lunes, 5 de enero de 2009

Una reina en jaque.

El punto álgido al que han llegado los acontecimientos tiene la tesitura apropiada para el desinterés. Si en el pasado resonaba en todo el horizonte de los medios mexicanos el hecho de que se descubrieran narcofosas, narcotúneles y hasta algo llamado narcosatanismo, hoy día el narcotráfico nos ha tupido -en más de un sentido de la palabra- de tanta y tan variada diversidad de actos, llegando al grado de sorprendernos con sus vínculos internacionales y al interior del gobierno, que lo más natural sería ya que todo lo que girara alrededor del negocio millonario "de moda", nos resultara obvio y manifiesto de antemano.
.
Por eso a mí me sorprende que, a estas alturas, la opinión pública grite asombrada, o encolerizada, al develarse los vínculos de una participante de un concurso de belleza con el llamado cártel de Juárez. Imagino que a estas alturas, la historia se la saben al derecho y al revés: Laura Elena Zúñiga Huizar, coronada -literal- en julio pasado con el título de Nuestra Belleza Sinaloa 2008, fue detenida la madrugada del 22 de diciembre pasado en compañía de Ángel Orlando García Hurquiza, hermano del presunto líder del cartel norteño, otros siete hombres también ligados con el grupo narcotraficante y una cantidad indecible -en serio- de armas de fuego y municiones de alto calibre.
.
Laura Elena era la novia, o la querida, o la amiga muy cercana, de García Hurquiza, según lo admitió en su declaración la guapa culichi. El concurso, que ya de por sí, a estas alturas, tiene que hacer cada año esfuerzos cada vez más arduos para llegar a más espectadores y generar en ellos las reacciones extenuadas y sentimentaloides sin las cuales nomás no genera billete, se deshizo inmediatamente del percance, argumentando que las decisiones personales de la señorita Zúñiga son eso, de su persona, y en ningún modo el concurso de belleza más importante de la entidad norteña, ni por supuesto su símil a nivel nacional, y mucho menos su marca a nivel mundial (Miss Mundo, Miss Universo, etc.), tienen alguna clase de nexo con grupo delictivo o traficante alguno.
.
A Laura Elena, como suele pasar en esos casos, su matriz la dejó solita. No actúo a conciencia, dicen algunos, y el hecho de que la organización de las "misses", que por contrato debería proveer de lo mejor -en todos sentidos- a sus participantes, ya no digamos a sus ganadoras, el hecho de que esa franquicia multimillonaria, cuyo dueño mayoritario es Donald Trump, le dé la espalda a su representante sinaloense, no es más que el resultado obvio: ni Trump, ni ninguno de los dueños de la marca, estaría dispuesto a considerar siquiera la catástrofe de imagen empresarial que traería el conocimiento de vínculos de la compañía con cualquier clase de grupo delictivo.
.
Hay que recordar, además, que Miss Universo tiene fama de empresa quisquillosa con los desmanes de sus reinas empleadas: cuando Alicia Machado ganó la corona en 1996, y no pudiendo soportar su peso se hundió en el alcohol y la comida, subiendo unos cuantos kilitos, Trump en persona amenazó a la venezolana con que le quitaría el premio, terminando el asunto en la renuncia de ella y su consecuente sumida en una profunda depresión clínica.
.
A una mala acción-decisión de Laura Elena, una reacción obvia de su fábrica mentora.
.
Estoy de acuerdo. De acuerdo en que ni a Nuestra Belleza México, ni a Lupita Jones, la representante a nivel nacional de la firma, ni a ningún otro asociado, convenga la imagen de nexos con el narco. De acuerdo estoy también en que, si la señorita Zúñiga actuó delictivamente, acorde siempre, claro está, con la legislación vigente, se le castigue pertinente y justicieramente, pues su cetro y su corona, sea de diamantina o de brillantes y rubíes, no le otorgan ninguna clase de fuero constitucional.
.
