lunes, 12 de enero de 2009

One, two, three, go!

Con un martes que se avecina tormentoso, este fue un lunes radiante y oloroso -sí, como comercial de Fabuloso, pero sin hacer feliz a ninguna nariz-. Después de pasar una tarde en vivo y en directo con mi entrañable Zucaritas -yo insisto en que Matel debería de hacer copias exactas de ella para venderlas como mejores amigas, aunque el producto sería de un acabado algo macabro, tipo Furbis o Tamagochi-, me vine directo a mi casa para escribir a ustedes, en vista de los malos tiempos, sobre buenos resultados de un estudio que recientemente se publicaron en la prensa mundial.
.
Se trata de un artículo que apareció en el New York Times la semana pasada -si les digo que mis informantes nos traen pura fuente de primera calida', y ustedes no me quieren creer-. En él, se da a conocer la respuesta que un conjunto de estudiosos del Departamento de Psicología Harvard obtuvieron al observar durante algunos años los procesos de la mirada humana enamorada. Ya viene el 14 de febrero -se precipita la fecha funesta; amarren navajas y preparen anticorazonadas-, así que los resultados podrían agradarles tanto a ustedes como a mí. Música, maestro.
.
Todos ligamos con la mirada. En la observación obtenida por los investigadores estadounidenses, quedó muy claro el hecho de que todos los seres humanos establecemos un primer contacto a través de la vista. En el caso de los ciegos, incluso, el enamoramiento, que sucede a través de la voz, o posiblemente del tacto, no sería posible sin la definición de una imagen -dibujo totalmente mental- del objeto de deseo -¡auch!, qué bonito sinónimo me acabo de aventar-.
.
Lo curioso, sin embargo, es que para que exista una conexión amorosa entre las personas, son necesarios sólo -o al menos- tres segundos de mirada directa e intencional. Osea que el ligue, para que sea ligue, debe nacer de vista a vista. Eso explicaría, en palabras de los investigadores, por qué es que las mujeres no sienten llegar a su verdadero amor cuando un hombre "inspecciona" -eufemismo para decir "se las come vivas"- sus curvas, o viceversa. De hecho, dicen los investigadores, son pocos los hombres -individuo, ser humano, género masculino- que pueden desarrollar sentimientos amatorios sinceros y leales partiendo sólo de miradas furtivas femeninas a ciertas partes de su cuerpo que no corresponden con la vista.
.
De ojo a ojo, tres segundos, y tenemos magia. Yo me puse a pensar de inmediato, apenas mis informantes me trajeron el agua caliente para mis callos y me pasaron el resumen ejecutivo del estudio que leyeron, en todas las veces que he intentado ligar en un camión, o que alguien -mujer u hombre, porque de todo hay en esta vida- ha intentado ligarme a mí. Y sí, no me queda la menor duda: la mirada, más que un gesto, un movimiento exagerado de labios o extremidades, incluso más que un pellizco o agarrón de cualquier parte corporal, es determinante para que uno baje la guardia, ría nerviosamente, y admita haber sido señalado y tocado -en el sentido sentimentla de la palabra-.
.
Por eso yo rara vez mantengo la mirada cuando alguien intenta ligarme a mí. No, es cierto, a veces, muchas veces, me dejo cautivar. ¿Quién puede negar que es lindo, al menos de vez en cuando, sentir la necesidad del otro de encontrar nuestros ojos y hacerlos papilla con los suyos? Es admirable, creo yo, y hasta aplaudible, la capacidad que tienen muchos, quizá ganada a fuerza de decepciones y tropiezos, para resistir las miradas implicosas y caprichosas. ¿Cómo es que no caen ante tres segundos, o hasta menos, en el caso de los facilotes como yo, de bombardeo de iris y pupila? Hay que ser dioses, o ciegos, o insensatos, para no morir en tal batalla de fragmentos oculares.
.
También pensé en todos los amigos que tengo que han agarrado novia(o) en ligues de a miraditas en los camiones. No los tengo muchos. La mayoría agarra así relaciones esporádicas, no muy convincentes. A los estudiosos harvarianos quizá les faltó investigar qué tanto esos tres segundos de tocar la puerta del alma que son los ojos garantizan no otros tres segundos de permanencia en el corazón. Yo he ligado en camiones, pero nunca he sacado de esos ligues relaciones fructuosas -en el sentido romántico de la palabra- ni de larga duración. Pequeños momentos. Pareciera entonces que el número de segundos que miramos a los ojos intentando enamorar, es proporcional al número de horas que pasamos al lado de esa persona, pensando en sólo no dejar de amarla.
.
Hace unos días, cuando las cosas estaban mejor, mi amiga de antaño, una de las pocas de antaño que tengo siempre cerquita, La Wera, me confesó un reciente traspié amoroso. Yo sufrí con ella en cada parte de su confesión, pero más cuando me explicó, a detalle y sin escalas, cómo es que comenzó a adivinar que las cosas no iban bien con su chico tan sólo mirándolo a los ojos. No lo vio tres segundos, ni dos, ni uno: bastó, con la inteligencia femenina que la caracteriza, tan sólo un leve atisbo, un desvío, una luz mal reflejada, para romper el corazón de mi amiga y anticipar declaraciones.
.
Harvard no ha reiterado la idea de que los ojos son la ventana del alma, pero creo que todos podemos concluirlo ahora. Si el alma humana es luchona y no se doblega ante el dolor ni la adversidad, ¿cómo no esperamos que su ventana hable también de lucha, y haga caer rendidas otras almas a través de otras ventanas? Cuide sus ojos. En un futuro, quizá no muy lejano, podrían sacarlo de insondables soledades.
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Yo ti quero más que a mi ojos, pero quero más a mis ojos porque mis ojos ti veron... hasta Tizoc lo sabía y los de Harvard se hacen que han descubierto el hilo negro.