domingo, 8 de marzo de 2009

Mujer.

"... mientras exista una mujer hermosa, habrá poesía."
Gustavo Adolfo Bécquer.
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Yo las tengo por montones. Las hay que son mis amigas, mis madres, mis hermanas, mis tías, mis compañeras de escuela, mis compañeras de trabajo, mis clientas, mis lectoras. Las tengo mi conciencia, mi sueño y mi musa. Las tengo novia, amante y escucha. Las tengo profesoras, alumnas y hasta amas de casa. Las tengo y, tonto de mí, no tengo ninguna.
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Por ellas se han levantado sociedades y también por ellas -en su nombre- se han derrotado imperios. El caso más cercano, quizá, es el de la famosa Beatríz Hernández, aquella mujer cuyo tesón y cansancio -nada más peligroso que una mujer tesonuda y cansada- a quien debemos la cuarta y definitiva fundación de Guadalajara. O Helena, la célebre mujer de hermosa faz por cuyo rapto se desató la epopeya de la guerra de Troya.
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Yo las tengo a todas, y no tengo ninguna. Si me pertenecieran, si de verdad fueran mías todas, no sabría yo qué hacer con tanta perfección. Y es que las he visto levantarse con tanta gallardía tras las pérdidas, flanquear de tal modo las adversidades diarias, que no hay día que no deje de desear abofetear al anónimo imbécil que se atrevió a afirmar alguna vez que eran el "sexo débil".
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No las tengo, pero las he visto. Las veo, a diario, levantarse, trabajar, acomodar, estudiar, defender, postergar, leer, saber, reconocer, amar, disfrutar, comer, bailar -¡y de qué forma!-, inspirar, desnudar, llover. Las veo a diario formar y reformar, formular y formularse. Las veo caminar, correr, construir y destruir. Las veo romper corazones, movilizar contingentes, guiar el tráfico, modificar sociedades. Las veo mexicanas, rusas, alemanas, estadounidenses, colombianas, francesas.
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Las veo presidentas, líderes, amas de casa -que es, más que decir otra cosa, decir todos los oficios posibles-, ingenieras, zootecnistas, cantantes, abogadas, reinas -de países, de belleza-, conductoras, escritoras, investigadoras, prostitutas, afianzadoras, cajeras, barrenderas, costureras, recamareras, conductoras, maestras, diseñadoras, financieras, comerciantes, relacionistas, modelos, herreras, carpinteras, vendedoras, editoras, profesionistas.
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Las veo alzar familias, criticar nueras, molestar yernos. Las veo dando bendiciones, maldiciendo al dolor. Las veo creciendo, demostrando que están dispuestas siempre a ir hombro con hombro con nosotros, los trémulos hombres, que, tontos, tontos, más que tontos, todo les hemos negado. Las veo negar el engaño que pesa sobre sus propios hombres, el mismo engaño que les dice que no son, que nunca han sido, que no podrán jamás ser más que sombras, sombras que no son, que nunca han sido, que nunca podrán ser.
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Por eso les envío, a todas y cada una, las que me han hecho feliz o infeliz, o las que no me han hecho nada, hoy en su día, la más sincera de las felicitaciones, aunada al más grato y firme de los agradecimientos. Gracias por sonreír, por luchar, por inspirar. Gracias por ser mi novia y musa, mis amigas, mi madre, mis hermanas, mis profesoras, mis porristas, mis exnovias, mis presidentas, mis diputadas, mis burócratas, mis directoras, mi editora, mis fotógrafas, mis compañeras. Gracias por ser mujeres, que es como decir gracias por serlo todo.
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¡Salud!

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