El problema en todo esto, lo que levanta ámpula, pues, está más bien en el hecho de que, cuando Laura Elena fue coronada en julio del 2008, la opinión pública se alebrestó -sí, ya desde sus inicios causaba furor la Elenita-, esto debido a que Laura era la participante menos graciosa, menos bella y resueltamente menos inteligente del certámen. Escuchar su nombre en el momento del anuncio de la ganadora desató, en todos los presentes, un arrebato de sorpresa y consecuente duda: ¿cómo podía ganar Luz Elena un trono que le pertenecía a cualquiera de las otras concursantes menos ella? ¿Cómo se dignaba la señorita Zúñiga en recibir un trono entre semejante grado de sospechas?
.
Lo que el emporio de Nuestra Belleza teme, en realidad, es el hecho de que esa primaria -y desafortunada- entrada en escena de Laura se vincule con la metida de mano negra de algún capo sinaloense en la organización del concurso. ¡Pero por favor! Decir que el narco no controla ya nuestras economías, nuestros flujos de capitales y nuestra seguridad, es como querer soñar que este México no es éste, sino el de hace muchos años, cuando los ladrones eran en verdad ladrones, y uno escuchaba de balaceados y decapitados únicamente en las reseñas de los filmes de terror.
.
Para mí está más que claro que el narco nos está comiendo la partida. A dos años de iniciado su gobierno, don Calderón no ha podido limpiar, como él se lo propuso en un arrebato de campaña -las campañas presidenciales siempre están llenas de arrebatos, sobra decirlo-, la pestilente y avasalladora cloaca del narcotráfico en México. No ha rozado siquiera, ni ligeramente, por más que sus spots televisivos digan lo contrario, al poderoso monstruo que es el narcotráfico mexicano, vinculado ya con otros muchos de cárteles en todo el orbe: un godzilla de proporciones estratosféricas, que hace temblar ya no sólo a los ciudadanos, gobiernos y capos mismos, sino a los concursos de belleza, los restauranteros, la iglesia y las autoridades.
.
Para mí también resulta más que obvio que el narco está en todas partes, al menos en las que pueda encontrar -y hacer fluir- capitales que sí, hay que admitirlo, posee, y en gran escala. El narco está en la tele, en la industria de los alimentos, en los medios -tan sólo en Chihuahua, uno de cada tres periodistas vive amenazado de muerte-, en los aeropuertos, ¿quién dice que no vive también los concursos de belleza, dónde si algo hay, por arriba de cuerpos excelsos y cerebros vacíos, es dinero?
.
De mí se acuerdan si no vamos a estar teniendo "descubrimientos" como el de Laura Elena a cada rato en unos meses más. A ver si cuando la Miss Chihuahua, o la Miss México incluso, aparezcan fotografiadas "in fraganti" junto a algún Arellano Félix, o algún Villanueva, o algún Guzmán Quintero, a ver si entonces sí dejamos de sorprendernos y comenzamos a ver las cosas como son, como la temible y apocalíptica realidad que se nos está echando, pero de ya, encima a todos.
.
¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

No entendí, Laura Elena o Luz Elena. Pues seguramente fue por amor, jajajajajajajajajaja. No sé, es una de las tantas cosas que suceden en un país tan conflictivo como este, en el que la corrupción se encuentra desde los salones de primaria, hasta las elecciones federales y las altas esferas de la Iglesia, pasando por supuesto, por los concursos de belleza.
Es como la teoría de los seis puntos de separación, todos tenemos alguna relación directa o indirecta con el narco.

Victor H. Vizcaino dijo...

Hay, sabias que, uno de mis mas grandes ídolos, o mis ejemplos a seguir, es el súper magnate Donlad Trump, no sabes que hombre de negocios es, espero llegar a ser como el.

Fíjate que si me entere de la amenaza a miss Venezuela, pero Donald Trump es una persona que admira mucho a toda persona ganadora y que lucha por sus sueños, dándole a entender que o mejoraba, o la cosa se ponía fea, las opciones que le dio se me hicieron muy razonables, si no se corrigió, fue su problema.

Y referente a lo del narco, con estas crisis dan ganas de asociarse, aunque hay que tomar en cuenta tiene su precio, y como es caro, se decide quedarse igual, feliz y tranquilo.

atte.: Victor Obama, futuro Trump de México (jajaja) has changuitos.