miércoles, 7 de enero de 2009

Para no verte más.

Para romper un poco con la ansiedad de los días oscuros que se están viviendo en ésta mi casa, que también es su casa, el mayor de mis hermanos y yo asistimos, puntuales y con la cara bien lavada -tener días tristes no es sinónimo de días cochinos-, a una cita con uno de los artes en que los dos compaginamos miradas casualmente: el cine. ¿La función? La que fuera, pero de la cinta mexicana que actualmente ostentan las salas de casi todo el país, y en la cual actúa una abrazable amiga cuya participación es -raro se me haría que no en ella- de las pocas cosas que salvables hay en el material. Me refiero, claro está, o ¿no está claro?, a Volverte a ver.
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Pues Dios quiera que no. Que no tenga yo, digo, que volver a ver esa cosa que atenta contra el buen nombre del bello arte de la pantalla grande al colocársele el distintivo de "película". Lo es porque se compone de un conjunto de imágenes rodadas en serie y velocidad y proyectadas sobre una superficie plana, pero nada más por eso. Fuera del hecho de que alguien puso esa "cosa" en un disco digital, o en un rollo de cinta fotosensible, y lo distribuyó, Volver a ver es un híbrido deforme entre comercial televisivo de larga duración y adelanto de serie televisiva -sí, tipo "previamente, en Volverte a ver...", o "la próxima semana, en Volverte a ver..."
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¿Que de qué se trata? Hace unas horas La Wendy me ha hecho la puntual aclaración de que uno debe decir de qué trata una cinta preferentemente cuando es un churro. Es el caso, así que ahí les va la "microhistoria": diseñador guapo y cotizado, se enamora de reportera -?- guapa y cotizada, y se pone a buscarla como loco porque jura que es el amor de su vida. Punto. Ya, sigan leyendo, aquí se acabó la trama, de veras.
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Para no verla más, la cinta adolece de muchas cosas: una protagonista de a de veras-la que tiene, una tal Ximena Herrera, no merece ni siquiera el beneficio de colocar en su currículum el término "actriz"-, o al menos la misma, pero con unas buenas cachetadas guajoloteras previas a la grabación de cada escena que la hagan despertar, o no traer todo el rato esa cara de entre "quítense que vomito" o "quítense que me mato de hambre". Un guión -¿lo tiene?-, o uno que al menos no esté escrito -con las patas-, o chamaqueado, por los mismos empresarios -un titipuchal- que han dado la lana para la realización del proyecto, previa tapización de sus logos y marcas -otro titipuchal- a lo largo de toda la cinta -hubo un punto en que me pregunté si seguíamos en los comerciales de los cortos-. Un director -Gustavo Adrián Garzón, primer trabajo- que no luzca por su ausencia... o por su ineficacia.
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Alfonso Herrera -el chinillo de Rebelde, sí, sí, el que no es ni el gay ni el que tiene cara de "aaaasco, weeeey, osea, me estás manchando los naikis nuevos nomás con verlos, helloooo?"-, hace un buen trabajo actoral -por lo menos, a diferencia de su tocaya de apellido y coprotagonista, la Ximena "quesque actúo" Herrera, Poncho sí sabe mover los ojos para expresar un sentimiento-. El problema es que, ya me imagino la presión que sentirá al respecto, el chico RBD tendrá que hacer grandes esfuerzos para que los productores de cine y televisión -él dice que nunca ha cantado (noooo, ¡júralo!), sino que lo suyo, lo suyo, es la actuación- no lo etiqueten de una vez por todas como el niño bonito con look interesante y guardaropa envidiable, sino que le pongan enfrente verdaderos retos actorales que lo hagan madurar y ejercer en verdad la profesión de su talento. Lo siento, Ponchito, pero Volverte a ver, que a duras penas es una película, ¿cómo va a ser un reto para ti? Pero ahí búscale, búscale, que el que busca encuentra.
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Pero como aquí, en El Baile de la Coma, no todo lo hacemos ver feo, por más feas que estén las cosas, es equilibrante realizar la siguiente pregunta -timbales por favor-: ¿Por qué sí ir a ver Volverte a ver? ¡Ah, ésa no se la esperaban! Vayan a ver la cinta por tres buenas razones (una de ellas doble): la comiquísima y naturalísima -sería raro no ver eso en ella- actuación de Mónica Huarte (Rita, en esta cinta, Daniela, en Cansada de besar sapos (2006)), que levanta la "peli" y la convierte, como actriz, en la verdadera y absoluta protagonista con honores; en la misma línea, la actuación siempre deseable de un grande de la comedia, Eduardo Manzano, el Polivoz; en segundo lugar, el bien llevado diseño de arte que posee el filme; y, para acabarla, la buena banda sonora -si se fijan bien, el trailer resalta, por sobre todas las cosas, la música de la cinta como elemento promocional-, a cargo de estrellas como Chenoa -todo irá bieeeen-, y Motel -y te vaaaaas-.
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Hay una razón más para ir a ver Volverte a ver: recordar que cintas como ésta, de pocas cosas salvables -repito y repito que no pueden perderse la maravillosamente cómica participación de Mónica Huarte y el Polivoz-, de gran cantidad de desaciertos y faltantes, son las que hacen posible la realización económica de las otras grandes cintas que sí vale la pena ir a ver todo el año -y en las cuales, en verdad lo espero, sí puede lucir el talento de Herrera (Poncho, no su deleznable acompañante), Huarte y Manzano, y los otros grandes que no salen en el cine porque ya no venden, o porque no le caen bien a los productores-empresarios, o porque se pelearon con la televisora, o porque (coloque aquí un largo etcétera)-. Cintas que sí con películas, que sí son arte.
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¡Salud!

2 comentarios:

Butterflied dijo...

Dios, cuántas cosas me habré perdido al dejar un poco apartados todos estos blogs que hace un tiempo visitaba cada día...
La verdad es que han sido tiempos malos, raros y sobre todo ocupados... Y en un mes... los exámenes de Febrero...
Espero que todo se calme un poco y poder volver a disfrutar de la coma.
Un abrazo.

Wendy Piede Bello dijo...

A pesar de lo que puedas pensar, estaba dispuesta a ver esta peli, por dos razones: la primera porque vi Cansada de besar sapos y sí, es un churro, pero no es insufrible; y la segunda, porque es una mexicana y como lo he dicho y repetido, tenemos que consumir todo lo mexicano, para que haya más, así como consumimos todo lo gringo. Se te olvidó que la Huarte, también hace de las suyas, aunque más breve, en Efectos secundarios, la peli de los treintañeros con muy bien soundtrack.
Beso Agus, para tí y para Benjamín ; )