lunes, 15 de diciembre de 2008

Re-gresar.

We're just two lost souls swimming in a fish ball, year after year. Running over the same old ground, what have we found? The same old fears. Wish you were here.
Wish you were here. Pink Floyd.
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Hay tres cosas en mi vida a las cuales no puedo evitar regresar. Pasan los años, cambian mis modos, mis preguntas, mis resoluciones, hasta las palabras de mi vocabulario se alteran, se modifican, evitan la anterioridad y se modernizan. Cambia todo. Nunca, decía un filósofo griego cuyo nombre mis informantes no me han proporcionado, nunca se baña uno dos veces en el mismo río. La Naturaleza es un constante fluir. La vida, la sangre, los movimientos de los astros, fluyen y fluyen y vuelven a fluir. Pero en medio de tanta novedad, hay tres cosas en mi vida a las cuales no puedo evitar regresar: mis discos compactos, mis libros y mis amigos.
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Las tres cosas, ahora que las veo todas juntas, son muy parecidas. Las tres me han dado afecto y comprensión en punto estratégicos de mi vida, a las tres considero no haberlas escogido yo, sino ellas a mí, y las tres están ahí, siempre dispuestas, cada vez que las necesito.
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Hoy comprobé, sin embargo, y con un trago muy amargo, que mis libros pueden irse y no volver, por más que los abrace, y sin siquiera despedirse. El problema radica en que, como me pasa también con mis amigos y mi música, soy dado a creerlos míos, cuando no siempre me pertenecen. Son de otros, del mundo, de un Universo que justifica su existencia en su lectura, que, como yo, tampoco puede vivir sin tenerlos al lado, mano a mano, lomo a lomo, juntitos y sin chistar.
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Mi música sí sigue ahí, pero me recibe diferente cada vez que la visito. Las canciones nos hablan de nuestro pasado, pero nos lo platican distinto cada vez que las procuramos, esperando ver en ellas lo que éramos, lo que fuimos al escucharlas, y, por consiguiente, lo que somos ahora cuando ellas ya sólo son memoria. Las canciones de mi vida, el "track list" de mi existencia, me recibe, sí, cada que regreso a él con los brazos abiertos, pero me platica cosas tan distintas cada vez que vuelvo que comienzo a dudar de su fidelidad amistosa.
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Pero mis amigos de carne y hueso son la más grata sorpresa que me ha dado la vida. Para empezar, me consta, no los he escogido yo: todos, sin excepción alguna, han venido a iluminar mis pasos hasta en los senderos más oscuros, ya con una mirada de complicidad, con un gesto de aprovación, con una palmada en el hombro, con un segundo de escucha o un minuto de consejo. Me hablan y les hablo, y aunque la vida me separa a ratos de sus francos brazos, nunca pierdo la esperanza de rebobinar el cassete y encontrarlos de nuevo, tan radiantes, tan frescos, tan dispuestos a darse en la amistad que nos une.
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Toda esta melcocha del "eterno regreso a mi manera" viene a colación porque hoy tuve uno de esos retornos con dos grandísimas compañeras de vida. La Jirafa y La Wera, mujeres de curvilíneas figuras y graciosas sonrisas, me propusieron hace ya una semana salir hoy al cine, y a pesar de que temo gastar en estas fiestas -¿más?-, no pude negarme y acepté sin chistar.
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¿El resultado? Una cuña bien colocada en la puerta caída de un día que se precipitaba a lo baboso hacia la derrota absoluta. Un cúmulo de aire fresco rozando mi cara, haciéndola sentir viva. Un par de horas de risas sin parar, de pasados rememorados, de cartas puestas sobre la mesa, de negociaciones satisfactorias, lúcidas, lúdicas, entrañables.
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La Jirafa falló en algún momento conmigo, me dio la espalda y se arrepintió tanto que todavía sigue creyendo que me debe una. Yo no la desmiento, pero tampoco le acepto la deuda: en algún momento, estoy seguro, le he pagado con plata de reventa, y eso ha equilibrado la balanza, aunque la amistad ha cambiado, y con ella la relación entre ambos, y nos ha hecho más concientes de quiénes somos, qué necesitamos, qué queremos, qué podemos dar el uno al otro. Nos ha hecho más hermanos, lo que no necesariamente significa "más queridos".
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Con La Wera la situación es otra: en mis malos ratos me ha mandado mails enternecedores, ha dado la cara por las veces que en sus malos ratos he respondido yo. Por eso cada vez que nos vemos, nos miramos a los ojos con el semblante mismo de un par de buenos negociantes, de buenos vendedores, de buenos amantes. La Wera vuelve a mí muy a lo largo, pero eso no quita que cada vez que podemos nos recordamos que estamos el uno para el otro, en las buenas y las malas, así Giovannita pronostique un terremoto -'nche vieja-, o Mujer Hoy decida quitarme los libros que conseguí en FIL y que representan para mí tanto trabajo, tanto esfuerzo, tanta madre.
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Hoy he tenido un buen regreso a las tres cosas que sostienen mis revueltas. Las tres, me han dado con buenos semblantes la bienvenida. Los libros que ahora mismo preparo para entregar a manos ajenas, que, siendo muy sincero, siento que no los merecen, me han dicho "ánimo, ya tendrás dinero para tenernos de vuelta en tu corazón". La música, mi música, me ha recordado cuánto puede cambiar un individuo simple y humano de un minuto a otro, y cuánto vale la pena regresar al pasado para descubrir los aciertos y errores que hemos permitido nos cambien. Los amigos, mis amigos, me han recordado que soy humano, y que tenerlos conmigo, también humanos, es un buen bálsamo para el cansancio en los pies, un buen aliento para el alma debilitada, y un buen brazo para el caminar trajinado. Son todo, son todos.
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¡Salud!

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