domingo, 30 de noviembre de 2008

Una corta Feria 2.

Ahora sí, a lo que nos truje, Chencha. Éste es, oficialmente, el segundo día de actividades en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en su edición -?- 2008. La cosa, de principio, va bien, va bien, y va a estar mejoooor. Tengo dos entrevistas hoy, una con Marina David Buzali, una escritora española que ha revolucionado la forma de hacer libros de autoayuda, generando buenas conciencias y mejores autoestimas. La otra, con Antonio Garci, pretende girar en torno a su más reciente material, Por qué las mujeres aman a los pendejos -así, sin signos de interrogación- que, según lo he revisado ya amplia y detalladamente, pinta para bueno.
.
La entrevista con que abrí el día fue con Eduardo Antonio Parra, uno de los seleccionados por el sello Grijalbo para editar novelas históricas, respaldadas por abundantes investigaciones y sistematizados procesos organizacionales, cuya temática sea la humanización de distintos personajes históricos del México de todas las épocas.
.
En el caso de Parra, su personaje, Benito Juárez, inspiró la novela Juarez. El rostro de piedra, que también pinta bien. No es que yo ande positivo, o en negación, pero me es evidente que Parra ha construido su narración intentando jugar a destajo y sin consideraciones con la imagen del famoso -e iconográfico- presidente mexicano del siglo antepasado, todo esto fundamentando en los datos obtenidos por más de muchos -?- años de investigación precisa y formal.
.
Eduardo Antonio me comentaba que, en su visión, estudiar la historia de Juárez, cosa que obviamente no es estudiarlo a él solo, sino a la nación mexicana, sus procesos, sus otros personajes, su cultura y su folklore, es estudiar también al mexicano en su conjunto, en todas las épocas, en todos los lugares y situaciones en que puede -y debe- estar. Juárez es, pues, en la visión de Parra, más que un personaje representativo de cierto periodo histórico: el ícono de algunos de los grandes males y bienes que el mexicano posee en su interior, que lo hacen ser, precisamente, mexicanísimo.
.
Como ven, vale la pena que se den una vuelta. Yo no me cansaré de invitarlos a la FIL hasta que no los vea a todos por aquí, rondando en los pasillos, reclamando descuentos en los stands, persiguiendo firmas de autores, gritando consignas contra algún revendedor, o lo que se les ofrezca. No sean así: es un evento preparado para recibir a todos, sin importar edad, sexo, condición o religión -ya suena a declaración de los derechos humanos-. Desperdiciar oportunidades como ésta, que es la FIL, de acercarse a la comprensión y el amor absoluto que brindan los libros, es ser terco, obstinado, mojigato e imposible. ¿Quién se apunta a ponerse semejantes sacos? Ya, no sean, vengan.
.
¡Salud!
Dos, dos, dos días, y esta fiesta sigue, sigue, sigue. Ya, arránquense. No dura tanto como pensamos.

1 comentario:

MffN MaN dijo...

Agus, tu blog no me da chance de seguirlo.
Cómo ahí qué?