miércoles, 3 de diciembre de 2008

Una corta Feria 5.

Quinto día de Feria. Hagan sus apuestas. Yo soy de los que piensan que va a ganar la organización, las buenas maneras y la diplomacia efectiva. Hay otro bando, sí, más pesimista, integrado por quienes creen que eventitos como los de hoy, que al ratito les contaré, van a ser los que imperen en la Feria, y no nos dejen llevar la fiesta en paz. ¿Quién da más?, ¿quién da más?
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Hoy fue Diego Luna. Uno -osea, yo- voy entrando a la sala de prensa bien campante, dispuesto a piñarme un agua embotellada de las que dan de cortesía, cuando me encuentro con que la sala no sólo está llena, sino que hay un trío de guaruras malacaras obstruyendo la entrada. Como buen reportero, seguí mi oficio y pregunté: "No puede pasar, señor, hasta que el señor Diego Luna salga". ¡Sonamos! ¿Creerá Diego que voy a suplicarle me conteste preguntas picantes sobre su relación con Camila Sodi, su homosexualidad evidente y practicante con su "amigo" Gael, o su obvia ganancia de peso en los últimos meses, que coinciden, mire usted, con los que tiene de haber ingresado a la paternidad?
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¿Creerá que soy escoria de Ventaneando, y que no voy a dejarlo ir hasta que no me dé nota, o sus guaruras me apaleen, y yo aparezca todo golpeado a cuadro y diga cómo me trataron de mal los desconsiderados, a mí, víctima, pobre víctima, que lo único que hacía en ese lugar y a esa hora era cubrir mi trabajo? Seguro lo cree, pero a mí el hecho de que artistitas de poca capacidad histriónica -no me salgan con que lo de Y tu mamá también le costó trabajo-, poco pensamiento evidenciado y poquísimo carisma, que artistitas como éste, decía, nos apaguen la Feria, me tiene echando chile por el libro. Ya ni Ponchito, o su álter ego, Andrés Bustamante, que tienen tanto qué dar a la gente y por qué ser perseguidos por la prensa, nos arma semejante alharaca.
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La otra es Niurka. No, ella no puso guaruras a velar por su seguridad, pero eso segurito fue porque no se presentó en la sala de prensa, y a duras penas sé si se presentó en algún lugar de la Feria. El punto es que sí está presentando un libro en nuestra amildonada FIL, y se ha negado a conceder entrevistas -fiuu, de la que me salvé-. Espero que no arme uno de esos escándalos que tanto dinero le dan -si no le dan dinero, entonces no entiendo qué está haciendo de escandalosa-, arruinando así el buen prestigio y la inmaculada imagen de nuestra Feria.
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Hoy, mi FIL estuvo llena de abrazos, amistad y consideración fraternal. Primero fue la visita de La Zucaritas, mi estimada del alma, la que me permitió vivir un día de mucha actividad como caminando por las nubes. Platicamos, leímos, paseamos, entrevistamos, comimos, y al final, cuando yo ya la acompañaba a su salida oficial del recinto ferial, me regaló el último material discográfico de La Oreja de Van Gogh, cosa que, independientemente de que esté autografiado, agradezco por la pura molestia que se ha tomado en considerarme y quererme a brazos llenos.
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La otra visita fue un abrazo tan estrecho, que todavía sigo pensando si lo viví o lo soñé. La Pinamar, que se pinta sola para andar en FIL, quien alguna vez fue mi maestra y que hoy, porque de otra forma sería helar la relación, me llama "coleguita", visitó la Feria y la visitó conmigo. Paseamos, reímos, lloramos, nos abrazamos, y hasta me sorprendió con sus dotes de entrevistadora lanzada y punzante, al puro estilo de corresponsal de La Oreja o Con Todo.
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Estando justamente con ella en una de las de hoy -entrevistas-, en este caso con Pino Cacucci, La Pinamar se le lanzó a la yugular al italiano-amante-mexicano, y le hizo ver, interrumpiendo mi entrevista, que ella detestaba la visión que había evidenciado Cacucci en cuanto a la existencia de mujeres heroínas en México. No se asusten, no acabó mal el encuentro: Cacucci reconoció su error y, en uno de esos arrebatos de suerte que La Pinamar, por más que lo niegue, suele tener, terminaron abrazados al descubrir que eran Pina y Pino -él se llama Josepe, ella, Josefina-, y que compartían el gusto estrafalario de mandar más mails que besos diarios.
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Fue un buen día en la Feria. El de mañana, con menos trabajo, se presenta como una excelente oportunidad para ir a uno de esos dos stands -les paso el dato: uno está en el área internacional y el otro entre los stands de libros universitarios- que tienen un tiradero -literalmente hablando- de libros, en los cuales te puedes zambullir, y si encuentras algo de tu agrado, te lo venden a 30 pesos, o 3 por 60. Sé que bajo esa montaña de libros de consejos de cocina, se encuentran autores renombrados que vale la pena estrechar entre ese mar de sueños.
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Ya vénganse. Estamos en mitad de Feria, y el ánimo aaaarrrrrrde. Desperdiciar esta oportunidad de entrarle al libro y su lectura, es de bobos, de iletrados, de Diegos Lunas y Niurkas Marcos. Híjole, es más: Niurka el que no venga.
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¡Salud!
La Feria, la Feria, ¡ay, qué boniiiiiita!

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