martes, 16 de diciembre de 2008

La chancla que yo tiro.

La imagen es apetecible a primer vistazo: un muy aletargado -¡qué raro!- George W. Bush está parado -o algo así- en medio de un estrado de madera pronunciando un inaudible discurso -es que no importa realmente qué dice-, seguramente sobre la importancia de los Estados Unidos en el reestablecimiento del orden en las fuerzas públicas de la nación iraquí, cuando un periodista, iraquí también, se levanta, se quita uno de sus largos zapatos, lanza alguna consigna inentendible al aire y luego hace volar el luengo zapato hacia la cabeza del actual presidente de los Estados Unidos de América.
.
Tristemente -digo tristemente porque la escena de pastelazo no se pudo completar- Bush rehuyó hábilmente -es raro en él la habilidad... de cualquier tipo- el zapatazo, y sólo atinó a decir, riendo "I just can say it is 10th", oséase, según los Babel Fish de mis informantes, "Sólo puedo decir que es talla 10".
.
Pero no paró ahí la cosa, no sólo porque el periodista se quitó el otro zapato y también lo aventó -y no, tampoco el segundo intento le pegó en lo más mínimo al presidente estadounidense-, sino porque la opinión pública, que diario anda buscando tela de dónde cortar, levantó inmediatamente la voz y se puso en posición de ejecutar una ardua labor informativa y crítica, ya para vituperar la acción del periodista, de nombre insospechado e impronunciable, ya para avalar la ocurrencia con fuerza, enjundia y ceguera política.
.
Sí, ceguera política. El acto del periodista iraquí, por más obvio, risible o aplaudible que nos parezca, es un atentado al derecho de libre expresión del cual también goza el presidente norteamericano. Tirar a alguien un zapatazo, así haya cometido estupideces, amenazado a muchas naciones u obstaculizado el progreso de la suya propia, todo en lo que ese "alguien" representa, es una manera troglodita, falta de raciocinio y hasta animal de manifestar una desaprovación para la cual las palabras, por más lejanos que los idiomas sean entre sí, siempre tienen lugar y sustento.
.
Pero, claro está, por más detestable que sea la reacción del iraquí, no deja de sorprender no sólo la valentía con que ha actuado, a sabiendas que el hombre al cual "bombardeó" es el hombre más resguardado sobre la faz de la Tierra, y, por ende, el ser cuya agresión podría ser más cruentamente castigada -digamos que, en términos coloquiales, el iraquí atentó contra la última Coca en el desierto-.
.
También sorprende que las voces del mundo dicen "qué bueno", y todo Iraq festeja el golpe -o el intento-. La opinión pública se vuelca en su mayoría sobre un mismo juicio de razón: Bush se merece un zapatazo. Yo concuerdo únicamente en el sentido de que un zapatazo indica rechazo -troglodita, ya dije, decididamente expresable mejor de otras maneras, pero rechazo al fin y al cabo-, y el señor George W. Bush ha demostrado ya en múltiples ocasiones no merecer el gobierno del país que ostenta, ni representar a un pueblo que, si algo tiene demostrado, es que sabe salir adelante con inteligencia, gallardía y prontitud.
.
Por eso Bush merece rechazo, porque está en un puesto que no le va, creando conflictos al interior de su propia nación por decisiones no acertadas -claro que no actúa solo, pero da la cara y la decisión final, al menos en materia ejecutiva, es suya-, trayendo crisis por las ídems, manifestando en todo momento su estupidez, ineptitud e impostación.
.
No dejo de lado el hecho de que todo este despapaye se arma "porque es Bush". A mí no me parece una buena razón. Creo que ese zapatazo, de merecerse como signo de rechazo y de injuria, debe dárselo a don George uno de sus compatriotas, o, como en este caso, el habitante de un país que ha sido invadido, por buenas razones o no, pero invadido, por las tropas de las cuales es jefe supremo George, y de las cuales pretendía, en dicha visita al país asiático, anunciar su retiro. Ese zapatazo, aquí la realidad, deberían dárselo a sus malos gobernantes los pueblos de todo el mundo.
.
Yo, que siempre estoy atento a la paz y la concordia, me manifiesto a favor de zapatazos, pero de zapatazos que no sean bestiales o trogloditas, sino que hablen bien de su lanzador. ¿Qué tal un zapatazo que consista en un levantamiento de firmas para pedir algo a cierta autoridad, o renegar de ella? ¿Qué tal un zapatazo que consista en un paro de labores en todos los sectores profesionales para exigir gobernantes con sueldos más realistas, más acorde a los tiempos económicos del país? ¿Qué tal un zapatazo que consista en buscar todos, de la mano, educar a jóvenes y niños con férreos valores y hábiles en la toma de decisiones, para que ningún oligárquico o egomaníaco los venga a sonsacar? Esos sí serían duros golpes, fuertes zapatazos a la historia de nuestros regímenes injustos, y no reacciones de niños kindergardeanos maleducados
.
Del zapatazo iraquí a Bush ya hay hasta juegos en internet. Al periodista iraquí protagonista de todo el borlote nadie lo encuentra -y, seguro, como dijo don Teofilito, ni lo encontrarán-. Don Bush ya va de salida, como sus tropas, y nosotros seguimos expectantes, sufrientes, en un país de impunidad, inseguridad e injusticia, mientras aplaudimos el repudio que a otros impunes, inseguros e injustos se les manifiesta en otras latitudes. Ya ni la muelan. Aprendamos del zapatazo, y aprendamos a darlos bien.
.
¡Salud!

No hay comentarios: