viernes, 6 de febrero de 2009

Sí, acepto.

Ya huele a ramo. Tentativamente, a estas mismas horas, pero del día de mañana, estaremos muchos, los que a lo largo de un día de llamadas apresuradas y acuerdos aventados aceptaron la invitación casi póstuma, amigos todos, o por lo menos personas muy cercanas a mi corazón, cuates del alma, celebrando a la mayor de mis hermanas y a su César, par de dos -?- novios que han decidido unirse en sagrado matrimonio frente a la institución religiosa de la que ambos forman activamente parte.
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César, un individuo de ánimo cordial y respetuoso, centrado y conciente, apto no sólo para el matrimonio sino para aventarse -es un decir- el paquetote -es otro decir, porque es chiquita chiquita- que mi hermana significa como persona y personalidad, un hombre de grandes pensamientos y alegres decisiones, puntual, claro, preciso, fiel y sincero, transparente, claro como el agua de un lago sin sieno -que es mucho decir-, tomará a la mayor de mis hermanas, que lleva, por motivos meramente nemotécnicos -que la pobre ha pagado toda su vida- el mismo nombre de mi madre, y ella será su compañera y él su compañero, para caminar juntos, hombro con hombro, paso a paso y preferentemente sin cansarse.
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A mí me da gusto por ambos. Me da gusto que el destino haya unido a dos almas tan complementarias, y que el tiempo, las fortalezas y también las capacidades de ambos, hayan forjado y fortalecido el amor que hoy los lleva -bueno, hoy en unas horas, o mañana, depende de cuándo quiera blogger ubicar cronológicamente mi entrada- hasta el altar, que los hace jurarse dicho sentimiento para la eternidad, juramento que aguantará vara sólo si siguen conservando, como hasta ahora -y no hay ni cómo pensar que no lo harán- el respeto, el diálogo franco y abierto y la mutua fidelidad.
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En la misa estaremos unos varios, y a la fiesta ya fueron puntualmente invitados La Zucaritas, El Apapachoquealivia, La Kenia -amiga de reciente aparición pero de pronta adhesión al banco de mi corazón-, La Wera, La Jirafa, La Prisciliana y su galán, y tentativamente la madre de La Prisciliana, La Raqueluchis, ambas dos, y todos en sí, miembros platinum -que es cómo los clubs y bancos te llaman para hacerte creer que eres "importante"- de mi familia, la que yo, yo y nada más que yo, he escogido, esto último en fraternal y distante recuerdo de otra buena amiga, hoy separada de mí por decisión personal, decisión que es de necesidad apremiante, aunque cale hondo, y con quien también me gustaría poder compartir, en otras circunstancias, en otra vida, quizá, un momento como el que mañana viviré. En fin. Ya, espero, ya nos tocará.
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La mayor de mis hermanas se verá hermosa mañana. Se ve hermosa a diario, pero maña será SU día, y no hay un acontecimiento que de tan egocentrista cómo ése ponga más feliz a una mujer. César, me imagino, duerme ahora mismo tranquilo y desenfadado, como todo buen hombre antes, durante y después de su boda. La mayor de mis hermanas se despertará temprano, correrá al maquillaje, el peinado, el vestido, las fotos, la concretización del lugar del banquete, las flores, la iglesia, el transporte y hasta los invitados -yo soy delegado oficial del control de entradas (léase "boletero")-. César, se despertará, desayunará mucho, volverá a dormir, volverá a despertar, comerá mucho, se bañará -si tenemos suerte-, se pondrá su traje -elegido por la organizada novia- y partirá a decir "acepto". Así, hasta en las bodas, la injusticia de las relaciones entre los sexos se perpetúa y clarifica.
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Yo les deseo suerte a ambos y mucha felicidad a los invitados. Ey, oigan, prohibido quitarse los tacones antes de que llegue el mariachi, para que luego no vayan a estar coreando "Nos dieron las diez" con roncas voces que demeriten ritmo y tono. Quedan advertidos, y los invitados... pues invitados. Los que no alcancen a llegar, armen la fiesta en sus respectivos sitios, y únanse al clamor de dicha y prosperidad para la recién unida pareja. Yastán. Arrumacos y cosas peores.
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¡Salud!

1 comentario:

Victor H. Vizcaino dijo...

Ya vivido, ya nimodo, ya no hay comentario.