lunes, 6 de abril de 2009

Así tampoco.

Hace poco tiempo, en un sillón de televisión muy muy cercano, mi madre y yo veíamos en cierto noticiero local una de las entonces más recientes declaraciones del cardenal católico Juan Sandoval Íñiguez, tenaz anciano de lengua floja y micrófono siempre enfrente, que cuando no tiene nada qué opinar, justo entonces aprovecha y opina. No recuerdo sobre qué tema opinaba el cardenal entonces, pero haciendo gala de su costumbre seguro era sobre algún tema en nada relacionado con el apostolado de su iglesia. Lo que sí recuerdo, y es también lo que viene al caso en este caso, es que ante sus cerrazón y natural disposición a la censura, me nació del alma un sincero "¿y así quieren que los jóvenes nos acerquemos a la Iglesia? Están perdiendo devotos, ¿y le siguen?"
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Mi madre, que está en todo, volteó a verme entonces y se arriesgó, insospechadamente accionaria cual ella es, a preguntarme mi opinión: "y entonces, ¿cómo o qué deben hacer para llegar a los jóvenes?" La respuesta, por más natural que podría haber salido de mi boca ante la cantidad de errores ideológicos y declaracionales que comete a diario la Iglesia por obra y voz de sus representantes capitales, me tardó en llegar. Al día siguiente, el periódico Mural publicaba en primera plana un artículo sobre la última declaración de Sandoval Íñiguez, incluso posterior a la que mi madre y yo comentamos la noche anterior. Baste el titular para entender el entramado del resto de la noticia: "Deben jaliscienses obedecer y pagar placas nuevas-Sandoval Íñiguez". Tomé el periódico, lo llevé ante los ojos de mi madre y se lo mostré, diciendo únicamente: "así no".
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Desde entonces, cada vez que Sandoval Íñiguez mete la pata, o alguno de los voceros de la Iglesia Católica dice algo que nomás no va ni con el tiempo, ni con la realidad, ni con la misión apostólica de amor y vida que dicen tomar como bandera de acción, yo voy con mi madre, le platico la situación o le leo la noticia, y le agrego un póstumo y lapidario "así tampoco".
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El reciente viaje que, en su calidad de líder del Estado Vaticano, realizó por diversos países de África el jerarca católico Benedicto XVI, llenó la charla diaria de mi madre y yo de "así tampoco". Ya sabrán la más sonada: en un continente dónde el 90% de la población está muriendo a causa del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), al papa se le ocurre decir que el condón no es una solución para detener la expansión del Virus de Inmunodeviciencia Humana (VIH), causante de la moral infección.
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Sin que pueda causarnos sorpresa, la opinión pública del mundo entero se le echó encima -si hubiera podido, lo hacía literalmente- al Santo Padre. De retrógrado, desinformado, bocafloja y alarmista, la prensa internacional no lo bajó. Lo que sí de plano debe sorprendernos, es el hecho de que ni Benedicto XVI, ni su séquito de relaciones públicas, difusión y prensa, ni sus prelados -¿ya notaron que sin la "r", la palabra se pondría "fea" y "agresitiva"?-, apóstoles, diáconos, y demás asalariados que suelen volcarse sobre las decisiones que toma el líder de la Iglesia Católica para revirarlas, corregirlas o aumentarlas, nadie, pues, tomó la declaración de Joseph Ratzinger -el verdadero nombre de don Bene- para aderezarla, motivarla, explicarla, redefinirla o, en el mejor de los casos, omitirla o desmentirla.
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Nadie tomó la palabra tras el Santo Padre, al menos que se sepa por los medios de comunicación, y los espectadores (mal)informados, católicos, cristianos, ortodoxos, budistas, mahometanos, sintoístas o escépticos, seglares o clericales, todos, pues, nos quedamos, como diría cierta expresión de carácter popular, "nomás papando moscas" (y no de sacristía). Nadie se animó a verle y destacarle el buen lado a lo dicho por el Benedicto -lo de agregar artículos a nombres propios es propio de Sinaloa, ¡ah, qué bonita tierra es Sinaloa!-
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Entonces yo, que para eso no soy bueno, me puse a pensar. Y como ya dije que no soy bueno para eso, pensar me generó puras dudas: ¿será acaso que la declaración del papa no tiene lado bueno, ni es modificable, ni tantito mejorable? ¿O será más bien que el papa dijo exactamente lo que quería decir, y ante eso, para qué revolver sus palabras, o agregarles más? Ambos escenarios, ya lo podrán imaginar, son igualmente temibles y alarmantes.
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¿Por qué tanto terror? Porque entonces el papa cree que África debe seguir muriéndose de SIDA, o que el condón no es un buen método contra la transmisión de enfermedades sexuales, o que no hay más cura para detener la pandemia que dejar todos de tener relaciones sexuales, o tenerlas más inconscientemente, e irnos, by the way, directito al infierno. De cualquier forma, ninguno de los escenarios posibles e hipotéticos de la ideología de cerrazón de Benedicto XVI -que es la de muchos otros de sus dirigidos- es benéfica ni real.
