domingo, 19 de abril de 2009

Nuevo.

Un día extraño. Por primera vez en 21 años de vida, no hay hermanas en mi casa. No en el sentido básico de ausencia como la falta de una persona. No hay hermanas en casa porque ayer se casó la menor de ellas, en una ceremonia por demás entrañable y bien planeada, con una multitud de asistentes, de los cuales conocía yo sólo a una pequeña parte, incluidas La Jirafa, La Anabólica y La Zucaritas, trío de amigas del alma que acudieron a la cita con la única intención evidente de acompañarme y abrazar a mi familia, de la cual también son ellas parte importante.
.
Ruth hace honor a lo que su nombre entraña. Es una compañera fiel. Yo lo sabía desde antes, de toda una vida de convivir con ella. De ella, me sorprende la capacidad que posee para darle nombre a sus sentimientos y dedicarse sólo entonces a sentirlos. Es inteligente, aunque en ocasiones su sensibilidad la rebase, y termine por sucumbir al llanto, la desesperación y la ansiedad. Por este razgo personal uno podría creer que tanto sentimiento enmarcado en una mujer con tantas fortalezas viene a significar una debilidad. Nada más falso: sin sus sentimientos, Ruth sería incapaz de acceder al mundo, de entenderlo.
.
Es una mujer maravillosa. Al entregársela a Eduardo, mi recién nombrado cuñado, mi hermano el mayor le otorgó no sólo a una gran sonrisa, ni a un fino y cultivado intelecto. Le dio a una esposa trabajadora, amorosa y fiel. Fiel, sobre todo, en tiempos en que la fidelidad se subvalúa y coloca al mismo nivel que la estupidez. Le dio a Ruth, y Eduardo sabe todo lo que ello conlleva, lo que explicaría por qué al decir sus votos -de memoria y de corridito, sin titubear ni poquito- Eduardo agregó un anudado "Gracias, Dios, por Ruth".
.
Hoy, al levantarme, las cosas son muy distintas. Mi hermano el mayor ha puesto manos a la obra con mi ayuda, y ante mi interrogante mirada ha movido muebles, descolgado cortinas y cambiado colchones. Hoy tengo un cuarto sin litera, con mis libros -que es como decir mi vida-, mis películas y mis discos acomodados en lugares estratégicos, mi nueva cama junto a la ventana, para poder ver la luna noche tras noche, mi nueva cabecera, mi nueva vida. Con Ruth o sin ella, las cosas cambiarían. Sin ella, son todas nuevas.
.
Eduardo y Ruth se irán a un viaje de tres semanas por el Caribe mexicano. Yo la voy a extrañar, y mucho. Su apoyo ha sido sustancial en las distintas etapas de mi vida, y su presencia ha sabido apoyarme en circunstancias desiguales, cuando me veo superado por la vertiginosa acción del cambio y tiendo a desesperarme. Ruth también se desespera, pero se desespera conmigo, o me escucha, lo que ya es ganancia. Roja, la laptop en que hago todo lo que hago, es producto de su trabajo, y ambos le estamos profundamente agradecidos. Muchas de las cosas de mi corazón hoy me serían aún inentendibles sin su consejo, sin su dedicada atención. Eduardo lleva un paquetote -aunque lo mismo puedo decir de Ruth-, y sólo es compensable a todo lo que Ruth es el amor que él le tiene y le profesa.
.
Yo, por mi parte, con cuarto nuevo y vida distinta, con aires renovados, espero que la vida les tenga a ambos sólo días felices. La utópica espera, lo sé, es eso: una utopía, un lugar que no existe. En sus días juntos habrán de enfrentar decisiones que tenderán a separarlos, y momentos duros, casi insuperables. Ante la derrota, el silencio y la molestia, sólo les quedará el amor. Si son lo suficientemente fuertes como para renovarlo, lo harán y aprenderán de las caídas. Yo espero que así sea. Por ellos, por Ruth, que es mi hermana, y que sólo con eso me ha dado tanto que ya no puede salir de mi corazón, y por Eduardo, que es mi nuevo hermano, por ellos dos lo espero. ¡Nueva vida!
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Estoy al borde de las lágrimas. Felicidades a Ruth y a Lalo por supuesto, no olvides decírselos. Y felicidades a ti, eso me dijo el Meromero... con una mano en mi hombro cuando le dije que tenía cuarto para mí sola.