sábado, 27 de diciembre de 2008

Ya la fiesta comenzó.

Ya cerramos la calle. Ya mandamos poner farolas en todo el vecindario, y ya la señora que hace tamales en la esquina, y el falluquero del pasaje, prometieron darnos tregua nada más por una noche. Mañana, como a esta hora, estaremos ustedes y yo, y los que se sumen al festejo, atiborrándonos de botana, platicando de lo posible, y, claro está, bailando hasta morir. Todo esto porque éste que ven aquí, que sigue escribiéndose y reinterpretándose, este Baile de la Coma, apagará su primer velita en el pastel.
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Ya también mandamos a hacer el pastel. Asistiendo a las alergias de algunos, y los gustos de otros, mandamos a hacer un pastel como de seis pisos, tipo buffet. En el de mero abajo habrá chocolate mezclado con consideración y respeto; en el siguiente, con vainilla y tres leches, pondremos fresas de abrazos y cerezas de esperanza; más arribita, masa con escencia de naranja y trocitos de durazno, mezclados con buena suerte y felicidad; en el cuarto nivel, más pesado, habrá torta de elote y buen consejo; en el quinto, ya casi coronando la cuestión, vamos a poner un pastel de trufa holandesa -para los refinados-, con unas cuantas gotas de chocolate blanco y anís de fidelidad; para finalizar, abajito de la velita que orgullosamente dirá "1", hemos decidido ofrecerles flan napolitano, relleno de ¡salud!
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Ése será el pastel monumental, pero también habrá comida a pasto -¿sí se dice así, cuando uno quiere decir que habrá mucho mucho mucho?-, y botanas a morir. Ya le pedimos al barman que cubra turno extra -es que es domingo-, y se surta de vodka de amistad, whisky de buenos deseos y ron de amabilidad, sin olvidar, claro está, el mexicanísimo tequila de libre expresión, y que procure que nadie deje de tener una copa en la mano durante todo el festejo.
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La Butter, de España, ya nos mandó la tortilla y la paella, El Luigi, de Ciudad Juárez, ya nos prometió burritos, y La Gala cabrito y tortillas de harina a morir. Me dicen mis informantes -que ya fueron a rentar sus fracs-, que el piano para cerrar el festejo llegó ayer en un embarque a Manzanillo desde Mazatlán -no entendí por qué tanto movimiento-, y que el remitente prefirió el anonimato.
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Ya mandamos traer los jamones de York, las papas fritas de California y el pescado gratinado de Inglaterra. Nuestras mesas se están preparando con manteles andaluces, y la luz y el sonido nos los ha patrocinado un raven holandés. Los meseros, como siempre, llevarán abundantes vinos hasta sus manos, y chin chin el que no esté feliz. Las invitaciones no serán necesarias, porque el guateque de nuestro primer aniversario será, como lo ha sido todo el resto de este Baile, una invitación abierta a la pluralidad, la diversidad y el respeto. Puertas abiertas.
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Así que ya saben. Es de traje, de lleve, y de vine y vi. Vengan con niños, mascotas y fetiches. En la entrada habrá guardarropa, por aquello de que les dé flojera -la pena no está permitida- andar por la fiesta cargando sus libros, sus juguetes sexuales o sus ideas. Lo único que no se admiten son armas, o drogas, no porque no respetemos su uso, sino porque el Baile de la Coma busca que todos estemos bien con todos, y ambos inventos humanos siempre la llegan a cagar -con el perdón del funcionamiento escatológico-.
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Tendremos seis estacionamientos, pero todos estarán cerrados porque será domingo, así que lleguen en metro, bici, caminando, corriendo, o como sea que no gasten gasolina ni contaminen -sé de un lector chino que vendrá en papalote-. Vengan con la conciencia tranquila, el alma franca y la disposición al festejo. Aquí no hay niveles -más que los del pastel-. El baile está puesto, el aniversario preparándose, las horas faltantas disminuyendo. Sean, entonces, bien bienvenidos.
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¡Salud!

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