sábado, 21 de marzo de 2009

Nuevos días.

Hay un cierto número de cosas que, hoy día y en esta provinciana ciudad, ya no son novedad. Entre ellas, claro, se incluye el hecho de que contamos con un Festival Internacional de Cine que adolece, cual voz mítica de la canción, porque tiene manita, no tiene manita, porque la tiene desconchabadita -ignoro la correcta ortografía de la palabra "desconchabadita", pero me suena así como se escribe, y como yo soy bien sonoro, pues así la dejo-.

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A nuestro Festival -porque es de todos, como la FIL, como este Baile, como las otras grandes creaciones de la cultura humana- le duele una organización poquitera, que se concentra más en atiborrar de estrellas -es un decir- telenoveleras, medianamente famosas, carentes de talento, las pasarelas y las alfombras rojas -que también se dedica, insistente Festival, a planchar y replanchar-, que en proponer un programa acertivo y fructífero, dónde reine el cine por el cine, y no la farándula por la farándula, ni el show business por el show business.

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Del trato que he recibido como prensa, mejor ni hablemos. La estructuración de la supuesta sala de prensa en lo absoluto se compara con otras salas de prensa dónde he estado -la de la FIL, y la de la FIL-, y ni las pastitas que ponen tienen la capacidad efectiva de alivianar el rato. A eso súmenle que cada que hay una alfombra roja se ponen sus moños y permiten sólo camarotas, razón por la cual siempre terminamos corridos -La Natalización a duras penas tiene una Kodak de rollo, desechable, que se compró en un Oxxo tras muchísimos esfuerzos-.

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Tampoco es novedad en esta provinciana ciudad, que hay cantidades inverosímiles de basura en las calles. Ayer, justo ayer, El Sexsymbol me explicaba con dolor y rabia que fue atacado por una bolsa de Sabritas Adobadas... ¡de las que todavía tenían la carita feliz en lugar del solecito! "¡Qué bárbaro!, le dije, ¿y no la agarraste para venderla como antigüedad en Mercado Libre?" "No, me contestó, yo no comercio con el crímen organizado". Y tiene razón. Pareciera que la basura, por su multilocalización, es también parte de una estrategia del crímen organizado para jorobar nuestras conciencias -digo "también" porque ahora, cada que no encuentran a quién echarle la culpa de algo, le avientan el peine al crímen organizado, pues total, como nunca se queja...-.

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Tampoco es novedad que, si bien estamos muriéndonos del calor y de ausencia de lluvias, llueven y llueven propagandas políticas ante las ya venideras elecciones. Los comicios, que nos traerán a todos mirando políticos desangrarse y a postulantes desgreñarse en afán del voto -muy noble y leal afán-, serán en julio, y como los políticos siempre tienen dinero extra por gastarse, y mucha inseguridad para endilgarnos, han entrado en un pavor de los mil demonios ante la incertidumbre de cuál de ellos se quedará con alguna de las alcaldías, o a quién "el fuero" le otorgará el favor de una curul.
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Pero el pueblo está lo suficientemente preocupado con el Macrobús -al cual, he de confesar alegremente, no me he subido todavía-, como para mirar a los candidatos con ojos de beneplácito y entregarles un voto. Yo he estado revisando a conciencia -si es que eso es posible- las propuestas de campaña, y me he dado cuenta que cada día se las creo menos y me dan más risa. Los que pueda, y quieran -porque para toda clase de perversiones puede haber ánimo-, busquen imágenes de Bernardo Guzmán, precandidato a la diputación -nooo, pues sí, así sí- de no sé qué distrito zapopano, cuyo rostro, que seguro trae muertas a unas cuantas descerebradas, me fabrica en la cabeza una mezcla entre escultura de la Isla de Pascua y King Kong.
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Tampoco es novedad en estas tierras tapatícas, que esta entrada ya llegó a su fin. Triste situación para una ciudad que está en precampañas, tiene calor, basura, un Festival de Cine -dizque- y un Macrobús. Gulp!
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¡Salud!

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