miércoles, 25 de febrero de 2009

300.

En la historia de las cosas -que no es lo mismo que la Historia-, existe una multitud de temas en que el número 300 aparece. 300 es el número de las primeras 300 noches que Scherezada le cuenta historias a Scheriyar, en bien de su cuello y el de sus compatriotas. 300 es el número total de pies que tres cien pies contarían en conjunto si bailaran conga en fila. 300 es el número de velitas que según la Biblia sopló Matusalém en su último cumpleaños, y 300 también el número ya trilladísimo de soldados espartanos que lucharon en una famosa -y cinematizada- guerra contra el dominio persa.
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Ésta es, señoras y señores, la entrada número 300 de El Baile de la Coma. Sin más preámbulos, sin pérdidas de tiempo, les doy la más cordial bienvenida a la más numerosa de las cosas aquí escritas, de los diálogos aquí iniciados, de los temas aquí tocados. A lo largo de 300 de éstas -sin llegar al albur-, ustedes y yo, formando un abigarrado y plural "nosotros", hemos recorrido tal cantidad de tópicos y momentos que hoy, a 299 entradas de aquélla primera, llego gallardamente a la conclusión de que al ser humano jamás le faltarán los tópicos para tocar.
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Con ustedes he comentado los sucesos políticos más asfixiantes, desde la muerte del Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño, hasta la guerrilla de cuello blanco -medio manchado de mole y frijol- que se vivió a mediados del año pasado en el seno de la Universidad de Guadalajara. Con ustedes comenté también dos entregas del Óscar, un Festival Internacional de Cine en Guadalajara, una Feria Internacional del Libro en la misma ciudad, una entrega de Premios MTV Latinoamérica, varias obras de teatro degustadas, un sinnúmero de películas vistas, una infinidad de libros leídos y hasta diez o doce canciones escuchadas.
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En 300 entradas caben una narco Miss Sinaloa, muchas tardes de café, varios cumpleaños -con felicitación incluida-, por lo menos dos "quiebres" de distinto tipo, y hasta cinco reencuentros inesperados. En 300 entradas caben dos 14 de febrero celebrados en muy distintas circunstancias, una oda a la posibilidad del desnudo artístico, unas cuatro peleas y unas tres conversaciones transcritas en su totalidad.
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En 300 entradas cabe un viaje a la Capital de las Ideas -que es la misma que la Ciudad de los Palacios-, otro más a los Altos de Jalisco, y otro más al interior del corazón humano. Caben también en 300 comentarios los nombres de los ocupantes de mi corazón, aunque no sus esencias -ésas, ni rentando el Universo entero en toda su vacuidad-. Cabe México, mi ciudad y mi Ciudad. Caben las matemáticas, el español, el Español, el rock, el pop, la oscuridad y la luz. Cabe un Sol con sus planetas, y mil estrellas. Cabe Dios.
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A 300 entradas de iniciado el viaje, debo concluir que, de todo lo que he comentado, de todo lo que he dicho, de todo lo que he construido, de nada me siento orgulloso. En todo, porque este Baile está bendito, no han faltado a la cita ni el diálogo ni el comentario, ni la propuesta ni la apropiación. Este blog es un orgullo porque lo han hecho ustedes, los que lo leen y los que se lo saltan, los que lo revisan y los que lo enlistan. Los que lo buscan y los que lo pierden. Este Baile, a 300 entradas, es patrimonio de todos. Sí, justo como el diálogo que siempre ha propuesto, como el puente que siempre ha tendido, como la mano que siempre ha ofrecido. Un blog amigo, un Baile al que sólo le falta el danzón de la amistad para completar su ronda, un danzón que siempre sobra.
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¡Salud!

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