sábado, 25 de abril de 2009

¡Oinc!

Resulta ser que en México hay hombres y cerdos. Los unos, dotados -dice la tradición- de razón e inteligencia, van y vienen diariamente a sus labores, o sus desquehaceres, y se gastan el dinero que ganan en fiestas de quince años, bautizos, idas al mar o chocolates que conmemoran ocasiones especiales. Los puercos, en cambio, viven en corrales -en el mejor de los casos, porque sé de un vecino que tiene uno en su sala-, son amantes de la mugre, comen de todo y su carne es altamente cotizada entre los amantes de la garnacha y el tlacoyo.
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Notarán que hombres y cerdos son seres muy distintos. Mientras los primeros construyen -y destruyen- sociedades, los segundos las alimentan, o las proveen de diversión -¿nunca han jugado al lechoncito encebado? ¡De la que se han perdido!- En el caso de México, sobre todo en lugares como Michoacán, con la presencia de las carnitas, o en toda la república, con el chicharrón, la salchicha, el chorizo, tocino y el pibil, tenemos una filiación al puerco que, más que tremenda, raya en lo insalubre. A eso súmenle que por temporadas hemos adoptado como ciudadanos ejemplares a la muppet Peggy, Puerquito el de Winnie Pooh y Babe, el cerdito valiente, y verán que nuestra relación con el cerdo es peligrosa.
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Pues ándenle que en una de ésas, nuestro fiel amigo el cerdo nos avisa que trae con él un petit virus de la familia de los Orthomyxoviridae, conocido como Influenza C. Lo de la "C" no es gratuito: mis informantes me avisan que hay Influenza tipo "A" y tipo "B". Lo malo de la "C" es que es rara, y son portadores de ella sólo el puerco -¡oing!- y el ser humano -¡asumecha!- Y lo peor de todo, es que la rapidez con que el virus muta hace muy difícil -y costoso, que en el caso de un sistema de salud como el mexicano es lo que priva más- el desarrollo de un fármaco que lo controle, aisle y cure.
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Los síntomas son los mismos que los de la gripa, porque el otro nombre que la gripa tiene, que en realidad es su nombre oficial, es, ¿adivinan? ¡influenza! La tipo A y B, y sobre todo la B, son las que suelen pegarnos cada diciembre, y que nos hacen aparecer -malévolas que son- en las fotos de las reuniones de navidad con narices de Rodolfo el reno y ojitos vidriosos y apagadones. La cosa de la influenza tipo "C" es que es rarísima, a tal grado de que en la Secretaría de Salud ni las secres, ni los asistentes, ni el director, la conocían.
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El primer caso se reportó oficialmente hace unos días en el Distrito Federal, cuando la epidemia ya olía a pandemia tras cobrar la vida de 23 personas. Hoy, en pleno inicio del fin de semana, el carnal Marcelo -Marcelo Ebrard, para los cuates y los intelectuales- ya anunció que la cosa está controlada mientras todo el mundo de chilangos que son no se saluden de mano y beso, no intercambien saliva ni mocos, y no anden en tumulto o conjuntos huastecos de más de dos.
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A difícil tarea ha condicionado don Marcelo el control de la influenza en la ciudad que gobierna, que además, cabe recordar, es la capital del país. ¿Cómo pedirle a una muchedumbre de por lo menos 10 millones de habitantes que no haga aglomeraciones? Para los capitalinos, salir a comer, ir al baño, caminar por la calle, confesarse y hasta entrar a un temazcal, son actividades multitudinarias. Nada hay en esa ciudad que no se haga en lo común -hasta derrocar gobernantes y tomar instalaciones universitarias-.
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El punto es que mientras más personas están juntas, más posibilidades hay de que el virus de origen porcino nos agarre sin confesar. Se transmite vía aérea a través no sólo de fluidos corporales, sino, incluso de superficies contaminadas. Y ahí ve uno a todos los pobres defeños en las fotos llenos de tapabocas, saludándose de lejecitos, intentando abrir distancia en una ciudad en la que, ha de admitirse por más que se le ame, lo que menos hay es espacio libre.
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Hidalgo, leo en fax de últimos momentos que llega a la redacción de este Baile, ha oficializado ya el primer caso de influenza entre sus pobladores. Mientras al hidalguense se le va la vida por la naríz, México entero comienza a temer que la gripe arrecie... y sin kleenex. Aunque Jalisco está lejos, habrá que tomar en cuenta que no hay estado federativo en este país que no tenga contacto diario con la Ciudad de los Palacios, por lo que todos estamos expuestos.
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Pero no se preocupen. La experiencia nos dice que de ésta, como nos ha pasado con huracanes, terremotos, incendios, inundaciones, intoxicaciones masivas en pachangas, derrumbes, caídas del sistema y regímenes políticos, vamos a salir airosos. La cosa está en extremar precauciones, no compartir vasos, ni cucharas, ni camas, ni alfombras, ni almohadas, ni calles, ni casas ni oficinas, y verán que en uno, dos o tres años, nos vemos limpios de virus... y de mexicanos. ¡Ánimo!
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¡Salud! (ahora más literalmente que nunca)

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

No es que yo sea una persona cizañosa o como se escriba, pero dicen las lenguas críticas que esa "alerta nacional" no es más que un hecho difundido como el famoso asesino de cumbres o el chupacabras para distraer a la población hipocondríaca. Algo malo quieren esconder esos cabrones del gobierno, así que dejen de ver tele y pónganse a leer.
Con eso de las carnitas, hasta hambre me dio.