sábado, 29 de noviembre de 2008

Una corta Feria 1.

Yastuvo. En este mundo ensimismado, tan catatónico y promiscuo, no hay plazo que no se cumpla, ni tiempo que no se llegue. Por más que físicos suizos intenten detener la llegada de la primavera, o por más que el estudiante atolondrado de preparatoria se esfuerce por distraer la llegada del examen, tanto la primavera como la reprobada arriban a la vida con su traje de fiesta y flores, regaños y pérdida del año escolar. Por esa razón de lo ineludible del tiempo, nuestra Feria Internacional del Libro de Guadalajara -sí, es de todos, no le saquen- llegó hoy, en este 2008, a su feliz inicio.
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Esto que su bloggero predilecto y altamente masculino les escribe, se teclea desde la Sala de Prensa -un pomposo nombre para decir "salón con computadoras, mucho reportero alardeador y gente estresada copiando, pegando y redactando"- de la FIL. Son computadoras Mac, las que ha preparado el equipo de la FIL para todos los reporteros -alguien en el periódico en que trabajo supone que yo soy uno- que hemos venido a la Feria a avisarle al mundo lo bien que está. Aclaro lo de las Mac no crean que para ganarle espacio a la hoja en blanco -bueno, también-, sino más bien para decirles que, hasta que no me anime a traer a Roja a pasear por estos lares, pasillos y estanterías, no podré editar la entrada, así que la leerán ustedes en el aburrido Arial Narrow, tipografía de lo más rascuache y simplista que hay en el mundo editorial.
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Pero la Feria no pinta rascuache. Antonio Lobo Antunes recibió hace sólo un par de horas el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, y enunció un discurso que ya quisieran los ganadores del Nobel, o el Óscar, o cualquier otro premio chingüengüenchón. El discuso se tiñó de un aire denso cuando el portugués, nacido en 1942, recordó sus años como psiquiatra, tras la guerra en Angola, en la cual participó. Todo el público, callado y atento, se chutó el poderoso -y ligero, lo cual se agradece- discurso de Lobo Antunes con aire pomposo y resignado. Lo luctuoso, entonces, cedió paso a la fiesta, esa fiesta que es esta Feria del Libro tan nuestra, y todos nos fuimos a bailar por los pasillos, entrevistar en los stands, y besar, abrazar y acariciar, a la Literatura, en este encuentro anual que hoy ya está teniendo con nosotros, los que la amamos, o, mejor aún, los que la leemos.
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Les podría pasar otros muchos chismes curiosos. No, "podría" es pospretérito, y no acción a caudal: les pasaré algunos chismes curiosos, para que tengan datos de la Feria que no leerán en los periódicos: a la secretaria de educación, Josefina Vázquez Mota, le gritaron "¡Burra!" cuando se le presentó como miembro del presidium en el evento inaugural; el secretario de gobierno de Italia, de cuyo nombre no quiero acordarme, llegó media hora tarde a la ceremonia de inauguración, y se fue media hora antes de que acabara, argumentando problemas con su vuelo; el director de la Biblioteca de Nueva York, de cuyo nombre me molesta acordarme, enunció su discurso en inglés, lo que provocó terribles comentarios en su contra entre el público aplaudidor; el público aplaudidor abucheó, en mi forma de verlo, merecidamente, a Emilio "La Monja" González Márquez, nuestro intento de gobernador, y a Juan Sánchez Aldana, figurín de Botero, presidente municipal de Zapopan. Ya, con esos, tampoco se atasquen de chisme.
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Esta FIL pinta minimalista. Yo, por si las dudas, ya me fui a Scapinno a surtirme de trajes y corbatas llenos de aristas y tonos azulosos. Dense una vuelta -por la FIL, no por Scapinno-. Lo que yo les pueda decir, no se compara ni mínimamente con la experiencia que es vivirlo. Es la fiesta de los libros, está en Guadalajara, y ya arrancó.
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¡Salud!
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Faltan 0 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008. Arrraaaancaaaaan

1 comentario:

Gala dijo...

Creo que desde la segunda vez que pensé en presentar el extraordinario de balances de materia y energía. –casi no estoy diciendo estas cosas- No me sentía tan fuera de lugar como en estos momentos, o quizá me estoy volviendo una cursi. Y me da miedo porque si yo a estas alturas me pongo cursi e irreparablemente estúpida terminaré haciendo cosas ridículas cómo tatuarme el nombre de mi novio en medio de un corazón desangrándose. Ja!!! Creo que hay cosas peores!!!

Pero así es, un fin de año sin FIL no sé a que sabrá; pero no pude hacer mucho esta vez por ir a la feria, aunque siempre hay decisiones de último momento y yo que soy un ser al extremo impulsivo aun tengo un hilo de esperanza.

Vi tu comentario y me pregunte ¿qué hago aquí? El problema radica, esencialmente, en que tengo dos o tres semanas preguntándomelo, creo que es normal cuando estas a punto de cumplir veinticinco y comienzas a ver que la gente se casa, tiene hijos y parece ser que le queda muy claro que tiene que hacer en la vida. Yo que me apego de manera soñadora a irme a otro continente a trabajar de lo que se pueda y estudiar. Es cuando caigo en la cuenta de que lo que hago aquí es procurarme esa comodidad. Ahorrar, ahorrar y pagar las pocas o muchas deudas que se pueden tener y seguir ahorrando y sé que en el tiempo que estaré aquí, sí así es, porque mi proyecto de vida en tierras regiomontanas tiene un “deadline”. Cuando tenga los ahorros y la libertad para irme, no sé si lo haré. Porque seguramente lo cursi es directamente proporcional a las patas de gallo y querré estar allá con ustedes. Me aterra pensarlo pero hay algo que se me va clavando en el estómago como gato que me hace sentir así, nostálgica y JOOOO!!! Qué no quería sentirme así tan pronto!

Pero vuelvo al punto, tal vez la FIL para mí ha sido algo así como Tiffany’s era para la protagonista de “Breakfast at Tiffany’s” un lugar dónde lo único malo que puede pasar son los precios que no se pueden cumplir, fuera de eso, todo es felicidad.

¿podremos encontrar lugares tan acogedores como nuestra amada FIL?

Disfrútala Agus, -sé que lo harás- disfrútala por Alejandro y por mí, que hasta el momento, parece ser, este año no será.