domingo, 1 de marzo de 2009

Sin permiso de los padres.

Vengo llegando de conocer a mis suegros. Triste caso es darse cuenta de que uno es buen chico, amable, caballeroso, atento, generoso, divertido, un absoluto paquetazo, pues, y apenas y ha explotado sus facultades autónomas -autónomas porque no dependen ni de la Iglesia, ni del Estado (del etílico quizá sí) ni de la madre (en el sentido progenitor del término)-. Pero eso no importa. Importa que según La Kenya les caí muy bien, y que todo el informe que me ha dado indica que eso permitirá que nos veamos más tiempo, y mayor número de días, cosa que yo agradezco intensamente, pues desde que doña Mago me hizo vocearla en Mega Mercado en mi lejana niñez, porque no aparecía, tengo delirios de abandono.
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El punto es que he narrado a mi madre las peripecias del encuentro padres-novio, mi nerviosismo incluido, y ella me ha señalado, con ese tono admonitorio que utiliza siempre que detecta una falla en el sistema (osea, una caída en la moral, un atentado a las buenas costumbres, un error de la Matrix): "En mis tiempos, los padres se presentaban primero si no se conocían, y luego era el novio quien iba y pedía permiso a los padres de la novia para andar con ella".
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A mí la reminiscencia de mi madre me hizo sentir repentinas ganas de vomitar, y generó en mi interior un profundo sentimiento de lástima y pena hacia esa -ya casi finada- generación. Pensé en los noviazgos como propiedad ideológica de los padres, un paso tan sólo adelantado al noviazgo como vía de conservación del apellido, la estirpe, el nivel socioeconómico, y sentí frío -frío del gacho, no del que uno dice "ummm, fríííío", y luego se acurruca en cama-.
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Creo que sí, doña Mago tiene -como casi siempre- toda la razón. En sus tiempos, el noviazgo no le pertenecía a los novios, y a duras penas era "consagrado" a Dios -el matrimonio sí, pero ésa era otra historia-. Le tocaba a los padres decidir en él, y si los novios no estaban de acuerdo con la decisión tomada por los padres, les quedaban dos -igual de problemáticos- caminos: o fugarse, o acatar las normas. O el fluir de las pasiones, o la cerrasón y la infelicidad.
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¡Qué sanos tiempos vivió mi madre! Esa última exclamación fue, por supuesto, sarcasmo absoluto: por más que los padres quieran verlo, no hay ventaja alguna en su participación activa en el noviazgo de sus hijos. Hoy, aunque han pasado tantos años -doña Mago no confesará su edad, y yo respetaré eso, pero de que han pasado muchos años desde que novió la última vez, ni duda me puede quedar (el PRI olía a nuevo y no había tele en el país... con eso les digo todo)-, hoy, decía, aunque ya llovió, sobrevive -subsiste- una especie de padres que conservan todavía la cerrazón del pasado a la libre decisión de sus hijos, lo que los lleva a interceder -"meter las narices a lo bruto" es un término más apropiado para el caso- hasta en los lugares de las citas, las fechas y horas, las familias, los apellidos, los gestos de demostración afectiva, y un largo etcétera.
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Los padres de La Kenya son gente agradable. Miran por su hija -es la menor, como en mi caso, así que sobre ella se concentra una atención "especial"-, y esperan que ella misma sea quien toma las decisiones de sus días. Eso es aplaudible, laudable, y es parte esencial en lo que podríamos llamar "una buena pareja de padres". Mis experiencias anteriores con suegros y suegras de todo tipo me llevan a concluir que los padres de La Kenya tienen un manejo controlado de la situación, pero no excesivo. Es decir: se hacen sentir presentes, pero expectantes, no partícipes. ¡Bingo!
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A eso habrá que agregar que después de que me he ido -y conmigo los otros amigos de La Kenya que fueron a la comida que ella organizó en su casa (dónde, por cierto, me enteré que posee una habitación que es la de mis sueños -planeo robársela un día de éstos... quizá-), El Apapachoquealivia y La Zucaritas incluidos-, después de que me he marchado, decía, sus padres le han dicho que soy amable y agradable, y han agregado, no conforme con eso, un "tus gustos han mejorado bastante últimamente". ¿Podrían caerme mejor los señores de otra manera? Ai don ting so.
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La próxima semana, a La Kenya le tocará conocer a doña Mago, y al resto de mi familia. Ya los conoce, pero me ha hecho creer que ahora, como novia, le toca otra vez. Yo creo que no tiene de qué preocuparse. Doña Mago, por más madre mía que sea, y por más monja desertora que parezca, es a todo dar, y testimonios de ello sobran. Mi hermano el mayor es más que un caballero, un verdadero hombre de mundo -de los que caen bien, no de los que sólo alardean-, y Mi hermana la menor quizá ni estará -boda en pueeeeerta, boda en pueeeeerta-. La reunión se presenta, pues, como éxito seguro.
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Ignoro el momento en que el Manual de Carreño dejó de circular, y tras dicho acontecimiento la gente se fue olvidando paulatinamente de que había buenas costumbres, y redujo las mismas a lo básico necesario para el buen desarrollo de la convivencia social. Ignoro el punto de la Historia en que dejamos de creer que un beso en público era un desacato al orden, la moral y un atentado a la Patria -cualquier pedrada a gobiernos panistas del Bajío es mera coincidencia merecida-. Ignoro el punto, pero lo alabo y aplaudo. Hoy, a los que nos toca noviar, queremos vivir, no temer, ni ceder al olvido y la desidia que el control excesivo trae consigo. Queremos amar, y para eso no hay reglas, no se necesitan padres.
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¡Salud!

1 comentario:

EGO dijo...

Estoy de acuerdo contigo, tristemente muchos padres piensan que el noviazgo de los hijos les corresponde a ellos. Su función yo la veo como de un consejero y hasta ahí. Es justo que velen por la felicidad de los hijos, especialmente cuando en la actualidad fracasan tantos matrimonios, pero su labor no es la de elegir por sus hijos, sino la de educarlos para que aprendan a tomar las mejores decisiones y apechugar si se equivocan.
Me parece absurdo que hasta en la religión la cuestión es sólo de los novios (fulanito, aceptas a menganita bla, bla, bla), entonces por qué para el noviazgo hay padres que esperan que se pida su consentimiento. Mucha suerte con La Kenya...