lunes, 16 de marzo de 2009

La invasión del celuloide.

Huele a celuloide. Yo no lo había notado hasta que la llamada acalorada y eufórica de La Natalización me trajo a la realidad. La Natalización es una Natalia que funge desde recientes fechas como fotógrafa oficial para Mujer Hoy, el periódico que, ya sabrán ustedes, me paga los camiones mes con mes. Tuve que parar naríz y poner atención a lo que mis sentidos me dictaban, y entonces sí, me di cuenta que, probablemente desde hace semanas, Guadalajara huele a celuloide.
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El celuloide es, me dicen mis informantes, una sustancia plástica que se obtiene de la mezcla de alcanfor, una sustancia de origen natural extraída de un árbol perenne en Asia, y nitrocelulosa, una suerte de hule extraído del petróleo mil veces procesado. La celuloide está en mil y un productos que usamos todos los días en casa, desde el cepillo de dientes hasta los sprays con los que las señoras ricas -o sus criadas- sacuden los muebles y que luego dejan una capita protectora contra el polvo.
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En lo que nos compete, el celuloide es también la sustancia básica con la que se fabrica la cinta cinematográfica. Los que nacimos en los ochentas todavía podemos distinguir a tres cuadras el olor particularmente adictivo del rollo fotográfico, beneficio sensorial del que ya no gozan las generaciones recientes, cuyo arte fotográfico es digital e instantáneo -como suelen ser ya todo el resto de las cosas-. El olor del celuloide es una mezcla entre los aromas del plástico que cubre los juguetes, el aire caliente que sale a través de las pistolas de aire -?- y los sueños y realidades de una sala de cine.
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Ah, ya llegué a mi punto. Guadalajara huele a celuloide porque este viernes, de hoy en cuatro, se inaugura la vigésimo cuarta edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, evento de gran importancia que, ya lo imaginarán, La Natalización y un seguro -?- servidor estamos destinados a cubrir. Y aquí sí, no hay vuelta de hoja: Guadalajara se llena de cine, y nosotros dos de trabajo.
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Pero no me quejo. La Natalización tampoco lo hace. De hecho, su oportuna llamada fue realizada sólo para recordarme que este martes me toca a mí, porque no hay de otra, recoger las credenciales de prensa en la sede temporal del Festival. Con dichas credenciales, La Natalización podrá andar por todos los cines de Guadalajara entrando y saliendo sin consideración, de función en función, de horario en horario, tomando fotografías y pirateándose las cintas para venderlas a falluqueros de San Juan de Dios y ganarle así la apuesta al cine nacional. Incluso, me dicen mis informantes, que ya saben cuán trácala es, adaptó su ropa interior para cargar en ella cámaras ocultas con qué grabar las funciones estelares. Si no lo vio primero en el bra de La Natalización, es que no ha sucedido.
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Yo no prometo estar tan al tiro. La universidad amenaza con retirarme la palabra si falto a una sola clase más. Ya mi profesora de periodismo, clase que llevo los viernes, me ve con los mismos ojos con que uno mira a los diputados faltistas -que son los mismos ojos con los que uno mira a cualquier diputado-, cada vez que me le acerco para pedirle "permisito" de faltar. Por eso, nada más por eso, y también porque La Diana Cazadora ya me avisó que en esta ocasión Paty Chapoy mandará a una lela a cubrir el evento, no andaré, como el año pasado, de función en función.
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Pero el Festival trae cosas buenas este año a las cuales vale la pena invitarlos. Entre ellas, la organización ha contemplado un Homenaje a Pedro Infante, dos galas de apertura y cierre en que se rodarán películas novedosas y comerciales nacionales, una cátedra sobre Los Secretos de Guillermo del Toro, impartida por el ya mítico realizador zapopano, así como una entrega más de Mayahueles, cine, diversión y arte para todos.
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Aparten sus lugares, busquen sus boletos, o levanten un periódico y soliciten sus acreditaciones. Este Festival Internacional de Cine en Guadalajara amenaza con venírsenos encima, y chin chin el que le saque.
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¡Salud!

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