domingo, 7 de diciembre de 2008

Una corta Feria 9.

Qué feo es que las buenas cosas se acaben. Uno apenas va acostumbrándose a lo bueno, y lo bueno se le va de entre las manos. Es escurridiza la felicidad. Por eso es por lo que uno debe emplear toda su energía en disfrutar los vientos a favor cuando le azotan el rostro, en respirar de ellos. Hoy, con tristeza y esperanza en que pase rápido el año, le dimos su adiós a la FIL, las buenas entrevistas que obtuvimos, y los grandes y gratos amigos que hicimos.
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Es feo ver que se acaba la feria del libro más importante de América Latina. Feo ver que los chicos de los stands van guardando todos los saldos en cartones que, de tan vacíos que regresan, casi resultan inútiles. Feo ver que los chicos de prensa, con los que uno tanto trató, se despidan y te vean con cara como de que te quieren llevar a México para seguir trabajando contigo el resto del año. Feo que Italia pase la estafeta a Los Ángeles, no porque Los Ángeles parezca un invitado poco apto para el paquetazo que significa la Feria en todos los términos posibles, sino porque ese pase de estafeta significa que la FIL, como el festival de Porky, terminó.
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Terminaron los corre y vuela de stand en stand, las llamadas abrumantes presionando a los encargados de prensa de las editoriales para que te aflojen los libros y agenden las entrevistas con los autores que deseas, las filas esperando entrar a algún salón, las horas de sed esperando el agua gratuita en la sala de prensa, y las horas de hastío esperando se desocupe alguna computadora de las disponibles para los periodistas invitados.
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Se acabaron también los visitantes allanadores, las italianas con su acento de ensueño, y los italianos con su buen estilo para llevar la bufanda. Hoy, dijimos adiós al estrés de las ruedas de prensa, los artículos armados en quince minutos, y las metidas de pata con los entrevistados. También dijimos adiós a gente organizada y conciente que estuvo al mando de muchos de los varios asuntos que incluyen la organización de una feria tan masiva como es la nuestra.
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Las estadísticas son rotundas. Mi insistencia y su visita han rendido abundantes frutos. Hoy hemos cerrado las puertas de una Feria del Libro que ha atraído a 604,012 visitantes -40 mil más que el año pasado-, 1,947 editoriales, 140,846 asistentes al área infantil, 17,259 profesionales del libro inscritos, 92 empresas participando en el salón de derechos del libro, 40 auspiciantes y 180 agentes literarios.
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¿Y cuál crisis? Para los amantes de los libros, las ganas de leer no se las llevan ni los Down Jones ni los Naqdas. Ustedes no sólo pagaron sus 15 o 20 pesos de boleto en la entrada. También compraron, y compraron bien. Según mis informantes, los expositores participantes en esta FIL 2008 registraron ventas un 15 a 20% mayores que las del año pasado, y eso que casi ninguna puso descuentos, ni mucho menos echó la casa por la ventana en razón de promociones y cupones. Todos reunimos ahorros durante los buenos meses del año, y gastamos en FIL como quisimos, como debimos, y hasta morir.
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Les doy las gracias. En nombre de los autores que entrevisté -51, para ser exactos-, las llamadas que hice -mi crédito celular dice más fueron más de ochenta-, y los besos, abrazos, encuentros y desencuentros de los que fui objeto durante los 9 días de la Feria. Les doy las gracias también en nombre de las ordas preparatorianas que recorrieron Expo casi sin cesar -de hecho, no recuerdo un sólo día que no haya tenido yo un altercado con algún prepo o secundarian forajido-. Les doy las gracias en nombre de La Jirafa, La Pinamar, La Wendy, La Casicasi, El D'Argagnan, El Meromerosaborranchero, El Apapachoquealivia, La Zucaritas, mi hermano el mayor, y todos mis otros grandes amigos que me contactaron durante el evento, que hicieron de mis días de trabajo, de estrés y de tensión, días de amor inconmesurable.
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Les agradezco, finalmente, en nombre de todos los que hemos hecho de esta FIL nuestra FIL. Hemos construido una gran feria del libro, y a leguas se ve que no estamos dispuestos -gracias al libro- a dejarla morir.
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Váyanse tranquilos a dormir. Han hecho un gran trabajo. Los Ángeles es el invitado de honor al 2009, convirtiéndose en la primer ciudad en ser invitada a la feria librera. Ellos tienen ahora toda la chamba encima, y, espero, todas las ganas de demostrarnos que no sólo son la ciudad del hot dog y la industria editorial, sino un gran contenedor de propuestas literarias y culturales en general, tan magníficas, diversas e incluyentes, que nos dejarán pasmados.
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Gracias una vez más. No me cansaré de decirlo: es porque la visitan, la frecuentan, compran en ella y la estiman como yo, que seguimos teniendo a la FIL que merecemos, para hacernos valedero el resto del año que sin ella vivimos. El año fiscal de mi corazón, de hecho, acaba hoy. Mañana, con nueva chequera bajo el brazo, iré por el mundo renovado en espíritu, libre, seguro, con esa felicidad fraterna y dadivosa que sólo los libros me pueden otorgar a manos llenas.
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¡Qué bonita Feria hicimos! Nos la merecemos, y hasta mejor.
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Arrivederci, Italia. Hello, Los Ángeles.
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¡Salud!
Esteee cuentoooo se acabóóóó.
PD: ¿Ya vieron? Estamos a 3 entradas de llegar a las 250. Ya cerramos FIL, pero apenas terminemos de barrer y colocar los cuadros en su lugar, abriremos de nuevo para que sigan las celebraciones. ¡Venga!

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