lunes, 23 de febrero de 2009

El si-no de don Óscar.

Me van a disculpar que, contrario a mi constumbre -últimamente he estado contrariando mucho mis costumbres- no vi la entrega completa sino hasta muy pasadas las horas, vía transmisión diferida por obra y magia del internet. Me eché, eso sí, en cuanto llegué de mi cita importante importante -quizá la más importante que he tenido en años-, la entrega a las categorías de Mejor Actor y Mejor Película, ambas preseas, la una para Sean Penn, la otra para Slumdog Millionaire (aka Quisiera ser millonario), bien destinadas y bien merecidas.
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Y justo en mi cita importante importante -a seguirse celebrando y conmemorando cada día, y de preferencia el 22 de cada mes, ahí por si me lo olvido (I don´t think so!) me lo recuerden- acababa yo de echarme -es un decir- las poco más de dos horas que la película premiada, hindú de procedencia pero hablada casi por completo en inglés -parecido, con las debidas distancias, a lo que hizo Iñárritu en la sólo nominada Babel-, así que traía yo ya conciencia de que por lo menos una de las cinco finalistas sería mi favorita.
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Yo le iba a Slumdog... no únicamente por lo significativa que me resultó la tarde acompañado de semejante filme, sino porque el guión, las actuaciones -a pesar de ser primerizas, tópico del que muchos otros primerizos sí pésimos deberían aprender-, y hasta la dirección y el tratamiento de temas "duros" -por decir lo menos- son excelsos, magníficos, dignos no sólo de un Óscar, sino de, lo que es más importante, los ojos de todos los espectadores del mundo -me dicen mis informantes que, a falta de apoyo institucional, Slumdog... estuvo a punto de editarse directamente en DVD, ¡grave error hubiera sido ese de negarnos semejante obra artística a los ojos del mundo entero!-
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El punto es que ganó mi preferida -y de Mi Kenya, faltaba aclarar, porque a ella también la pareció buenísima-, y nada más por eso hubiera valido la pena la noche entera de la entrega de los Premios de la Academia. Pero no: el Óscar, siempre dispuesto a sorprendernos, dio todavía muchas otras cosas más para hablar, comentar, dialogar, criticar incluso. Van, pues, en breves párrafos, los sí y los no de la entrega de ayer, esperando concuerden conmigo o, ya de perdis, me pasen sus puntos de vista para congeniar acuerdos -ajá, si lo único que haré de seguro será leerlos e ignorarlos... es broma-.
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Sí al aclamado triunfo de Penélope Cruz, quien sintió desmayarse -yo también estuve a punto de hacerlo al escuchar su perfecta (para provenir de una española) pronunciación inglesa- al sentir en sus manos el peso de la estatuilla, triunfo que la convierte además, otro gran "sí", en la primera mujer de la Madre Patria en tener el codiciado premio entre sus manos. Sí al discurso de Sean Penn en favor de la igualdad de derechos y el respeto para los homosexuales. Sí a la conducción magnífica y con toques broadwaynianos, que se aventó -es otro decir- un siempre bien plantado en el escenario Hugh Jackman. Sí al emotivo -y movido- montaje de "The musical is back!", en honor al regreso a la pantalla de un género hace hace pocos años olvidado, los musicales. Sí al ya anunciadísimo Óscar post mortem para Heath Ledger. Sí al emotivo cambio en la presentación de actores nominados, hecho ahora por parte de anteriores ganadores de la presea (incluidos los inolvidables Joel Grey, Whoopie Goldberg y Sophia Loren). Sí a una ceremonia mucho más sentimental que aparatosa, dónde sí faltaron los comerciales y sí, a pesar de la falta de dinero, sobró el glamour.
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No a la pérdida de la estatuilla por parte de Anne Hathaway, a quien el Óscar ya le está debiendo varias. No a Zac Efron y Vanessa Hudgens, quienes le roban demasiado espacio en pantalla a los verdaderos actores, a los que sí hacen del arte de la representación su modo de vida, su pasión. No a la ausencia de músicos en la fosa del teatro, lo que dio lugar a un reducido espacio visual y un sentimiento de claustrofobia hasta para los que no estuvimos ahí. No a la desfachatez de la Academia de sentar a unos metros de distancia a Jennifer Aniston y la pareja de pacotilla de su ex Brad Pitt y Angelina Jolie. No a Jack Black presentando un premio. No al nuevo look de Adrien Brody, que lo deja en calidad -y cualidad- de náufrago.
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Como verán, hubo de todo. Yo creo que, en resumidas cuentas, fue una ceremonia ligera mas no deslucida, dónde si bien la crisis hizo su aparición y mutiló muchas de las cosas que le daban glamour a la noche, el Óscar brilló con luz propia, sin necesidade marcas auspiciantes ni créditos redundantes. Bien por la Academia, que una noche más le ha dado al mundo del cine -y a sus fans- motivos para seguir creyendo en el arte, en la liberación de las conciencias a través del celuloide.
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¡Salud!

1 comentario:

Victor H. Vizcaino dijo...

Últimamente el oscar había perdido una cantidad alármate, para los analíticos estadísticos de raiting (o como se escriba), y eso traducido en dinero, sacaba a la luz lo que todo análisis estadístico en los últimos meses demuestra, crisis, y este año, Oscar se lucio, como tu dices mi estimado, hubo de todo, pero si no fuera así, perdería su toque cineasta, por que como en el cine, también hay de todo.
Por cierto, a mi me encantaron muchas cosas, antes tenia la costumbre de grabarlos, para recordar, ya que recordar es vivir, jajaja, ahora no lo ago, pero si los comento, y por cierto, lo comente contigo, y en mi caso, si aplica tu frase “si lo único que haré de seguro será leerlos e ignorarlos”, jajaja.

Por cierto, que guapa esta Anne Hathaway, a y me encanto que Penélope cruz, hubiera hablado en la lengua que le ayudo a ser lo que es, agradeciéndole a todos los que nos sentíamos parte de su Oscar.

Saludos de Súper-Victorin