miércoles, 25 de marzo de 2009

Rearrancar la vida.

El vecino está escuchando Reik. Yo tengo aquí sentado, frente a Roja, unos veinte minutos, y en ese tiempo ya se echó "Noviembre sin ti" tres veces, y "Yo quisiera" otras tantas. A eso hay que sumarle el hecho de que acaba justo Doña Mago de recordarme que mañana es el cumpleaños oficial de El Mayordemishermanos. También agréguenle que La Jirafa programa piscinazo para el próximo sábado a ocasión de la celebración de su natalicio, acaecido un día como el pasado lunes 23, pero de hace 21 años. Y luego vuelvo a la idea trémula y apocalíptica con la cual abrí esta entrada: el vecino está escuchando Reik. Súmenle y verán: ya es primavera.
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Me había percatado que la donna Prima se acercaba unas semanas atrás, cuando vi a dos alegres pajarillos que colgados de una rama estaban, hacer efusivos intentos por perpetuar su especie. Por lo que alcancé a notar, la pajarita no cedía a los encantos del fornido pichoncito porque el pajarito era de baja clase social, situación que al padre de ella lo tenía indispuesto a la unión de los enamorados. El pajarito, que no encontraba su lugar -ni lugar para su pajarito-, trinaba, literalmente, ante la negación de su enamorada. "No", decía ella, "porque además me estoy guardando para el matrimonio".
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No, no me la fumé. La primavera me pone fantasioso. Por supuesto que el pajarito se tronó a la pajarita hasta por dónde ningún pajarito se ha tronado a pajarita alguna. Ambos en disfrute, me hicieron sentir ansiedad primaveral. Suerte que no vive cerca de mí ningún burro que haga honor a la populachera frase de "ando como burro en primavera", porque mi depresión entonces hubiese sido absoluta.
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Maravillosa es la renovación incesante de la vida. Federico Reyes Heroles decía, en reciente columna suya en el periódico Reforma, que de entre todas las longas confrontaciones de contrarios de la historia, la que se ha sucitado entre la vida y la muerte, siempre ha terminado por dar triunfo y gloria a la representación de la vida. Reyes Heroles se refería en este caso a la cuestión del aborto como alternativa al embarazo, pero su idea me es esclarecedora: es imposible luchar contra la vida. Su duración es insospechada, y está tan ligada a la muerte que el acto mismo de vivir es morir poco a poco, por lo que es imposible decir siquiera que la vida tiene un contrario absoluto.
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La primavera, cuya llegada se celebraba en todas las culturas antiguas de las más variadas maneras, sigue formando parte, quizá cada vez más inconcientemente, del conjunto de tradiciones mexicanas. Vemos en ella, veladamente, no como una efeméride famosa, ligada íntegramente a la historia nacional, pero sí bajo el trato efusivo que le damos, la posibilidad de lograr por fin, tras siglos de lo mismo, un cambio.
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La llegada de la primavera es para el mexicano como el lunes. No importa qué mal se hayan hecho las cosas hasta el viernes, o qué tanto se haya uno obstinado en ignorar los errores de la semana pasada durante sábado y domingo. El lunes, como el 21 de marzo, nos recuerdan que nada es tan grave como para no volver a empezar de nuevo.
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A los mexicanos nos fascina la idea del recomienzo. Adoramos a Hacienda cuando da borrón a nuestras cuentas, y levantamos monumentos a nuestros banqueros cuando condonan los intereses de nuestras deudas. Somos intolerantes a la infidelidad y el error, pero tomamos las segundas oportunidades como oro puro. No todos hacemos grandes cosas por hacer valer las segundas vueltas, por hacer provechosas las terceras oportunidades, pero todos entendemos que el recomienzo es el principio del cambio, y que todo cambio, mientras permite el recuento y el cambio de rumbo, es bienvenido.
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Decía Einstein que la locura es hacer una y otra vez la misma cosa, del mismo modo, esperando que una de esas tantas veces el resultado sea distinto. Yo, que no me considero muy cuerdo, no estoy seguro de querer hacer las cosas del mismo modo tras ésta primavera. Si la vida se renueva, si todo a mi alrededor cambia tan vertiginosamente que ni los pies se deja ver, si hoy ya no están los mismos, ni de la misma manera, y si el agua de mi pozo -expresión nacida del entendimiento de mi madre, quien cree ver en el agua del pozo lo que todos vemos en la torta bajo el brazo- se ha secado ya en dos o tres ocasiones, será el momento de mover los diques necesarios para que llegue de nuevo, para que vuelva la vida.
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Es miércoles. La primavera comenzó hace ya cuatro días, y El Mayor de mis hermanos cumple en un par de horas sus 32 primaveras. Él es un gran ejemplo de lo que puede construirse a partir del recomienzo. Ha recomenzado tantas veces, que es el ser humano que conozco que más oportunidades se ha dado a sí mismo. Seguro pronto lo hará de nuevo, porque para él estar mal es una pérdida de tiempo. Yo ya vi, ya me vi. Primavera, vida: aquí te voy. Vamos comenzando... otra vez.
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¡Salud!

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