domingo, 7 de diciembre de 2008

Ya huele a reno muerto.

¿Ya vieron? El equipo que forma este Baile decidió por fin sacar los adornitos del clóset -?- y disponer todo para que este blog, que es suyo, mío, y de todos los que ayudan con los gastos, se ponga navideño. Piñatero ya estaba, pero que sea navideño es algo nuevo, que, definitivamente, nos llena de emoción.
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No. El Baile de la Coma no promueve el consumismo exacerbado. Sin embargo, sí es fanático de mirar al dinámica de la compra navideña. Durante las primeras tres semanas de diciembre, y hasta que la cosas llegan a un punto álgido por ahí del 22, mis informantes y yo acudimos a las principales plazas comerciales de la ciudad a sentarnos con nuestros termos de café cargado a mirar para la gente arrebatarse el último suéter de la barata, renegar por los descuentos con la cajera, o hasta cambiar etiquetas para que el código de barras les ayude a hacer más llevadera la cuesta de enero.
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Es que es increíble. Apenas nos avisa el calendario que viene el aguinaldo, y los mexicanos ya lo estamos gastando. ¿Cuántas veces no habré escuchado la misma cantaleta?: "Ay, para reparar el techo, viejo, que desde lluvias amenaza con venírsenos encima, ay, o para comprarle zapatitos al niño de Atocha del buró, que ya me mira desconsolado con sus pies friyitos, ay, o para traerle a Deyanira la muñeca que le pidió al niñito Dios, y que el pobre, con sus piesesitos congeladitos, no puede cargar desde el Soriana".
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Ya los vi, a todos, haciéndole saber a la crisis que lo nuestro, lo mexicano, es hacer que las cosas, mientras más críticas se ponen, más nos vienen valiendo un soberano filamento de pelusa. Ya vi los centros comerciales atascados, las tarjetas sobregiradas y los intercambios organizándose. Yo no sé por qué, pero la que organiza los intercambios siempre se llama Lupita, tiene el pelo pintado-decolorado rojo caoba, y/o es fan de Luis Miguel. Vayan ustedes a saber si será alguna clase de raza especial aún no estudiada dentro del género homínido -si descubren que así es, propongo para la misma el nombre de "intercambius voraginurus"-.
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Ya los vi, poniendo arbolitos con tantas luces de colores como si no existiera ni el calentamiento global, ni el aumento de la luz. Consumiendo las paredes de sus casas en renos, monos de nieve -que aquí hace más de doce años no tenemos- y santa closes gordinflones, sonrojados y barbudos. Poniendo renos de narices rojas hasta en sus autos -por cierto, qué-mal-gusto-es-ése-, y enfundando la taza del baño en risibles y estúpidos duendes mitoteros que, cuando uno levanta el sencillo artefacto, parecen cerrar los ojos en una carga inmunda de pudor.
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Ya los vi, comprando hasta de más, regalando hasta de menos y abrazando a lo baboso. Bueno, lo de los abrazos es bueno. Yo soy de la idea de que uno debería regalar, por ley, un buen libro y un buen abrazo cada Navidad. Quien quisiera agregar al presente un bonito brazalete, o un perfecto estuche con chocolates, allá él. Lo básico sería sabiduría y amor, que son como dos cosas iguales porque los libros, como Rigo, son amor.
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Ya los vi, y en los próximos días, mis informantes y yo los seguiremos viendo, tomaremos nota, y luego vendremos a este Baile a poner las cosas en claro, con la seriedad y el profesionalismo que nos identifica -?-, para entonces sí tener bien entendidas las entendederas y bien sabidas las sabidurías de qué es lo que ustedes compran, cómo es que se desgreñan para alcanzarlo, y cuánto es que están dispuestos a pagar por eso que llevarán a casa, envolverán en el mismo papel de siempre y entregarán en una noche para no volver a ver jamás -a menos que les practiquen el temido roperazo reversivo, y el próximo año reciban lo mismo que dieron... y un fruit cake-.
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Por cierto, los vea o no, no se atrevan a regalar fruit cakes bajo ninguna circunstancia. Son postres -?- de muy mal gusto y pésimo sabor. Y si se acaban los libros, las botellas de vino y los chocolates, las muñecas y las flores, los juguetes sexuales y la ropa, si se ven, pues, forzados a regalar un fruit cake, no le pongan decorados de papel maché, ni piensen en clavarle monos de nieve empalados o santas juguetones de foami. Con el fruit cake será suficiente para sellar su desgracia de mala amistad. No agreguen piedritas al riñón.
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Por lo pronto nosotros ya desempolvamos las esferas y colgamos las guirnaldas. No sé si celebremos Navidad con gusto, con todo lo que ha pasado este año, pero de que la celebramos la celebramos. En México, bien lo decía Paz, no hay otro acto que nos legitime tanto como la fiesta. Festejemos, pues, jubilosos.
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¡Salud!
Faltan 2 entradas para las 250. Tibio, tibio.

1 comentario:

Alejandro Bercini dijo...

¿Qué puedo yo agregar a este entrada? Ha abarcado casi toda la gama crítica de lo criticable de la Navidad.

JO JO JO ha llegado el mayor consumismo del año... la época de derrochar a lo baboso en idioteces, por eso mejor tomo una filosofía diferente... Solo compraré un par de regalos, los necesarios por aquello de los compromisos.. y el resto les haré - si, así es, con mis propias manos, así que cuidado - pequeños detalles que sean muestra de cariño y un bajo presupuesto por el momento, hay tantas opciones, como tarjetas hechas a mano, galletas quemadas por uno mismo, o que se yo.

Creo que me uniré al club de los "Grinch"... bueno tal vez no tanto, pero si evitar la superficialidad de esta época y sus eventos superfluos de intercambios de regalos que a nadie gustan porque no te conocen tan bien.

En fin, veamos como nos termina este año, por lo pronto tendré que tomar mucho dramamine pues ver tanto Santo Clauses por todos lados me está mareando, eso sin mencionar las naúseas y excesivas ganas de vomitar que me dieron al pasar por el pasillo navideño de liverpool!! =/ disgusting!


Saludos desde Wonderland!