miércoles, 28 de enero de 2009

Desidero.

Cuando deseas algo con la suficiente fuerza,
el Universo entero conspira en tu contra para que lo obtengas.
La menor de mis hermanas.
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Quien por cierto se casa este sábado por el civil, boda que ya tiene preparada y para la cual ya ha meditado lo suficiente acerca de votos y restricciones, a sabiendas de que tras su "sí" y su firma, no habrá mucha vuelta de hoja. De ella -de mi hermana, y también de su boda, que algo tiene de acierto del Universo- es la frase que abre esta entrada, y cuya lucidez volvió a iluminar mis horas cuando su recuerdo -el de la frase, el de la menor de mis hermanas también- llegó ayer por la tarde tras mi quincenal sesión con La Nancy, otrora mi maestra, hoy mi amiga muy querida y terapeuta personal.
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Ya sabrán que La Nancy, cuando se trata de ayudarme -pues por algo le pago, dirán, y tendrán razón-, no se anda por las ramas. Ayer, tras múltiples zopapos y pellizcos, me hizo llegar a la esperanzadora conclusión de que sería indicado, en estos momentos y para mí, exclusivamente para mí -digo, para que luego no digan que les ando dando ideas- pedir al Universo una pareja acompañante.
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De primer vistazo, el asunto suena a que La Nancy anda promoviendo conmigo alguna línea de chicas de compañía que ella conoce -o maneja-, de muy alto nivel -nivel ejecutivo, dicen las tarjetitas que regalan en los cruceros cuando te ven sujeto interfecto masculino y con cara de solitario o acompañado insatisfecho-, pero el primer vistazo se acaba cuando ella, que es tan profesional para verlo todo como su profesión se lo indica -?-, me explica que todos tenemos a nuestro lado, a menos mientras así lo deseemos, un lugar vacío que lleva el rótulo de "Pareja", y que a lo largo de nuestras vidas vamos llenando con toda clase de personas -y artefactos, de vez en cuando también artefactos- mágicos y, al menos lo esperamos al ponerlas en tal lugar, satisfactorias. Medias naranjas para el alma de los adoloridos.
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La punto morrocotudo está en que, cuando las relaciones se acaban -que es como decir, a título de programa amarillista, "Cuando los edificios se derrumban" o "Cuando las cirugías fallan"-, el asiento de "Pareja" queda vacío, y si uno no se pone rápido las pilas y manda su solicitud de pareja al Universo, osea, su pedido de ídem, su requerimiento -firmado, sellado y con tres copias-, uno mismo comienza, por efectos de esa necesidad natural que tiene el ser humano de llenar los espacios vacíos hasta con la mirada, a llenar el espacio de "Pareja" con tantas cosas como es posible, no siempre provechosas: miedos, inseguridades, insatisfacciones, restricciones, pensamientos infructuosos, trabajo excesivo, comida, vicios, ceguera, infelicidad, indecisión y hasta con ego alzado, cosa por demás innecesaria y a la larga dolorosa.
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La petición de pareja al Universo tiene sólo dos condiciones: debe ser muy específica, por un lado, y debe estar respaldada por una evidente intención de ofrecimiento personal, de contraoferta. Explico esto último, según se lo entendí a La Nancy y lo puse en práctica ayer mismo: si uno pide a una chica rubia, de buenos modales y finas caderas, tres deseos por demás importantes y asequibles, uno debe ofrecer al Universo también la férrea intención de modular su temperamento, o limar los modos, o alivianar las cargas horarias. Pidiendo y dando, diría mi beatísima madrestad.
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La otra condición para la petición de pareja que La Nancy me ha planteado, la especificidad, es mucho más fácil de cumplir: al momento de elaborar por escrito el pedido, uno debe especificar todo lo que quiere en la persona compañera, pero todo, todo, en verdad lo que se dice todo, desde el color de su esmalte de uñas preferido, hasta el último razgo del carácter y la personalidad. ¿Y qué pasa si un detalle se pasa por alto, o se olvida? Según La Nancy, que ya ha comprobado la eficacia del Universo para las entregas de pedidos amorosos en el cien por ciento de los casos en que ha puesto a sus pacientes a elaborar el experimento, se corre el riesgo de que el solicitante no reciba un "producto" que sea de su entera satisfacción, lo cual resultaría, para cubrir la "vacante" -así lo llamó ella, término que me sonó a bacanal y júbilo incontenible-, desastroso y lamentable.