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África muere de SIDA como muere de hambre. Ambas muertas, toda muerte, sin embargo, son lamentables y horrorosas. El mundo entero siente vergüenza hacia el llamado "continente negro", y la vergüenza mira entonces a la conciencia de todas las naciones que por siglos enteros explotaron el hoy minado e improductivo suelo del continente africano. Si la ya clásica y sobreexplotada imagen del niño africano en huesos, desnutrido hasta coquetear con la muerte, no nos mueve a compasión, es porque negamos rotundamente una responsabilidad directa hacia la pobreza del suelo africano y su incapacidad para reactivarse. Sin tierra productiva, sin petróleo, sin diamantes, sin carbón, sin educación y sin futuro, África muere de hambre como muere de SIDA.
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Ahora vuelvo a la declaración alarmante de Benedicto XVI. En la nación africana con la cifra más alarmante, Swazilandia, cuatro de cada diez personas padecen la enfermedad, y el número de portadores del VIH es casi desconocido. El caso puede repetirse hasta el final en el resto del continente. El punto es que el SIDA parece ser, antes que muchas otras cosas, una pandemia transmitida vía desconocimiento y desinformación, así como centralización ideológica y atraso educativo. Si en ciertos lugares y estratos sociales en México, dónde hay por lo menos una Secretaría de Educación y un Sistema de Libros Gratuitos, es considerado aún "bien visto" que un hombre posea varias parejas sexuales a la vez, y "mal visto" o "bochornoso" que se someta a exámenes para saber si padece alguna enfermedad venérea, ¿imagínense en países que por siglos enteros ha permanecido al margen de los avances científicos, sin tener quien mire para el levantamiento de sus condiciones culturales, ideológicas y educativas?
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Y entonces entramos en el tema difícil de comunidades religiosas y seglares que han hecho en África grandes intentos por el "progreso" del continente, cuyo trabajo es desconocido o desvalorado, o que han topado de pronto con la situación de que en muchos países de África la educación se da en la comunidad -normalmente machista y falocéntrica- y depende de lo que ella decida se debe educar. Tendrán razón, pero eso no retira el problema de la mesa: en África todavía hay quien cree que el SIDA es un castigo de los dioses contra la hombría mal desempeñada, o que la culpa de su existencia la tiene la mujer.
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Por supuesto que el condón no es la solución al SIDA, ni en África, ni en América, ni en el resto del mundo. El avance de la enfermedad o su posible retroceso no se encuentran siquiera en su detección a tiempo, pues como todos sabemos, es incurable. Empero, el condón, con prácticamente el cien por ciento de eficiencia, evita la transmisión. ¿Podemos negarle al individuo africano que disfrute plenamente de su sexualidad?, ¿puede detenerse la realización del acto sexual en todo un continente? Hipotético panorama de imposible realización.
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Hay quienes han defendido la postura de Benedicto XVI al decir que lo que el papa quiere es abogar por una sexualidad más humana, más moralmente rectilínea, más derecha, pues. Eso está bien, no en el sentido de que se le reprima, sino de que se le razone. Si en el siglo XXI contemplanos la realización de los placeres posibles -comer, beber, fumar incluso-, pidiendo para ellos siempre no abstinencia, pero sí control y medida, ¿por qué no hemos de hacer lo mismo con el placer sexual? ¿Qué diferencia hay, si además el sexo implica directamente la satisfacción y seguridad de otra persona, ajena a nosotros?
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Yo también abogo por una sexualidad más humana, más derecha, pero soy conciente de que nada de eso será posible si no se educa primero, como se hace con el resto de los placeres. Vivo en una ciudad con fama de moralista, y yo sigo contemplando a mi alrededor a jóvenes que no fueron educados en sus casas sobre temas de sexualidad, y adultos que no han educado a sus hijos en la sexualidad responsable porque sus padres "sentían pena" al hablar del tema. Una cadena de incultura y moral dañina que sigue enfermando, que sigue causando muertes.
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En África, el caso es similar. El condón, en lo que alguien puede intervenir y promover educación sexual veraz y contundente, es la única vía de detención de la expansión del VIH/SIDA, no así de su erradicación. Además habría que contemplar que el contacto sexual no es la única de las vías posibles de contagio, aunque sí la más común. En África, sin embargo, la Organización Mundial de la Salud ha reportado un alarmantemente bajo nivel de calidad en los procesos de verficación de las transfusiones sanguíneas, y un reducido control natal. Como diría Libertad, el pequeño y célebre personaje de la tira cómica de Mafalda: "¡sonamos!"
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A la Iglesia, sin embargo, le toca medir las distancias y cuidar sus palabras. Si no va a influir significativamente en la educación -sexual y no sexual- del continente africano, mejor que ni opine. El uso del condón es, a todas luces, un medio efectivo para el control del expansivo binomio VIH/SIDA, y en lo que otra cosa pasa, debe ser promovido su uso. Lo siento por Benedicto y su séquito, y el resto de los católicos que creen a pie juntillas que el Santo Padre tiene la razón, y que quitar el condón en África es un "algo" benéfico -no me atrevería a utilizar la palabra "solución"-. Lo siento por ellos, y por el resto de los seres humanos que creen que la Luna es de queso, o que la Tierra es el centro del Sistema Solar. ¿Hipotético al infinito? Bievenidos al mundo entonces.
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¡Salud!

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