miércoles, 6 de mayo de 2009

Tránsito.

Transamerica (E.U., 2005) ha sido mal promocionada. Holliwood, como suele sucederle con frecuencia, se ha atontado en bien de la venta y la consecuente ganancia. La fábrica de ilusiones americana ha entendido mal su función en la difusión del filme, dirigido por Duncan Tucker. Transamerica no es la historia de un transexual. A duras penas se trata del seguimiento del caso de un homosexual cualquiera que no está conforme con su naturaleza. Transamerica es una visión del ser humano en su perpetua búsqueda del sentido, en el proceso de abrazar su felicidad. Y punto.
.
Lo que el guión -también de Tucker- construye alrededor del caso particular de dicho hombre homosexual, Stanley Schupak, es otra cosa, no propiamente el eje central del filme. Stanley ha decidido cambiar de sexo, inconforme desde su nacimiento con el que le ha tocado por mero azar cromosómico. Todo va bien: ha tomado hormonas para completar el proceso de cambio, ha modificado evidentemente su fisionomía, su arreglo, sus gustos y sus maneras, incluso ha recurrido a apoyo sicológico para soportar el golpe sicológico del cambio. Incluso ha adoptado un nuevo nombre, Sabrina (Bree) Osbourne. Todo viento en popa para él, hasta que, en espera de irse a Los Ángeles para completar el proceso de cambio con una vaginoplastía, recibe una llamada de un jovencito de 17 años, Toby Wilkins, quien clama por su padre.
.
Se cae el teatro. Stanley Schupak descubre que tiene un hijo, y que éste pide su presencia ante su culpabilidad en actos delictivos que lo tienen recluido en cierto centro de readaptación social en Nueva York. Stanley tendrá que ir hasta la ciudad más famosa de la Unión Americana para ayudar a su hijo, convenciéndolo con engaños de que lo acompañe, ocultándole su verdadera identidad y vendiéndole la imagen de la dulce y caritativa Bree, quien ni de lejos es su madre, todavía menos su padre.
.
Y padre -en proceso de ser madre- e hijo comienzan entonces un viaje a través de los Estados Unidos, uno con la idea de reencontrar al otro con su pasado y hacerle saber la verdad -el ingenuo de Toby cree que su padre fue mitad cherokee-, y el otro con la idea de finiquitar su identidad y darle un nuevo brío. Ya imaginarán que el choque entre los personajes atrae el caos: Bree que quiere ser Bree, y un adolescente que no sabe ni para dónde va. Bree que ha dejado inconclusas siete carreras profesionales, y un adolescente que se droga, se prostituye, reniega de todo y se evade. Un hombre, que no desea serlo, y su hijo, que busca desaparecer a toda costa, salir huyendo.
.
Transamerica tampoco es una road movie. Aunque gran parte de la cinta y las mejores escenas suceden en el proceso de viaje de ambos personajes, el filme, protagonizado por Felicity Huffman y Kevin Zegers, está lejos de pertenecer al género de las películas de carretera: es la historia de un viaje, sí, pero como dije antes, un viaje del ser humano en el proceso de alcanzar su estabilidad, su seguridad personal y su dicha. La carretera, junto con la operación de sexo de Sabrina Osbourne, pasa a segundo plano.
.
En el primer plano está la magistral actuación de Felicity. El personaje de Bree parece haber sido creado ex profeso para ella, y prueba de ello es que la Academia le regaló a la actriz de Esposas Desesperadas una nominación al Óscar por éste que es su primer trabajo cinematográfico. Huffman se luce, se hace en su personaje y uno ni siquiera tiene que hacer el esfuerzo de evitar pensar que ese hombre que aparece en el filme vestido de mujer, es en realidad una mujer -otra vuelta de tuerca-. El talento actoral de Felicity, su maravilloso dominio del arte escénico, además de la naturalidad con la que aparenta ser un hombre que desea ser una mujer, hacen de su paso por la cinta una delicia, un rotundo recordatorio a todo el cuerpo actoral holliwoodense de que los aplausos se ganan con talento, y el talento con vocación y entrega.
.
En primer plano también está la buena dirección de Tucker, quien hace acopio de toda clase de elementos contextuales para mantener al espectador al margen de la privacidad de Stanley-Sabrina, dejando al personaje protegido, antes, durante y tras su cambio de sexo: la presentación de los padres de Stanley, y el énfasis en la personalidad de su problemática madre; la escenificación del proceso de degradación al que ha llegado Toby, el hijo del transexual, en su afán por conseguir más drogas, por volatilizarse más rápidamente; la incapacidad que posee un ser al margen de lo social como Stanley-Bree para encontrar el amor, para vivir plenamente en un mundo que censura lo que no pertenece a cualquiera de los dos extremos que ha creado: hombre o mujer, heterosexual u homosexual.
.
En primer plano, una cinta bien elaborada, pero mal vendida. Si el slogan fuera: "Un hombre en busca del sentido", en lugar de "hay secretos inconfesables", Belladonna Productions, encargada de la distribución del filme, cometería un acierto en pro de la verdad. Transamerica es una historia que nos recuerda, antes que cualquier cuestión en torno al sexo y sus órganos implicados -"todos", diría Anabel Ochoa, "porque también se coge con el corazón"-, que la vida es un viaje, y el proceso de encontrarnos, reconocernos y aprender a amarnos, una de las más difíciles jornadas de ese viaje. La influenza se va. Transamerica no. Chéquenla. No pasa de que descubran algo de ustedes en la vida de un hombre cualquiera con ganas de cambio.
.
¡Salud!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola,
Dime una dirección de e-mail donde escribirte. Tengo una información que quizá te interese incluir en tu blog.
Mi correo: janaru@gmail.com

Un saludo.

Wendy Piede Bello dijo...

La vi con mi madre hace años, y con Eva hace poco, definitivamente es para verse más de una vez.
Yeah, it's like...