domingo, 14 de diciembre de 2008

Y retiemble en sus centros la Tierra.

Bonito aviso me trae la tarde. Ya estaba yo preparándome para mi baño vespertino de azaleas y flores rojas, cuando, al revisar rutinariamente mi correo electrónico, me he topado con un mensaje de La Wendy que, al estilo cadena, dice advertir de un terremoto que azotará las costas de América desde Los Cabos hasta Perú, dejando mucho desastre, mucho herido, y mucha zozobra.
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A mí el mensajito, ya lo podrán adivinar, me enchiló la punta del hígado por ambos lados. Contra La Wendy no tengo nada: ella sabe a la perfección lo que la quiero, abrazo y contradigo a diario. Mi problema es realmente contra los creadores de semejantes alucionaciones y defecaciones mentales, que se placen de sembrar el miedo, la duda, la incertidumbre y hasta el terror, y luego, ya que tiraron la piedra, esconden la mano o dicen "se los dije" con aires de adivinadores, magos y sabios todopoderosos.
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Dice el creador del mail, cuyo nombre me viene guango, que una tal Giovanna fue la áurea y dadivosa pronosticadora de semejante desastre natural. Y luego argumenta, el desgraciado, que Giovanna predijo la caída de las Torres Gemelas, en 2001, el triunfo del hoy Presidente Calderón, el derrumbe de la bolsa, y la migraña de su esposo. Agrega el infeliz que la tal Giovanna también pronosticó cosas que no han acontecido, pero que "de seguro pasarán, dada la gran habilidad y el largo prestigio que sucede a la adivina mexicana".
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Por mí, la tal Giovanna puede adivinar que AMLO tiene hemorroides, Chiapas no es un problema para México y el asunto del narcotráfico se resolverá en tres minutos. Por mí, Giovannita puede también decir que la Iglesia cerrará sus puertas para evitar la sobrepoblación de feligreses, que los libros se borrarán y que la Coca de dieta desaparecerá. Puede, en pocas palabras, la tal Giovannita decir misa. Lo que no es tolerable, lo que no puede hacer, es soltar un dato tan detonante a lo menso, como esperando ser reconocida cuando, si es que tiene la tal mujer un don que falta ver si en verdad es posible que exista, lo que debería de hacer es poner al servicio de todos la información que calla, las mentiras que inventa y las alucionaciones que se avienta.
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Al margen de tiempo que la Giovanniwis dio para el advenimiento de tal suceso, le quedan cinco días. Si para el viernes no ha temblado, yo propongo que linchemos a la tal Giovanna en plaza pública, le rompamos la... bola de cristal, y la mandemos al exilio, para que le diga a Francia, España o Inglaterra de qué pringados males han de morirse. Pero que no atente aquí, que no venga a decirnos que la colonia Roma se va a caer, que la Latino va a desaparecer y que Televisa -la que, por cierto, le paga los libros- va a quedar en calidad de chánwich de tres pisos o rebanada de hojaldre.
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No lo tolero, y, espero, ustedes tampoco lo tolerarán. Si la doña no tiene clara la información, alguien debería prohibirle tenernos como idiotas diez días esperando un sismo, sin animarnos a subir las escaleras del trabajo, o despegando los cuadros de la pared para evitar nos caigan encima semejantes trastos de arte. Calladita, en resumen, se ve más bonita.
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Y claro que va a temblar. Pero no para que se caigan los edificios, o para que la naturaleza le dé la razón a una "profesional de los astros" -achis, achis, ni que fuera astrónoma, y de la UNAM-. Va a temblar porque diario tiembla, a cada minuto, en esta Tierra viva que no deja de moverse, de separar a las masas continentales, de arrengar a sus mares y océanos contra las superficies de tierra en que vivimos nosotros, simples mortales. Si no me lo creen, pregúntenle a un geólogo. Y ya que acaben de averiguar, se lanzan para acá y vamos todos a quitarle a la Giovanniwis sus cartas y ojos de bruja, y la colgamos del asta bandera de dónde se les ocurra, al fin que para banderas monumentales y otras inutileces, como adivinar los terremotos, o creérselas a los que dicen adivinarlos, los mexicanos nos pintamos solos.
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¡Salud!

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