apretara un botón de pánico, y todos los candidatos corrieran como gallinas cuando entra el zorro al corral, o como pitufos cuando asoma Gargamel. Unos por acá, otros por allá, se despeluchan, se controversian, se abrazan y luego se reclaman mutuamente las alianzas no dadas y los antidopings mal planeados. Yo no sé cómo es que al IEPC se le ha ocurrido planear debates y elecciones en tiempos de calor. ¿No sería más cómodo votar en diciembre, cuando todo mundo se regala cosas y la guerra sucia es un simple mito canicular? ¡Qué diferente sería nuestra democracia si se entablara en Navidad!
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¡Qué terrible es el calor! Una cuarentena de niños mueren lamentablemente en Sonora, y el calor tiene la culpa. El calor y las autoridades que salgan responsables por el nulo apoyo al cuerpo de bomberos, y la localización peligrosa de guarderías. Ésta vez, el drama podría haber sido menor si lo que hubiera iniciado el incendio fatal no fuera una llantera. ¿Una llantera junto a una guardería? Sí, en un país dónde otorgar permisos de construcción y comercio o te sale muy caro, o no te sale.
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¡Qué terrible es el calor! Los acontecimientos de la semana delatan calor. Calor de ánimos, en los miembros y dirigentes de los partidos políticos, que no paran de hablar ni porque hace calor; calor ambiental, en pavimentos que no dejan dormir y árboles que tanta falta hacen; calor sexual, en la muerte del actor David Carradine, mejor conocido como Bill en la bilogía de Tarantino Kill Bill, cuyo cuerpo -el de Carradine, que no el de Tarantino (¡bueno fuera!), fue hallado desnudo y amarrado de los genitales en la habitación de un hotel en Bangkok, en lo que podría llamarse un acto de "suicidio masturbatorio".
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¡Qué terrible es el calor! Aleja la concentración, irrita los ánimos y condena las palabras. Lo que nace de nuestras bocas en calor, es la mitad de lo que quisiéramos decir. Ayer, La Zucaritas -por respeto vuelve a su anterior apodo, aunque el ya acuñado de La Megabirotona sea tan cómico y fructífero para su imagen pública-, andaba de malas y me confesó que no piensa volver a poner un pie en una iglesia. Sé que cuando llegue el rocío nocturno y la bañe, se le bajará y volverá a sus actos sacramentales, pero mientras eso pasa, ¡qué susto!, ¡qué terrible es el calor!
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¡Salud!

sábado, 6 de junio de 2009

Atentar -políticamente hablando-.

