martes, 30 de diciembre de 2008

A propósito.

Oh-mein-holy-god! El susto que me acabo de pegar. Revisando la entrada del 1° de enero de este año, en que intenté -¿notan cómo yo siempre ando intentando todo?- hacer una lista de propósitos para el 2008 pero a manera futurista, como si el 2008 ya hubiera pasado y yo ya hubiera alcanzado todo lo propuesto, me acabo de dar cuenta que mis propósitos no sólo se cumplieron, sino, tétrica y desaforadamente, rebasaron mis expectativas. El experimento, ya lo sabrán, me trae espantado. Ahora 'o verán.
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Me propuse entrevistar como loco y hacer artículos más profundos, o, en su defecto, más cortos. Listo, hecho, done. Si revisan los ejemplares de Mujer Hoy que hasta la fecha rondan por ahí -es que es hora que no sé a ciencia cierta a dónde va a parar todo lo que escribo y se publica-, se darán cuenta de que entrevisté hasta cansarme, y un poco más, y todavía tuve tiempo para armar artículos especiales, de esos que salen en media hora cuando la melodiosa voz de La Pau suena en mi teléfono y me indica, tan ecuánime y amorosa cual es: "Pinche Agus, estarás güey, hiciste un artículo menos la edición pasada. Pues ahora vas a tener que chutarte uno sobre los tamales radioactivos del mercado Corona, o sobre la viejita que atropelló el metro y ahora exige una indemnización por las tres piernas que perdió".
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Hice, si las cifras no me fallan, un promedio de dos entrevistas por mes, y sumando las de la FIL, hasta una por semana. ¡Qué trabajal! Estoy a punto de pedir el Pullitzer honorario a la joda más fuerte y prolongada. ¿Me lo ganaré? Conocí, eso sí, a muchos grandes y unos tantos pequeños, y completé, lo que no era mi propósito en la entrada de hace ya casi un año pero sí lo tenía bien propuesto en mi cabeza, a representantes de todos los géneros artísticos frente a mi micrófono: escritores, pintores, escultores, bailarines, actores, retóricos, cineastas, chefs -¿quién dijo que la gastronomía no es un arte?- y hasta músicos, desfilaron mes con mes frente a mis ojos, mis oídos y mis preguntas. Bien por ellos. Bien por mí.
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También dije que en el 2008 habría tenido muchos sueños y pesadillas. Evité rotundamente la posibilidad de que esos sueños y pesadillas traspasaran mis etapas freudianas oníricas y formaran mi realidad, pero de nada me sirvió: este año coseché grandes sueños, avances y metas cumplidas que me hicieron sentir seguro y feliz, pero también, porque en la vida hay que guardar equilibrio, tuve días de pesadumbre, desasosiego e insomnio. En el balance general, este 2008 no debería repetirse, pero de que se cumplió lo que pronostiqué para mí, ni duda me queda.
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En la cara bonita hubo viajes, nuevos conocidos y sensaciones de ensueño, muchas de las cuales todavía me tienen pensándomelas. En la cara fea -guiuuug-, hubo enfermedades, traspiés, derrotas -propias y ajenas- y leves caídas. Al final, creo yo, lo importante es que estoy aquí sentado, con todo y compu nueva -Roja es otro de los buenos avances de este 2008, aunque La Wendy insista en que soy el primer sujeto del que ella sabe que haya bautizado a su computadora-, escribiendo cosas que muchos leerán, y algunos otros evitarán -sabias decisiones ambas, según sea el caso-.
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Finalmente, supuse que para el final del 2008 habría yo reconquistado a amigos del pasado y conquistado a conocidos del presente. No pude tener predicciones más llenas de razón: muchas personas que ya se habían desaparecido de mi vida largo tiempo atrás, y otras que hacía apenas unos meses me habían dicho adiós con nula esperanza de retorno, regresaron y volvieron a iluminar mis días, recordándome que lo maravilloso de la amistad, de las relaciones humanas en general, es que están destinadas a un eterno retorno, mágico y didáctico, casi como el de Cien años de soledad, o el de Rayuela -si no las han leído, póngalas en sus propósitos para este 2009-.
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Imaginarán -y si no... ¡imagínense!-, que por estas simples tres razones no voy a hacer propósitos para el 2009. No, por lo menos, hasta que se me baje el espanto. De tan empachado que me dejó el susto voy a tener que sobarme la panza con alcohol, o pedirle a alguien me cachetee salvajemente -esta segunda opción suena mejor, no sé qué opinen sus católicas y moralistas conciencias-. Así que ya dije: para el 2009, y hasta el cansancio, sólo espero tener mucha dicha, progreso y amistad rodéandome. Lo que venga con esas tres cosas, o me lleve a ellas, como diría Doña Naborita, el célebre personaje de Los Polivoces, no me gusta, no me gusta, no me gusta.
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¡Salud! y buen año 2009.

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Que no se te olvide, no eres trabajador, eres gandalla.
No hagas propósitos, ponte metas, jajajaja. Bull-shit, has lo setinche y verás como serás feliz.