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Además hay que tomar en cuenta que lo que uno pide tiene sus contrapartes -como las "baterías no incluidas"-: pedir un novio que irradie mucha luz implicará también estar conciente de que tanta luz esconde, de a fuercitas, una importante carga de oscuridad encubierta. Por eso, me explicó La Nancy, hay que estar muy conciente al momento de solicitar las cantidades, y, en la visión de ella, al solicitar lo básico para pensar en obtener lo máximo.
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El Apapachoquealivia me ha hecho hoy la sana observación, al plantearle hoy la cuestión, de que no considera que uno deba pensarse incompleto mientras no tiene pareja. No podía estar más en lo cierto mi estimadísimo y rubio amigo -muchachas, la que escriba en su solicitud "rubio natural, cuerpazo, inteligente y servicial", no busque más y comuníquese conmigo pa' enlistarla en el próximo castin' para cubrir la vacante de El Apapacho...-. La cuestión está en que debe buscarse quien cubra el espacio de "Pareja", no quien cubra nuestras propias carencias -son, como notarán, cosas diamentralmente distintas-.
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El problema radicaría realmente en que hay quienes sí nacen con el espacio de "Pareja", y quienes no. Error lamentable sería estar intentando llenar un espacio que no está, que nunca ha estado ni estará. ¿Y eso como se sabe? Hasta que la tienes y eres muy sincero al decir que te gusta -pruebe primero, decida después-. Además serás tú con o sin lo que pidas, pues has sido tú hasta antes de pedirlo, pero eso no quita que quieras para ti algo mejor, algo que te rodee con sus suaves brazos y te haga sentir siempre bienvenido, siempre mejor.
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Para La Nancy, uno va pidiendo y pidiendo hasta que hace un pedido a la perfección y entonces sí, ya solicitada, aparece la famosísima media naranja -como la de la canción noventera de Fey-. El aparente "tiempo perdido" que podrían significar las relaciones pasadas antes de "la definitiva", se convierte instantáneamente en experiencia fruto del tropezón, nunca en pérdida. La casa, finalmente, siempre gana. Yo no sé si exista eso de la pareja ideal, o la media naranja, pero sí creo que vale la pena solicitar y solicitar hasta obtener lo que se espera, probarlo y decidir. Total, creo, uno no pierde nada al intentar.
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Yo, ya adivinarán, ya hice mi solicitud. La Nancy me ayudó explicándome el proceso, y diciéndome que la decisión de olvidar a quien yo mantuve recientemente en el espacio de "Pareja", y quien tal fue para mí, sin su aprovación, resultando el lugar ocupado-vacío de manera intermitente, el hecho de que yo haya decidido liberarme de ella y otras muchas cosas, ahora me da la capacidad de avisar al Universo que el lugar está vacío, y que se solicita quien lo cubra.
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Tardé unas tres horas, y la lista final de requisitos llenaba cinco hojas completas, por ambas caras. Si algo se me escapó, allá el Universo que se las arregle, y acá mi corazón que sepa entender la falta al recibir lo que llegue, cuando llegue -según La Nancy, el envío es dilatado, pero la recepción justifica la espera-. Yo estoy abierto, abierto a obtener, a abrazar, a poseer, pero también a entregar, a compartir, a construir. Abierto a que el Universo me las devuelva todas, una por una, y juegue conmigo a fomentar mi felicidad. Ya es hora, ya es mi hora.
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Y tú, ¿qué vas a pedir hoy? Sin miedo. El Universo está listo para complacerte.
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¡Salud!

1 comentario:

Victor H. Vizcaino dijo...

Hay me hubieras dicho antes, yo vendiendo mi alma al mismísimo lucifer y tu me avisas que pidiéndole al universo con especificidad y arduo labor mental, se logra, ya que, tendré que renegociar, al fin y al cabo se me da, saludos y suerte con tu petición.

Hay me hubieras dicho antes, yo vendiendo mi alma al mismísimo lucifer y tu me avisas que pidiéndole al universo con especificidad y arduo labor mental, se logra, ya que, tendré que renegociar, al fin y al cabo se me da, saludos y suerte con tu petición.

VO.