Regreso al Baile. Regreso al Baile tras dos semanas controversiales, morrocotudas y adoloridas, pero de mucho aprendizaje. Tengo un mes en ceros, si las cuentas no me fallan, o con muy pocas entradas, muchos lectores fugados y hasta un perro vacunado -el imponente Nez ya no está en riesgo de rabia, al menos por doce meses-. Y lo que quisiera contar, analizar, precisar, sugerir y hasta mentar es tanto, que prefiero bajar la guardia y dejar que los temas salgan. No sé cuándo me dé tiempo de volver a sentarme y hacer esto, que tanto amo, pero confórmense por favor con saber que estoy haciendo otras muchas cosas, que también amo.
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El lío. Entre dos de los candidatos a la presidencia municipal de Guadalajara: Aritóteles Sandoval, por el PRI, y el muy mamerto Jorge Salinas, por el PAN. No vayan a creer que lo de "mamerto" es infundado: tan veraz es mi opinión, como que ya los entrevisté a ambos, y aunque ninguno me acaba de jalar del todo, le voy más a la política de "somos buenos amigos, respétame, y te respeto" que luce en su sonrisa y en su trato el Ari, que al "osea, weeeey, no me tomes fotos ni me preguntas cosas feas que me despeinassss", que vomita a cada respuesta el Salinas -¡ah, miren, están de moda!-. Con decirles que opté mejor por apagarle la grabadora, y que siguiera hablando solo, mientras yo asentía velozmente y tarareaba en mi mente "La chica de Hipanema", que La Casicasi ha descubierto como rola mantra exitosa de forma sorprendente.
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Pues resulta que, fieles a la tradición de las divinas enseñanzas de sus respectivos partidos, al par de pequeñuelos -es un decir- candidatos -es otro decir- les ha dado por armar una guerra de declaraciones que, como el Código Electoral del Estado de Jalisco ya no permite que se avienten jitomatazos en vía pública, ni luchen en el lodo -públicamente, puertas adentro cada quien puede hacer lo que quiera-, y mucho menos que se alcen en una batalla de pancartazos como el ya célebre "López Obrador es un peligro para México", o el todavía más juguetón "¿Tú le crees a Madrazo? Yo tampoco", como el Código sanciona incluso cualquier manifestación de "guerra sucia", pues los candidatitos le han apostado a un afrentación constante de los derechos del otro a gobernar.
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Viene ahora a mi mente aquella célebre escena del cine mexicano, en la primera o segunda parte de Los Tres García, cuando doña Sara García -Dios la tenga con cuidado-, abuelita de los interfectos malévolos que tenía como nietos, buenos para nada, inútiles y vividores rancherotes, interpretados por Pedro Infante, Abel Salazar y Víctor Manuel Mendoza, los agarró a bastonazos por tomar sus macetas como artículos de pelea. "Con mis macetas no, condenadotes, con los puños, como los hombres", les gritaba doña Sara. ¡Ah!, pues así mismo está el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, que ya les hizo saber a todos los candidatos que el primero que empiece a agarrar entrepiernas bajo el agua, va directito al rincón. Y como los interfectos candidatos son bien entrones, que dejan atrás -legalmente- las controversias, y se agarran del tú al tú.
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Ayer, por ejemplo, mis castos -es un decir- ojos contemplaron una escena circense digna de la dirección de Juan Osorio: retado por Salinas a hacerse un antidoping, Sandoval llegó a la cita, frente a multitud de medios, dispuesto a arrancarse un mechón de su preciosa cabellera para que fuera analizado cualquier rastro de sustancia sicotrópica en él. Y que empieza la peluqueada, y que está ya recolectada la muestra cuando a la analista que llevó Aristóteles, que tenía cara como de médico de comercial de pomada para las hemorroides, se le ocurre decir que ellos no tienen máquina para medir marihuanos, así que van a tener que enviarlo a otro laboratorio. Y el Salinas que se prende y lo acusa, ahí mismito, de moto y mentiroso -pidiendo perdón por lo de mentiroso, claro está-. Y Sandoval que se indigna, agarra su mechoncito, se sube a su Chevrolet Passat y se va. Y Salinas que se queda con los medios, y les dice "¿Ya vieron, ya vieron? Ari me tiene meeeello, Ari me tiene meeeello". Y los medios que se ríen, y la opinión pública que suspira, y el estado de Jalisco que supura. Y el cuento que no acaba.
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Ahora sumen una campaña desangelada, un montón de candidatos irreconocibles -o desconocidos, que es lo mismo, pero no es igual-, y un ánimo de la ciudadanía que está pa'l traste, rayando con el nabo. ¿Qué se obtiene, mis estimados electores? Votos nulos. Y corre la campaña, y se arman de palabras, y más de la mitad de la población en Jalisco amenaza no con no votar, que eso sería desacato, irresponsabilidad civil, ¡pecado!, sino con hacer nulo el voto. Y qué felices todos, tachando logos en la boleta hasta de más, nomás para que no valgan. O escribiendo recados para el dirigente de casilla. O diagramas culturales del tipo de "puto el que lo cuente". Y nuestro sistema electoral gastado, y nosotros votando de más.
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No es opción. Me disculpan los que crean que es un gran avance anular el voto, una ideota, una invención digna de aplauso. Sus motivos tendrán para creer lo que creen, pero no es opción. No en una democracia como la mexicana, que con traspiés y derrotas ha alcanzado apenas 9 años de vida. Dejen el voto nulo como asunto para democracias como la francesa, que supera los doscientos años, o la inglesa, que por ahí anda. A nosotros nos toca participar. Tu voto anulado, es un voto que el gañán que entró después de ti a la misma casilla dará al PRI, un voto que significará más fortaleza para los partidos "de siempre" -que desearíamos, fueran los de nunca-, más capacidad a los grandes, y la desaparición paulatina, extremista me veo, de las opciones "diferentes", como el PSD, Nueva Alianza, o los que se agregan a la lista.
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Investiga las propuestas de tus candidatos, infórmate, no creyendo que todos llegarán al poder y se olvidarán de ti. Es posible que lo hagan, pero entonces tendremos a la mano otras formas de moverlos a la acción. Ahorita, a ti, a mí, nos toca informarnos, apostarle al "menos peor", tachar una sola casilla, conforme lo marcan los estatutos, y esperar un conteo sano y provechoso de los resultados. Nuestra política es un circo. No hagamos de las elecciones un acto de riesgo a la democracia, un atentado a la razón.
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¡Salud!