martes, 9 de diciembre de 2008

Una entrada de a cuartito.

¿Ven? Les dije que sí se podía. Gracias a ustedes, a sus patrocinios, sus comentarios, sus resoluciones, sus silencios y sus exageraciones, ésta es, oficilamente y hasta que el cuerpo aguante, la entrada número 250 de El Baile de la Coma.
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La champaña está en las copas, los totopos en el guacamole y el pastel sobre la mesa. A sólo unas semanas de que este Baile que es suyo, mío y de todos los que participamos con los gastos, cumpla un año de vida, se nos ha ocurrido llegar a las 250 primeras entradas de esta empresa que se ha fortalecido gracias a ustedes, sus lectores, y a todos los otros que no nos leen pero nos echan porras de todas formas.
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Y como el 250 es un número más emblemático todavía que el 200, hemos decidido celebrar estas primeras 250 puestas en vacío -luego les explico el concepto, primero dejen que lo entienda yo- enlistando cinco -por aquello de que es múltiplo de 250- cosas que tienen que ver con el número 250. ¿Ven cómo de todo armamos baile? Si para eso me pinto -nos pintamos, quimosabi- solo. Empiezo, pues, con los cinco 250.
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El tamaño más práctico y rendidor de mi café favorito, el Frappucino sabor café de Starbucks, es el vasito de 250 mililitros. No se tira, no te hastía, no causa molestias gástricas por su exceso o sueño por su ausencia. Es, en términos de un joyero, un anillo hecho a la medida: una excelsa mezcla de café con leche y azúcar, delicioso hielo y sabrosa especie de canela, hacen de la bebida mencionada un elíxir de envase pequeño... porque más grande sería un desperdicio.
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El perfume que suelo usar cuando uso perfume, el Play, de CyZone, la bien pensada y algo cara línea para adolescentes de la marca francesa de perfumería E'Bel, viene, ¿adivinan? sí, en un envase de 250 mililitros. Como yo casi no me pongo perfume -y hasta ahora nadie se ha quejado al respecto-, el botecito me dura y me dura y me vuelve a durar. Una vez más, el 250 hace grandes cosas en bien de mi bolsillo, mi fragancia y mi esencia, que es lo mismo, pero no es igual.
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250 gramos es lo que pesa mi libro favorito, La casa de los espíritus, en la edición que tengo en casa. 250 gramos en la mochila o bajo el brazo y listo: el libro que más me ha marcado, que hasta la fecha sigue definiéndome como lector y como persona, pesa lo mismo que cuatro tacos al pastor, un bonche de hojas blancas o toda mi colección completa de DVDs musicales. ¿No es maravilloso cómo el invento más sabio del hombre puede ser comparado hasta con unos tacos, y salir airoso?
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250 es la cantidad de canciones que le caben a mi reproductor MP3. Yo no tengo tantas, pero sigo esperando que lleguen nuevas melodías que, de tanto enamorarme, terminen por entrar en mi lista de favoritas y, con esto, en la lista de las que faltan para completar en mi Philips de bolsillo las 250 posibilidades infinitas de atraer recuerdos. En mi MP3, como en mi vida, cabe de todo, hasta 250 momentos, sabiéndolos acomodar.
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La No Rules Burger, una de las pocas hamburguesas que merecen mención honorífica de parte de un servidor, y que se sirve en Chilis como platillo estelar ("la que nos puso en el mapa", dice el menú del restaurant texano), pesa... bueno, estoy seguro de que pesa poco más de 250 gramos, pero como uno termina comiéndosela sin la lechuga que se le sale, ni el tomate que le falta, lo que ingresa al estómago, ya contando las papas a la francesa genuinamente sasonadas, deben ser 250 gramos de comida, si no es que un poco menos. ¿Ven? Si para todo hay 250's.
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Ya estuvo. Cuenten bien, fueron cinco. Estas 250 entradas las dedico, como ya dije de manera implícita, a los lectores de por lo menos una de ellas. A los que han dejado comentarios, o se han ido en silencio, a los que se han asustado con las imágenes orquestadas, o a los que me han dicho que ni vieron qué dibujo explicaba la entrada que leyeron, muchas gracias. Este blog se ha construido 250 veces gracias a sus vibras -positivas y negativas-, y a sus respectivas capacidad de aguantar mis egos, mis sobresaltos y mis historias. De algún modo, este cuarto de kilo de entradas tiene un cuarto de kilo de mi vida. De algún modo, al leerlo, al hacerlo suyo, ustedes también poseen ya un cuarto de vida mía.
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Ahora, por favor, pasen a devolver los ceniceros y los portavazos que se han volado. Es broma. Los ceniceros también son suyos.
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¡Salud!

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

FELICIDADESSSSSSSSSS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y de nada, por que mira que si ha sido difícil aguantar tus egos, tus sobresaltos y tus historias, y esa capacidad, no cualquiera la tiene, jajajaja.

Es broma mi estimado, si a sido todo un placer pertenecer a este baile y ayudar con los gasto, la verdad es de admirarse todo tu esfuerzo y es de presumirse la inspiración que aportamos tus informantes – a que modesto soy -, el día que te vea, te daré como felicitación, un golpe en el hombro, bien dado y con calor amistoso, el cual manifestara o dirá: eres genial.

Mis mas sinceras felicitaciones por cada gota de sudor que cayo en tu teclado al escribirnos he informarnos.

Gracias por estas 250.

Atte.: El Apapachoquealivia

José Nuño Ledesma dijo...

Éjele! 5 NO es múltiplo de 250, antes bien el 250 es múltiplo de 5...