miércoles, 11 de marzo de 2009

Para leer a Quiroga.

El Día Internacional del Libro se ha puesto lúgubre este año. Del catolicismo recalcitrante que reinó el año pasado, con un pueblo perdido no sólo en la geografía del estado de Jalisco -un estado de Jalisco literario, apenas cercano al real, al que yo y otros muchos millones de habitantes compartimos-, sino perdido también en el rezago de su propia ideología, este año, los lectores decidimos ponernos oscuros y cederle la palabra al amor, la locura y la muerte -que son tres sustancias románticas de alta densidad y largo kilometraje-.
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Los jaliscienses escogimos a Horacio Quiroga, y lo vamos a leer. Yo también voté por Horacio, a pesar de que no tengo el gusto de conocerlo. Más bien, fue precisamente porque no lo conozco que decidí darle mi voto -he de admitir que en más de una ocasión, no por afanes tramposos sino pensando en los muchos de mis amigos que quisieran votar por Quiroga y nunca tuvieron el tiempo (ni las ganas, hay que admitirlo) de dirigirse a las casillas y darle al uruguayo una "x" de consuelo, en más de una ocasión, decía, voté por Quiroga-.
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No lo conozco, y ya me cae rebien. Los otros contendientes, Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant, respetables y nobles competidores, han sido leídos por mí en determinadas etapas de mi vida, y en el caso particular de Poe, me han rodeado en su lectura acontecimientos tétricamente específicos que aún hoy me hacen volver a él con cuidado y sólo cuando es estrictamente necesario.
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La Feria Internacional del Libro, encargada de la organización de la lectura de Quiroga, a realizarse el próximo 23 de abril de manera simultánea en los distintos municipios del estado, me informa que Horacio Silvestre Quiroga Forteza, el nombre completo del implicado, nació en Uruguay, nación de la cual salió siendo aún muy pequeño para irse a vivir a Argentina, patria en la cual decidió quitarse la vida a los 39 años, luego de haber cruzado la totalidad de sus días rodeado de un dulce, incesante -y, en su caso, inspirador- olor a muerte.
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La muerte fue, expando la idea, una presencia constante en la vida -¡oh, ridícula y absurda realidad!- de Quiroga. Cuando tenía dos meses de edad, su padre murió por accidente en una cacería, su padrastro se suicidó cuando el escritor era apenas un adolescente, dos de sus hermanos murieron de tifoidea, un amigo suyo murió por accidente mientras limpiaba un arma, y a eso habrá que agregar que fueron amigos suyos los también suicidas Alfonsina Storni (la argentina inspiradora de aquella hermosa poesía que reza "Te vas Alfonsina con tu soledad, ¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?...") y Leopoldo Lugones. Su primera esposa, ¿adivinan?, sí, también se suicidó, como lo hicieron dos de sus hijos tras la muerte del autor de próxima lectura maratónica.
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Toda esta información me la traen mis informantes desde el sitio mismo de la FIL. También agregan que Quiroga escribió la obra que se leerá en la jornada del Día Mundial del Libro, Cuentos de amor, de locura y de muerte, imprimiendo a la totalidad de la misma el tono lúgubre, oscuro, tenebroso y hasta horroroso, que el uruguayo recibió de la tradición de la literatura negra -terror, horror, romanticismo llevado al extremo de lo grotesco- iniciada por los propios Poe y Maupassant.
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Yo no he leído a Quiroga. Quizá una declaración así, en un entorno que ya se prepara para alabarlo a él, a la par que alabará al libro que le ha dado lugar en el mundo de lo trascendente, todo, como ya dije, el próximo 23 de abril, una declaración así de fuerte e inocente debería comenzar con una disculpa. Algo como: "Confieso con dolor y sobrecogimiento que no he leído a Quiroga". Pero no. Aunque Quiroga merece todo mi respeto, creo que es no sólo sano, sino hasta laudable, decir que no se le ha leído, esto porque mi declaración va acompañada de una firme determinación de leerlo en los próximos días.
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No sé si participe yo en la jornada de lectura en esta ocasión. Les contaba yo el año pasado que es tradición en ese día regalar una rosa a todo aquel que compra un libro. En Barcelona, capital del libro en español, así lo hacen, y en el resto del mundo también. Yo quisiera regalar muchas rosas, y leer otras tantas. Quiroga me espera, me hace ojitos, me coquetea. Quizá me animo. ¿Y ustedes? Será una buena opción para sentir mello, para darle a las letras la oportunidad que solemos negarles el resto del año de cambiar nuestro día. Total, ¿qué tanto es tantito?
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Las inscripciones ya están abiertas en el sitio de la FIL (http://www.fil.com.mx/), o en las instalaciones de la Feria. Anótense, elijan el horario que más se les acomode, y lean a Quiroga con el horror que se merece.
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¡Salud!

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