miércoles, 18 de febrero de 2009

Visto así.

Se me va a ir el mes y yo sigo en las mismas. El amor, espero puedan entenderlo, es la mejor de las excusas: nos permite llegar tarde y, además, nos delata cursis y sentimentales. Yo, que estoy enamorado -tremenda declaración: paren los rotativos de Mural y súmenle nota a la primera plana-, no tengo espacio en la cabeza ni para las tareas, y viendo las cosas tan mágicas y funcionales como el amor me las ha pintado, no hay nada lo suficientemente oscuro como para ponerlo sobre la mesa de discusión de este baile.
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Sé, sin embargo, que tengo mucho qué hacer. Que Don Álvaro o La fuerza del sino, nonacentésima obra de don Ángel de Saavedra, better known as Duque de Rivas, me espera para exponerla frente a mi plural y diverso grupo escolar universitario. Sé también que Guillermo Tell, tanto la obra de Schiller con caracter historicista como el mítico héroe suizo cuyo hijo, ya lo recordarán, fue ridiculizado al colocarse sobre su cabeza una manzana para "jugar" con él al tiro con arco y flecha, me esperan para que los haga comentario.
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Sé que el narcotráfico está cada día más denso, y con "denso" no me refiero sólo a que ya se habla de que, en definitiva, el IFE no podrá hacer nada en su labor de árbitro de los procesos electorales para impedir que el dinero de la actividad ilícita del tráfico de drogas empape los próximos comicios y se cuele en los partidos, hábidos siempre de más y peores medios para conseguir recursos. Me refiero también, con "denso", a que cada vez hay más cantidad de población civil involucrada en las matanzas, secuestros y vejaciones, lo que trae a este país, que es mío y de los que ayudan con los gastos -de los narcos también, tristemente- por la calle del miedo y la amargura -¿y cómo se llamó la obra? Narcopesadilla en la calle del terror-.
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Sé que los aspirantes a diputaciones federales y locales están afilándose las uñas y posando con la mejor de sus caras -como si tuvieran otras que las de inocentones mensones que se cargan- para la publicidad que ya, eso también lo sé, comienza a inundarnos y amenaza con retirarnos lugar en las calles -antes, uno veía entre dos postes el cielo; hoy, uno ve entre dos postes la carota desagradable de un hijo de político ya retirado-.
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Sé que los precios de los insumos básicos ya no han subido, pero que ni los analistas ni la población en general dejan de hablar de "crisis" como de una gran bola de nieve que, siempre asechante, está por golpearnos -ya merito, ya merito-. Sé, por agregado, que tampoco nadie deja de gastar, comprar, invertir y revertir su dinero hasta casi tenerlo en calidad de bicoca. Sé que las gasolineras siguen dando litros de menos, las tortillerías kilos de menos, los supermercados promociones de más.
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Sé que Slim ya avisó que nos va a doler el trancazo económico cuando llegue, y que el niño Calderón tembló en su sillita ante tal declaración, contradictoria por completo a todo lo que él, presidentito de la republicota, había afirmado recientemente, afirmando a pie juntillas que si algo tiene México además de problemas, es certidumbre financiera -ajá, sí, Chucha, ¿y tu nieve?-
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Sé que Guadalajara está atravesando por serios problemas viales, cada vez más graves, y ahora peores ante la insistencia del ayuntamiento -proselitista insistencia ante la inminente pérdida del poder panista- de ponerse a resanar todo el centro histórico -falta que le hacía, eso que ni qué-. Y sé también que, mientras nosotros nos estamos haciendo bolas entre taladros y concreto, en el D. F. están haciendo trabajos nocturnos para que a nadie, ni al primer trabajador del Metro que checa tarjeta de madrugada, le afecten las labores -planeación es la clave, administración la llave-.
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Sé que México está cambiando, y que está cansado del sindicalismo -esto es mentira, eso también lo sé-. Sé que ha habido despidos -esto no es mentira-, y que muchas empresas, famosas por su contratación masiva como General Motors, ya cerraron filas ante las embestidas de hambre de los mercados internacionales. Sé que mañana mismo la mayor de mis hermanas regresa de su luna de miel, y que no encontrará a su retorno un panorama económico -a ella que tanto le preocupan esos temas- halagador.
Sé que no voy a terminar de leer todos los libros que tengo acumulados, que no voy a aguantar tanto calor hasta las próximas lluvias, y que hoy la menor de mis hermanas está a exactamente dos meses de abandonar la soltería y unir su manos al hombre de su vida.
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Sé todo esto, y un poco más, pero con la chica que tengo a mi lado, y que no deja de quererme y de apañar mi incertidumbre, con todo este amor que, muy al estilo Madrigal Cruz, creo no merecer -pero ya logro decirme a diario que sí, que sí me lo merezco-, esos y otros tantos conflictos de mi país, mi ciudad, mi entorno inmediato, me vienen valiendo sobrado, soberano y tostadito cacahuate. Avisen cuando las cosas sigan mejor, o cuando haya un tema en verdad interesante qué tocar. Mientras todo siga andando igual, y en la tele el mismo canal, y en el radio el mismo show, y en internet el mismo correo electrónico, y en la calle el mismo sonsonete de abandono y perdición, yo mejor me quedo aquí, me quedo entre su piel.
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¡Salud!

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